Según Alan Finkel, los recursos tecnológicos cumplirán un rol clave en la nueva revolución verde australiana

El neurocientífico planteó que todos debemos ser parte del cambio y realizar acciones concretas es pos de un futuro libre de emisiones

Según Alan Finkel, los recursos tecnológicos cumplirán un rol clave en la nueva revolución verde australiana

El neurocientífico, ingeniero y filántropo australiano, Alan Finkel, asegura que al igual que muchas personas, sueña con que las generaciones por venir crezcan en un planeta tan magnífico como el que existía cuando él era joven. Para alcanzar esta meta, plantea que es necesario preservar la belleza única de la Tierra frente al calentamiento global, cumpliendo -de a poco- ciertos objetivos con ambición y realismo. En sus palabras, no hay tiempo para el fatalismo o la desesperación.

“Lograr emisiones netas cero será difícil, pero no imposible. No podemos simplemente eliminar el uso de combustibles fósiles de un día para el otro, porque la civilización necesita energía. En cambio, tenemos que aprovechar la ciencia y la tecnología para desarrollar alternativas superadoras que solucionen los problemas que causan los operadores tradicionales de la actualidad. La acción requerirá de un plan adaptativo basado en diferentes herramientas tecnológicas, a fin de mantener nuestra calidad de vida y cosechar los beneficios de la transición”, sostiene.

El modelo implicará un compromiso global masivo con la energía eólica, solar e hidráulica, diseñado en función de líneas de transmisión y almacenamiento, generación distribuida y cargas variables. Habrá que modificar las formas con las que se cultivan y procesan los alimentos, además de los sistemas edilicios, de calefacción, refrigeración y transporte. Aparte, serán necesarios distintos procesos para sortear las emisiones más difíciles de reducir que seguirán permaneciendo a pesar de todos estos esfuerzos.

“Se requerirá de un encuentro de mentes, en miras a que la población pueda utilizar las herramientas beneficiosas para el medioambiente que aceleren la transformación. Para la mayoría de nosotros, la motivación de optar por energías limpias implica mitigar el cambio climático. Sin embargo, volcarse hacia una economía de emisiones netas cero produce otras ventajas: nos librará de nuestra dependencia de un recurso infinito -los combustibles fósiles-, garantizando aire de mejor calidad, recursos más baratos y una transformación sostenible a nivel global”, subraya Finkel.

Según Alan Finkel, los recursos tecnológicos cumplirán un rol clave en la nueva revolución verde australiana

De esta manera, incluso quienes no estén convencidos de la amenaza real que representa el cambio climático, deben entusiasmarse con las transformaciones que están en marcha, ya que en última instancia contribuirán a la prosperidad del mundo y conducirán a nuevas exportaciones, dentro de un sistema mucho más saludable.

Actualmente, nos encontramos frente a las primeras etapas de la revolución energética. La industrial del siglo XVIII, comenzó con el uso de carbón para generar vapor para la locomoción. No obstante, el material no reemplazó por completo el empleo de madera, estiércol seco y biomasas para calefaccionar. En cambio, expandió de forma masiva la utilización de energía.

Luego, el aceite desplazó al carbón en la locomoción de trenes y barcos, aunque no en la producción de vapor y electricidad. Después, llegó el gas natural que reemplazó el urbano y el petróleo para brindar calor, si bien no se usó en transporte y generación de energía eléctrica. “Desde el comienzo de la era industrial, estos combustibles fósiles se sumaron a nuestro empleo total de bienes en vez de tomar el lugar del anterior”, destaca el asesor de Bajas Emisiones del Gobierno australiano.

Según él, la revolución energética que está en marcha es diferente, ya que la electricidad de la energía predominantemente renovable tenderá a reemplazar por completo al carbón, el petróleo y el gas natural. Si bien es posible que estas últimas dos fuentes sigan siendo materias primas químicas utilizadas en determinadas manufacturas, su uso como combustible se volverá cuasi nulo.

Según Alan Finkel, los recursos tecnológicos cumplirán un rol clave en la nueva revolución verde australiana

En su ensayo trimestral “Llegando a Cero”, Finkel traza un camino hacia un futuro de energía limpia para Australia, delimitando una serie de tareas cruciales que él mismo comenzó a incursionar previo a iniciar su mandato de cinco años como jefe científico del país (2016-2020). Allí, abordó algunas cuestiones controvertidas y difíciles, como el papel del gas natural en las décadas por venir, compartiendo ciertos momentos personales confusos en cuanto al último debate sobre el clima en Oceanía.

“Mi tesis general es que así como la tecnología del siglo XIX nos ha llevado a un momento urgente en la historia de nuestro planeta, la actual iluminará el camino a seguir. Las prácticas de la civilización se cambian fijando planes que reconozcan la escala, la dificultad y la incertidumbre. Deben ser ambiciosos, aunque no ingenuos, reconociendo lo difícil que será lograr la descarbonización, manteniendo los costos para el consumidor lo más bajos posible, garantizando que el servicio siga siendo confiable”, remarca.

A lo largo del ensayo, discute firmemente lo que denomina “El planeta eléctrico”, recomendando:

1) Reemplazar toda la generación de electricidad existente con fuentes cero emisiones.

2) Generar más electricidad sin emisiones, para usarla como energía estacionaria y de transporte.

3) Crear más electricidad para usar en la producción de hidrógeno en aquellos casos donde no se recomienda el empleo de electrones y se requieren combustibles moleculares de alta intensidad.

4) En Australia, generar más electricidad para producir bienes que incorporen grandes cantidades de energía, como acero y aluminio cero emisiones.

“El cambio está en el aire. El impulso y el entusiasmo global por la energía solar y eólica como nuestras futuras fuentes primarias, respaldadas por grandes baterías, hidrógeno y otras tecnologías de almacenamiento, generación distribuida y cargas gestionadas en todos los sectores de nuestra economía -incluidos el transporte y la industria-, crece día a día. Siento que viviremos una revolución tan emocionante como la conquista del espacio en 1960”, augura el profesional.

Si Australia llegara a manejar bien el desafío, podría construir una economía que aproveche la transición. Para eso, es necesario dejar de lado el pasado y seguir generando nuevas oportunidades. Según Finkel, la escala de trabajo es enorme y llevará años apuntalarla; sin embargo, todos deben ser parte de la revolución y delinear cada paso del camino.

Según Alan Finkel, los recursos tecnológicos cumplirán un rol clave en la nueva revolución verde australiana



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