En el marco del programa Juana Manso, una continuación del Conectar Igualdad, volvieron a producirse computadoras en el país luego de cuatro años. Para poner en marcha el proyecto, el Estado invirtió $20 mil millones en la compra de 633.000 equipos informáticos para estudiantes.
Las ocho compañías que obtuvieron la licitación destinaron más de $500 millones, a fin de adecuar sus plantas y líneas de producción. A partir de estos planes, se espera que se creen 4.500 puestos de trabajo directos e indirectos, volviendo a abastecer al mercado interno. Sin embargo, para alcanzar buenos resultados, será necesario que se ejecute un cambio en los aranceles de importación.
Durante la presidencia de Mauricio Macri, se dejaron de fabricar computadoras en territorio nacional, provocando que los productores se volvieran importadores. Según Luis Galli, presidente de Newsan, siempre se creyó que quitando los derechos de importación se iba a generar un efecto virtuoso en la economía y los precios que no se tradujo en hechos.
“Desde 2017 se perdieron 6.000 puestos de trabajo en un contexto de precios escandalosos e insumos valuados en dólares”, agregó. Confiada en el programa, su empresa invirtió 1,5 millones de dólares en miras a reiniciar su línea de producción de computadoras en Tierra del Fuego, donde empleará a 100 personas.

“Por ahora, comenzamos a fabricar los equipos del plan educativo, aunque nos encantaría volver a producir los de consumo masivo. Mi visión es que la Argentina necesita una industria para generar puestos de trabajo calificados, pero por el momento es imposible competir contra productos finales con aranceles 0%”, señaló.
Por su parte, la firma BHG destinó más de un millón de dólares, aspirando a retomar la fabricación de computadoras locales para consumo masivo. “La inversión que realizamos fue importante porque apostamos a que la producción tenga continuidad. Ir a la planta y ver todo el movimiento de trabajo es muy gratificante”, expresó su CEO, Juan Ponelli, quien contrató 150 nuevos empleados para el proyecto.
En una misma línea, el hombre sostuvo que debería modificarse la política arancelaria, ya que con mejores aranceles, los productos argentinos podrían competir de igual a igual con los importados, sin que ninguna empresa tenga que subir sus precios por tener un mercado “cautivo”. Así, las compañías aspiran a abastecer la demanda interna, con fuerte potencial tras el avance del home office como consecuencia del coronavirus.
Los empresarios también afirmaron que es complicado que la producción pueda exportarse, aunque sí se podría vender el know how. “Tenemos fábricas en Latinoamérica y África. La competitividad surge de los servicios de la economía del conocimiento, no del hardware”, añadió Ponelli.
Respecto a la tecnología utilizada, Galli esbozó que se mira de manera despectiva el proceso de ensamble en Tierra del Fuego sin motivo alguno, ya que el procedimiento empleado es el reconocido CKD.
“Tenemos unos robots que hacen toda la inserción automática de la placa electrónica. En el resto del mundo, las industrias son terminales, lo que significa que finalizan en su respectivo país y no existe la posibilidad de fabricar los componentes. Lo que se realiza es el ensamblado final, no es que se pone solo la etiqueta”, concluyó.