Por Agroempresario.com
En un contexto de volatilidad global e incertidumbre para los inversores, la caída del precio internacional del petróleo encendió alarmas en la economía argentina. Mientras los aranceles de Estados Unidos generan tensión, el Brent –referencia clave para Vaca Muerta– registró una baja superior al 7%, alcanzando su valor más bajo en dos meses: USD 69,72 por barril. Este retroceso preocupa más que las barreras comerciales de la administración de Donald Trump, por el impacto directo que tiene sobre las inversiones energéticas, las exportaciones y las reservas internacionales del país.
La abrupta caída del crudo se vio impulsada por una decisión sorpresiva de la OPEP: aumentar la producción en mayo en 400.000 barriles diarios, cifra equivalente a todo lo que genera hoy Vaca Muerta. Este incremento de oferta, sumado a un panorama económico global afectado por tensiones comerciales y la revisión a la baja del crecimiento mundial, generó una sobreoferta que desplomó los precios del mercado energético.
La política arancelaria de Trump, más dura de lo que esperaba el mercado, contribuyó a desatar una fuerte aversión al riesgo en los mercados internacionales. Sin embargo, el verdadero sacudón llegó desde el frente energético. La Organización de Países Exportadores de Petróleo decidió, sin previo aviso, incrementar su producción más allá de lo previsto, provocando un "sell off" generalizado entre los fondos posicionados al alza en futuros de petróleo.
Matías Togni, analista de la consultora NextBarrel, explicó: “El petróleo no fue ajeno al caos. El Brent a junio comenzó a corregir dentro del rango habitual, pero la sorpresa fue la decisión de la OPEP. El mercado estaba complacientemente posicionado al alza y este shock de oferta generó una liquidación inmediata. A eso se suma el temor por la desaceleración económica global: el consumo de crudo y el PBI están estrechamente vinculados”.
Para la Argentina, la caída del petróleo tiene consecuencias más tangibles e inmediatas que cualquier medida arancelaria. El país cuenta con un swap de monedas con China que representa más del 60% de las reservas brutas del Banco Central, valuado en aproximadamente USD 18.000 millones. Con un yuan débil –cerró a 7,29 por dólar– y un Brent en mínimos, el valor de las reservas sufre un deterioro sostenido.
Vaca Muerta, la joya energética de Argentina, venía proyectando aportes crecientes a las reservas a través de exportaciones de crudo. A inicios de enero, cuando el barril superaba los USD 80, se hacían simulaciones optimistas sobre un flujo de divisas robusto. Pero con los precios actuales, muchas inversiones proyectadas podrían ralentizarse o incluso pausarse.
Además, las nuevas obras anunciadas por Oldelval para ampliar la capacidad de transporte desde la Cuenca Neuquina –con una inversión de USD 900 millones para los proyectos Duplicar X y Duplicar Norte– podrían enfrentar mayores desafíos de financiamiento si persiste este entorno de precios bajos. La viabilidad económica de esos ductos depende en buena medida de que el Brent se mantenga por encima de ciertos umbrales.
La reacción de los mercados argentinos no se hizo esperar. Aunque el Banco Central se mantuvo al margen del mercado de cambios oficial y de futuros, la volatilidad se trasladó a los dólares financieros. El MEP subió 0,4% a $1.319,42, mientras que el contado con liquidación avanzó 1% a $1.320,37. En contraste, el “blue” bajó $5 y cerró a $1.310.
En el mercado de bonos soberanos, el panorama fue negativo: las bajas superaron el 2%, lo que llevó al riesgo país a subir 49 puntos, alcanzando los 872. Algunos títulos como el Bonar AL30D y el Global 2030 ofrecían rendimientos superiores al 14%, reflejo del nerviosismo inversor y de las oportunidades que algunos identifican en medio de la incertidumbre.
Las acciones vinculadas a la energía fueron las más golpeadas. Transportadora Gas del Sur cayó casi 6%, mientras que otras petroleras cedieron más del 4%. En el panel líder, el índice Merval retrocedió 3,4% en pesos y 4,3% en dólares, acentuando la tendencia bajista. Los ADR en Nueva York también reflejaron el mal momento: Globant, por ejemplo, se desplomó 11%.
El informe de la consultora F2, dirigida por Andrés Reschini, fue contundente: “La política arancelaria de Estados Unidos impactó en todos los frentes. Pero el verdadero daño está en el debilitamiento del dólar y la caída de los commodities energéticos y agrícolas. Esto tensiona aún más el comercio global y deja al crecimiento mundial en jaque”.
Paradójicamente, un dólar más débil podría beneficiar parcialmente a la Argentina al mantener competitivo su tipo de cambio, dado que la política monetaria local busca evitar nuevas devaluaciones. Aun así, el país enfrenta un delicado equilibrio entre inflación, recesión y restricción externa.
En este escenario, las decisiones de inversión en Vaca Muerta se vuelven más cautelosas. Los precios actuales dificultan el desarrollo masivo de nuevas áreas no convencionales, especialmente para empresas que necesitan altos niveles de rentabilidad para justificar el desembolso inicial en infraestructura y tecnología.
Ante esta situación, los mercados aguardan novedades respecto a posibles acuerdos con organismos multilaterales. La expectativa está puesta en una eventual asistencia del Banco Mundial, que podría aportar recursos frescos para estabilizar la macroeconomía. También se sigue con atención la negociación del Gobierno argentino con Estados Unidos, buscando que los aranceles no se apliquen finalmente sobre productos locales.
Pero mientras esos acuerdos se definen, el precio del petróleo se convierte en una variable crítica para el corto plazo. Un Brent por debajo de los USD 70 compromete ingresos, desalienta inversiones y limita la capacidad del país para aprovechar su potencial energético exportador.