El documento adoptado en la reunión del G7 destacó las acciones que cada país está tomando para descarbonizar sus flotas de vehículos, incluyendo la promoción de biocombustibles sostenibles y neutros en carbono. Sin embargo, a nivel de la UE, la Comisión está impulsando limitar el uso de biocombustibles basados en cultivos, como el bioetanol o el biodiésel, para garantizar que se limite la presión sobre el uso de tierras, según un portavoz de la Comisión.
La industria de los biocombustibles reconoce que la electrificación es el futuro del transporte por carretera, pero afirma que se necesitarán muchos años y grandes inversiones en biocombustibles avanzados para reemplazar por completo el petróleo. Argumentan que los biocombustibles basados en cultivos, como el etanol, deberían formar parte de la combinación energética, ya que de lo contrario, el transporte por carretera volverá al petróleo debido a la falta de alternativas. Según la industria, el promedio de reducción de gases de efecto invernadero del etanol de la UE es del 77%, pero algunas refinerías están alcanzando el 100% mediante la captura de CO2.
A diferencia del resto del mundo, la Comisión insiste en que los biocombustibles basados en cultivos no son una opción para Europa y que su uso debe minimizarse. Se argumenta que esto se debe a diferencias en los enfoques y estrategias entre los firmantes del G7.
En cuanto a las normas de la UE, la contribución de los biocombustibles de primera generación a los objetivos de energías renovables para el transporte por carretera está limitada al 7%.
El papel de los biocombustibles basados en cultivos ha generado divisiones en Europa, con defensores que los presentan como una forma rentable de eliminar los combustibles fósiles del sector del transporte, mientras que los críticos cuestionan su contribución al cambio climático. Algunos defensores de la sostenibilidad argumentan que las tierras utilizadas en los cultivos energéticos podrían tener un mayor impacto climático si se dedicaran a la captura de carbono.
A diferencia de la UE, otras economías importantes en todo el mundo han invertido en bioetanol para la descarbonización del transporte. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA), países de Asia, Estados Unidos y Brasil desempeñarán un papel importante en la producción mundial de biocombustibles. Estados Unidos, por ejemplo, está revisando una propuesta para requerir que las refinerías de petróleo agreguen cantidades significativas de biocombustibles a su combustible en los próximos años.
En Europa, la mezcla de biocombustible E10 está ganando terreno en varios países miembros, ya que luchan por cumplir con sus objetivos de transporte limpio. Hasta la fecha, 18 países de la UE, junto con Noruega y el Reino Unido, han implementado la mezcla E10 en sus gasolineras. Polonia es el último país en unirse a esta tendencia, donde el parlamento respaldó por unanimidad una nueva legislación para promover el uso de E10 en las estaciones de servicio polacas. Esta medida se espera que brinde un impulso económico a las destilerías agrícolas y las plantas de producción de alcohol en Polonia, beneficiando así a los agricultores del país.
En resumen, el debate sobre los biocombustibles basados en cultivos está dividiendo a Europa, mientras la Comisión Europea busca limitar su uso y promover alternativas como los vehículos eléctricos y los biocombustibles avanzados. Mientras tanto, en otros países, como Estados Unidos, Japón e India, se están realizando inversiones significativas en bioetanol para descarbonizar el transporte.
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