Por Agroempresario.com
El anuncio de nuevos aranceles por parte del gobierno de Estados Unidos no solo sacudió a los mercados financieros, sino que también encendió señales de alerta en la economía global. Según un informe reciente elaborado por expertos del banco JP Morgan, encabezado por el economista jefe Bruce Kasman, la implementación de estas medidas proteccionistas podría tener efectos colaterales devastadores, no solo para Estados Unidos, sino también para sus principales socios comerciales.
La preocupación central del informe gira en torno a la posibilidad de una guerra comercial prolongada, con represalias por parte de otros países y una desaceleración económica significativa. A pesar de que la administración estadounidense sostiene que los nuevos aranceles son herramientas de negociación para obtener concesiones estratégicas, los especialistas advierten sobre límites estructurales que dificultan una solución rápida.
La respuesta de los mercados no se hizo esperar. En las horas posteriores al anuncio oficial, las principales bolsas de valores del mundo experimentaron una fuerte caída, con una pérdida de más de 3 billones de dólares en capitalización bursátil solo en Estados Unidos. La jornada fue calificada como la peor desde la irrupción de la pandemia de COVID-19.
El índice S&P 500, uno de los más representativos de Wall Street, registró una baja superior al 4%, mientras que los futuros de acciones continuaron mostrando una tendencia bajista. Este comportamiento refleja el temor de los inversores frente a un escenario de inestabilidad comercial y económica, derivado del endurecimiento en las políticas arancelarias.
Bruce Kasman, autor del informe, fue contundente al señalar que el impacto del aumento de aranceles podría amplificarse significativamente en caso de que los países afectados opten por responder con medidas similares. “El impacto de este aumento de impuestos probablemente se amplifique mediante represalias”, advirtió el economista.
Estas posibles represalias no se limitarían a ajustes en el comercio bilateral, sino que podrían escalar hacia una guerra comercial internacional que afectaría a cadenas de suministro globales y ralentizaría el comercio mundial. El informe destaca que, en un mundo interconectado, las consecuencias de un conflicto comercial se propagan rápidamente, afectando a múltiples sectores y regiones.
A pesar de que desde la Casa Blanca se insiste en que los aranceles podrían negociarse a cambio de concesiones, el informe de JP Morgan remarca que existen limitaciones estructurales que complican cualquier solución rápida o sencilla.
Kasman explicó que los principales desequilibrios en el comercio bilateral no son simplemente el resultado de barreras o subsidios, sino que están profundamente vinculados a las ventajas comparativas de cada economía. “Estos desequilibrios promueven eficiencias y son generalmente independientes de las barreras al comercio”, explicó el informe.
Esto significa que incluso si se redujeran los aranceles mediante negociaciones, las diferencias estructurales en la producción, el consumo y la competitividad seguirían presentes, manteniendo el desequilibrio comercial que motiva las tensiones actuales.
Uno de los ejemplos más claros de esta complejidad estructural es el de los semiconductores, piezas fundamentales para la industria tecnológica y automotriz. La mayor parte de estos componentes se fabrican en Taiwán, mientras que Estados Unidos ha centrado su participación en el diseño, comercialización y distribución.
Este esquema global de producción hace que la repatriación de industrias estratégicas no solo sea extremadamente costosa, sino que también tenga un impacto limitado en el corto plazo. La dependencia de proveedores externos para componentes críticos como los semiconductores pone en evidencia los desafíos estructurales que enfrenta la economía estadounidense si busca reducir su déficit comercial sin dañar su capacidad productiva.
Por ahora, el informe de JP Morgan no ha modificado sus proyecciones macroeconómicas, pero advierte que podrían hacerlo en caso de una implementación plena de las políticas anunciadas. “No estamos realizando cambios inmediatos en nuestras previsiones y queremos ver que se concrete el proceso inicial de implementación y negociación”, indicó Kasman.
No obstante, el economista también fue claro respecto al riesgo que implicaría mantener las políticas sin modificaciones. “Consideramos la implementación completa de las políticas anunciadas como un shock macroeconómico sustancial que no está contemplado actualmente en nuestras previsiones”, señaló.
En consecuencia, el informe sostiene que la prolongación de estas medidas “probablemente llevaría a la economía estadounidense y posiblemente a la mundial a una recesión este año”.
El efecto dominó que podría desatar esta nueva política arancelaria de Estados Unidos no solo amenaza con frenar el crecimiento global, sino también con agravar tensiones geopolíticas existentes. Economías emergentes que dependen del comercio internacional, como las de América Latina o el sudeste asiático, podrían ser especialmente vulnerables.
Además, grandes bloques económicos como la Unión Europea o China ya han manifestado su preocupación y estudian posibles respuestas. De concretarse las represalias, el sistema multilateral de comercio podría sufrir un golpe aún más fuerte que durante la administración Trump, cuando ya se había cuestionado la validez de instituciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC).