La Cumbre de Sistemas Alimentarios de la Organización de Naciones Unidas, que se realizará este año en Nueva York y tiene una serie de objetivos ambientales deseables, plantea tanto oportunidades como amenazas para los sistemas de producción sustentable que se vienen desarrollando en la Argentina y otros países de América. Para entender mejor lo que se juega, conocer la postura argentina y las posibilidades de negociación, el Congreso Maizar 2021 convocó a tres expertos involucrados en ella: el coordinador del Grupo de Países Productores del Sur (GPS), Marcelo Regúnaga; la embajadora representante permanente de la Argentina ante la ONU, María del Carmen Squeff; y el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Luis Basterra; en una conversación conducida por el presidente de Maizar, Alberto Morelli.
En nombre del Grupo de Países Productores del Sur (GPS, que reúne algunos thin tanks como el CARI y las principales cadenas de la Argentina, así como entidades similares de Brasil, Uruguay y Paraguay), Regúnaga se refirió al sesgo que observan los países del Mercosur y recientemente de América en esta Cumbre, que “plantea una estrategia de transformación de los sistemas alimentarios de los países para contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) para 2030, fue iniciada por el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y no tendrá un documento final negociado”. Para el GPS, lo que plantea el grupo que lidera este proceso es “un movimiento global que cambie las preferencias alimentarias y demande acciones de los gobiernos y empresarios, pero no mejorar la seguridad alimentaria”, destacó Regúnaga.

Para el especialista, “es una muy interesante oportunidad, pero se planteó con un sesgo de ONG europeas y proafricanas, sin tener en cuenta la visión ni la opinión de los sectores productivos y sociales del Mercosur; hay muy pocos representantes de América en el proceso de la Cumbre, y los contenidos preliminares no atienden de manera adecuada las necesidades de la seguridad alimentaria mundial ni los ODS de nuestra región”, subrayó.
¿Por qué no se atiende adecuadamente a la seguridad alimentaria mundial en la Cumbre? Porque prácticamente en todos los documentos está ausente el tema del comercio mundial sin barreras y bajo las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), dijo Regúnaga. “Si queremos transformar sistemas productivos altamente contaminantes tenemos que permitir que las regiones que producen de manera sustentable puedan ayudar a estos equilibrios. Se pone el foco en el cambio de las dietas de los países ricos, que no son accesibles a los pobres. Y no se reconoce el rol estratégico del Mercosur y América, que tienen sistemas alimentarios sostenibles y eficientes, en los equilibrios comerciales globales”, indicó.
El experto mostró que, en las proyecciones para la próxima década, hay 15% del consumo mundial de maíz, un 42% del de soja y un 24% del de harina de soja que surge del comercio, lo que muestra que es un tema fundamental para asegurar la seguridad alimentaria del mundo. Y el rol de América Latina en esto es crucial: “Nosotros ya somos los exportadores netos más importantes del planeta, y vamos a aumentar nuestra participación, de modo que no tener en cuenta nuestras opiniones y prioridades es un problema serio que, incluso, va contra la seguridad alimentaria mundial”.
Regúnaga observó que esta iniciativa surge de los países europeos, que tiene sistemas productivos que destruyen el suelo, con altos niveles de insumos y que utilizan muchísima energía fósil, mientras que “aquí hace 30 años que se vienen desarrollando sistemas de intensificación sustentable para recuperar la biología de los suelos, desde la siembra directa, las rotaciones, cultivos de cobertura o rotaciones agrícolas-ganaderas, control integrado de plagas con semillas resistentes basada en la biotecnología para lograr la reducción de los agroquímicos, agricultura de precisión para evitar el uso excesivo de insumos, y, más recientemente, desarrollos recientes de bioeconomía y economía circular con el uso de los residuos. Hace muchos años empezamos con las transformaciones”, subrayó.
Por otra parte, destacó que “lo más importante es que, a la vez que fuimos avanzando en sustentabilidad, fuimos aumentando los rendimientos: estamos en un esquema de intensificación sustentable, amigable con el ambiente y que alimenta la oferta para contribuir a la seguridad alimentaria mundial”. También citó un estudio que muestra que la emisión de carbono en relación con el producto agropecuario, en la Argentina, Uruguay y Paraguay, ha caído significativamente. “Hoy podemos mostrar sistemas amigables con el ambiente, y es un proceso de mejora continua”, aseguró.
Como conclusión, Regúnaga señaló: “Esta Cumbre es una oportunidad para posicionar a la región como una solución a la seguridad alimentaria global, pero para eso necesitamos participar activamente. Los países del Mercosur y América tendrán un papel fundamental en la seguridad alimentaria mundial con sistemas sostenibles, y el comercio es una parte sustancial que debe contemplar la Cumbre, tenemos que discutir cómo facilitar ese comercio. Lo que necesitamos no es consumir menos, sino aumentar la oferta, y hay que jerarquizar la cooperación en investigación y desarrollo destinada a aumentar la productividad de modo sostenible y con resiliencia”.
María del Carmen Squeff coincidió, remarcó que “es muy importante involucrarse en esta Cumbre”, y comentó que el secretario general, António Guterres, expresó la voluntad de convocar en octubre de 2019, y se prevé tenga lugar en la semana de alto nivel de la Asamblea General, en la que participan los presidentes y jefes de Estado de los Estados Miembros de la ONU. En julio se hará una precumbre en Roma, en la FAO, donde estarán la enviada especial del secretario general, Agnes Kalibata; el comité asesor (presidido por Amina Mohammed, la persona que le sigue al secretario general en la conducción de la ONU), integrado por 12 Estados Miembros (Argentina, Antigua y Barbuda, China, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, la Federación de Rusia, Fiji, Francia, Hungría, Italia, Liberia y Marruecos); agencias de ONU, como la FAO; el sector privado y la sociedad civil; un grupo científico y la UN Task Force. “La primera pregunta es por qué esto no se hace la FAO”, dijo Squeff.
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En cuanto a la Cumbre, la embajadora señaló que tiene tres grandes áreas: las Vías de Acción (Action Tracks); las Áreas de Acción, y los llamados Diálogos Nacionales. “Los cinco grupos de trabajo de las Vías de Acción están presididos por ONG: 1) garantizar el acceso a alimentos sanos y nutritivos para todos; 2) adoptar modalidades de consumo y producción sostenible, promoviendo la demanda de dietas saludables sostenibles y reduciendo desechos; 3) impulsar una producción agrícola basada en la naturaleza a escala suficiente, actuando sobre el cambio climático, reduciendo emisiones y aumentando la captura de carbono; 4) avanzar en sistemas de vida y distribución equitativos; y 5) construir resiliencia ante las vulnerabilidades, shocks y crisis”, detalló.
Squeff comentó que algunos países se anotaron para trabajar en las cinco Vías, mientras que otros no. “La Argentina se anotó en una, la Vía 2, para trabajar intensamente”, sostuvo. En cuanto a las Áreas de Acción, que son 15, comentó que la Argentina ha presentado tres propuestas de soluciones de cambio: ganadería sostenible; desarrollos locales de innovación y tecnología en materia de mejoramiento genético de especies para aumentar la resiliencia de los mismos, e impulsar la bioeconomía y la reducción de desperdicios en la producción agrícola. “Estamos trabajando de manera excelente entre Cancillería y el Ministerio de Agricultura, y con una apertura muy importante al sector privado”, aseveró. “En cuanto a los Diálogos, que es donde estamos ahora, se van a desarrollar diálogos nacionales, regionales, globales e individuales, y es muy importante participar para presentar y madurar las posiciones”, enfatizó.
Asimismo, dijo que lo que se espera de la Cumbre es que surja una Declaración de Acción del secretario general, que se cree tendrá dos páginas, no va a ser negociado, y solo se va a compartir con el comité asesor. Como anexo, se incluirían las Acciones/Compromisos que pueden asumir los Estados/Naciones.
La embajadora detalló también algunas preocupaciones clave. Por empezar, los documentos preparatorios de la Cumbre no son circulados de manera transparente y equitativa a todos los Estados Miembros. Además, incluyen conceptos que no tienen consenso multilateral, como que el consumo de carne es “nocivo”. Y los Estados Miembros parecen tener un rol subsidiario: cada Vía de Acción es conducida por una ONG. “Por más respeto que les tengamos, los roles son diferentes, no van a ser las ONG sino los Estados los que van a tener que implementar los Compromisos”, explicó.
“Hemos reiterado la importancia de que el documento de resultados de la Cumbre sea consensuado, y que no se creen nuevas estructuras, ya que hay una organización específica para estas cuestiones, la FAO. Lo que se está cuestionando acá es la forma de producción, en realidad esta Cumbre tendría que haber sido en Roma, no en Nueva York”, enfatizó.
Además, Squeff indicó que “llama la atención la ausencia del tema Comercio en los documentos, que es vital para los países productores”, y que “no hay un feedback fuerte de parte de la organización”. Hasta el momento, señaló, habría unos cien Estados que confirmaron la realización de los Diálogos. En cuanto al trabajo desarrollado por la misión argentina ante la ONU, contó que en enero organizaron un breafing con los países del GRULAC (de América Latina y el Caribe), para lograr concientización y mayor involucramiento, y esto “fue una apertura de ojos muy grande de muchos colegas. Tenemos una excelente relación con la misión de Brasil, que en febrero tuvo la iniciativa de presentar a Mohammed, Kalibata y al Comité asesor una nota para convocar una reunión abierta a toda la membresía”, que se llevó a cabo recién en abril. La nota “fue circulada en el comité de Agricultura de la OMC y en la FAO. Como consecuencia de todo esto, el tema Comercio fue propuesto en una de las Action Tracks, aunque con un párrafo un poco problemático porque habla de las export restrictions”. Además, se mantuvieron reuniones bilaterales, se preparó un joint statement, y se continuará el diálogo fluido con Brasil y otras delegaciones. “La misión está abierta a todo lo que necesiten”, ofreció.
“Nos viene preocupando esta visión eurocéntrica, sesgada por un grupo de ONG que tienen un rol, pero reportan a intereses particulares, mientras nosotros reportamos a intereses generales de la Nación y sectoriales”, dijo Luis Basterra, que coincidió con lo planteado por Regúnaga y Squeff.
“Venimos trabajando junto al Consejo Agropecuario del Sur (CAS), sumando países a través del IICA, para que en conjunto tomemos posiciones que reflejen la relevancia de los paíse de América en la seguridad alimentaria global, que provee al mundo de alimentos con un respeto cada vez mayor por la naturaleza. Somos vanguardia en producción sostenible, y es importante que pongamos en valor nuestro capital natural: somos los principales proveedores de alimentos del mundo, los principales tenedores de biodiversidad y los principales secuestradores de carbono del mundo: no estamos rifando el futuro”, indicó.
Para el ministro, “no está claro si vamos a alcanzar un acuerdo, porque acá hay una disputa de intereses entre el Norte, particularmente la visión eurocéntrica, y el resto de los países, en particular, América”, señaló. Y dijo que, además de en el CAS, la Argentina está trabajando dentro del G20 como parte del G5 (junto con Canadá, Estados Unidos, México y Brasil). “En todos los casos, pedimos que las críticas o restricciones tengan bases científicas, que no respondan a pararancelarias que puedan significar un desequilibrio entre la eficiencia en la producción y la retribución de nuestros productos”, aseveró.
Basterra aclaró que obviamente comparten los ODS que propone el debate mundial, “pero nuestra posición es consistente, no es abstracta. La seguridad alimentaria es central, tendría que ser este el título de la convocatoria. La pandemia deja a la luz la importancia de garantizar el alimento, no a cualquier precio. Ahora, ¿quién se hace cargo del pasivo ambiental que ha dejado el Norte en estos doscientos y pico de años de desarrollo? ¿En qué momento se va a discutir lo que le debe el desarrollo de los países del Norte a los países del Sur? ¿Cuánto del bienestar que han tenido es consecuencia de las emisiones que han generado a lo largo de la historia? ¿Cuánto significa eso en términos patrimoniales? ¿Quién se hace cargo de los servicios ecosistémicos que brinda nuestra biodiversidad? ¿Van a pedirnos que sostengamos nuestros sistemas a cambio de nada, a través de esas ONG que trabajan sistemáticamente en el cerebro de los ciudadanos?”.
Para el funcionario, es importante dar estos debates y hay que avanzar hacia sistemas de menor emisión, pero remarcó que el desarrollo tiene no uno sino tres pilares: el ambiental, pero también el social y el económico. “La Argentina produce de manera sostenible, nos sentimos orgullosos”, afirmó.
Para culminar, dijo que “la erradicación de la pobreza no se hace nada más discutiendo qué dieta desde una visión abstracta, sino desde un punto de vista objetivo, concreto”, y rescató que esta situación “nos está permitiendo articular al interior de nuestro país y con los demás países, y esto son buenas noticias para la producción agropecuaria”.
MAIZAR