Economía Agraria / Política Agroindustrial

Ser parte de la mesa o del menú: el costo para el agro de no usar la política

Las medidas contrarias al sector agropecuario se naturalizaron, pero provocan un enorme sobrecosto que, de evitarse, podría generar más actividad, inversiones y empleo

viernes 09 de junio de 2023

Para abordar el tema central del panel, Angeles Naveyra comenzó mostrando los costos de la mala política: de acuerdo con el índice de FADA, el Estado se queda con el 79% de la renta agrícola, principalmente por retenciones a las exportaciones, pero también están el atraso cambiario, la brecha cambiaria, los cupos de exportación, los fideicomisos en el mercado interno, los precios máximos, las limitaciones a las importaciones, las leyes ambientales restrictivas, el deterioro de caminos rurales, los conflictos gremiales que paralizan puertos o plantas, la falta de una ley de semillas… “Son los problemas ‘normales’ de un productor”, dijo. “Si a los costos fiscales distorsivos se les suma el impacto de las malas decisiones políticas, hay un sobrecosto de 30%, al que nos hemos acostumbrado, pero son recursos que no se reinvierten, tecnologías que no se aplican, personas que no se emplean, comunidades que no se desarrollan”, describió.

La analista de mercados de commodities Paulina Lescano coincidió en que el problema se volvió crónico, y es fundamental hacer algo para cambiarlo. “Todos esos puntos mencionados tienen incidencia directa en los precios de los productos. Pero para Lescano “más preocupantes todavía son las intervenciones de mercados, los cierres de registros de exportación, los volúmenes de equilibrio, que hacen desaparecer automáticamente al principal jugador de la demanda, los exportadores”. Y todos esto tiene otro efecto muy importante, hace difícil que el productor pueda aprovechar precios internacionales, porque lleva a que los mercados de futuros y opciones tengan menos liquidez y financiamiento para acceder a eso.

Teo Zorraquín, consultor en Agronegocios y socio de Zorraquín & Meneses, se preguntó qué pasa si se eliminan esas políticas. “Queremos vivir en una Argentina mejor, pero ante el cambio hay dos dificultades: una es hacerlo y otra, sostenerlo”. En ese sentido, dijo que tres niveles deberán sostenerlo: la política, que tendrá un costo, y para eso se necesitan más estadistas; los ciudadanos de a pie, que van a ver afectados sus ingresos y hay que bancarlo; y los empresarios, que deberán aceptar que cuando se abre un mercado y aparecen jugadores nuevos, los negocios cambian, y, por ejemplo, puede ocurrir que los alquileres agrícolas valgan más. “Sostener el cambio va a requerir que banquemos con una mirada más larga”, dijo.

Germán Paats, presidente de Barbechando, elogió el ejemplo de Brasil, donde a través de una participación activa el sector agropecuario puede transmitir a la política sus necesidades para expresar su potencial.

“No podemos dejar en manos de la política herramientas que puedan afectar al sector, porque las van a usar”, advirtió. Y recordó el ejemplo de la Ley de Presupuesto del año pasado, un expediente de 4.900 páginas, donde descubrieron tres líneas de un artículo (96), que decía apenas: “Sustitúyese el noveno párrafo del artículo 52 de la Ley 27.541 y sus modificaciones, por el siguiente: ‘El PEN podrá ejercer estas facultades hasta el 31 de diciembre de 2023’”, y así extendía las facultades delegadas para manejar las retenciones.

“Nos reunimos con muchos, Massa dijo que había quedado, pero no lo iban a usar, y sabemos que sí, porque siempre lo hacen y porque la política siempre necesita más plata. Nos quedamos toda la noche de discusión del Presupuesto y pudimos lograr que no se votara este artículo en particular, que habría permitido aumentar tres puntos las retenciones al trigo, el maíz y el girasol. Gracias a haber participado y sacado este artículo, con los stocks que había el año pasado, nos ahorramos USD 180 millones, y en la campaña 2023/24 pudimos hacer que el costo de la mala política bajase en USD 680 millones. Tenemos que generar equipos de trabajo, estar atentos, reunirnos con la política”.

Para Paats, “Involucrarse no es ser candidato, sino estar atento, participar de las instituciones del sector, acercarse al Consejo Deliberante cuando se trata una tasa: tenemos que dialogar con la política”.

En cuanto a las oportunidades, Lescano dijo que, sacando la mala política, “las oportunidades son muy grandes. Perdemos mercados enteros en un mundo donde la competencia es altísima; si sacan ese pie de encima, el sector puede generar nuevos mercados, más rentabilidad para el productor, y la quita de los derechos de exportación permitiría más hectáreas sembradas, más valor agregado real. Los efectos ya se ven en una campaña, en dos o tres sería un efecto de cascada”.

Zorraquín coincidió: “Podemos ser optimistas, los empresarios preguntan cuándo explota y ya explotó, tenemos intactas las ganas, el recurso, el talento, una fuerte capacidad de adaptación: con reglas de juego buenas nos vamos a adaptar, y si decidiste quedarte en la Argentina, lo mejor que te puede pasar es invertir en el sector agropecuario”.

“Involucrémonos por conveniencia por lo menos, tenemos que cortar con el divorcio de la política y la agrobioindustria. Tenemos que dedicarle tiempo, trabajar de la tranquera hacia afuera, ser protagonistas y trabajar en las políticas públicas que permitan definir el país que queremos, pero tenemos que trabajar”, alentó Paats. “Brasil definió cuál es su horizonte y no puede venir un presidente y cambiar ese Norte, y eso se consigue participando. Viene una era nueva y es mejor ser parte de la mesa y no del menú”, completó.

Maizar



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