Por Agroempresario.com
La Organización Marítima Internacional (OMI), el organismo de Naciones Unidas encargado de regular la seguridad y sostenibilidad del transporte marítimo, presentó nuevas medidas para enfrentar dos de los mayores desafíos del comercio mundial: la seguridad de las rutas ante tensiones geopolíticas y la reducción de emisiones contaminantes hacia 2050.
Durante una visita a Panamá, el secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, advirtió que la seguridad marítima se convirtió en el principal desafío para el comercio internacional. En particular, señaló la vulnerabilidad de los buques mercantes frente a ataques armados en zonas de conflicto.
Los incidentes en el mar Rojo y el golfo de Adén, donde los rebeldes hutíes atacaron embarcaciones comerciales, pusieron en evidencia la fragilidad del sistema. El hundimiento de dos buques mercantes en julio, con un saldo de cinco marinos fallecidos y seis secuestrados, encendió las alarmas de la comunidad internacional.
Frente a esta situación, la OMI impulsó medidas urgentes:
Estas decisiones buscan garantizar la continuidad del comercio, aunque tienen un impacto directo en los costos logísticos y en la competitividad de las cadenas de suministro.
El desvío de buques hacia rutas más largas aumenta los tiempos de tránsito y los costos operativos, al tiempo que incrementa las emisiones de carbono. Esto genera un dilema: las medidas para proteger la seguridad terminan afectando los compromisos ambientales de la industria.
Domínguez también subrayó la importancia del bienestar de la tripulación. Según el funcionario, la OMI trabaja con federaciones de trabajadores marítimos para que los marinos tengan derecho a rechazar el paso por zonas de riesgo si no se sienten seguros, un aspecto clave para la protección de vidas humanas en un contexto de creciente tensión geopolítica.
A la inseguridad se suma otro desafío: el déficit de personal calificado en la industria. La falta de marinos y técnicos especializados amenaza con frenar la capacidad de respuesta del sector frente a las crecientes demandas del comercio global.
Para enfrentar esta brecha, la OMI impulsa programas de cooperación técnica en países en desarrollo con el objetivo de atraer jóvenes al sector y asegurar el relevo generacional en una industria donde la capacitación es esencial para mantener la eficiencia.
Además de los problemas de seguridad, la OMI enfrenta el desafío de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Actualmente, el transporte marítimo representa el 3% de las emisiones globales de carbono, pese a ser el responsable de movilizar el 90% del comercio mundial.
Este año, el organismo aprobó el marco regulatorio “Net-Zero”, que establece la meta de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. Entre las medidas adoptadas se incluyen:
La entrada en vigor del marco está prevista para 2027, con revisiones periódicas que permitirán ajustar el impacto sobre la economía global y los países más vulnerables.
La transición hacia un transporte marítimo sostenible implica cambios estructurales en las cadenas logísticas. El uso de nuevos combustibles como etanol renovable o amoníaco y la modernización tecnológica de las flotas demandarán inversiones millonarias.
Si bien estas transformaciones aumentarán los costos en el corto plazo, la OMI sostiene que el nuevo marco regulatorio brindará previsibilidad y evitará distorsiones competitivas entre navieras.
Además de la reducción de emisiones, la agenda ambiental del organismo incluye medidas para mitigar el ruido submarino, controlar especies invasoras transportadas en agua de lastre y proteger zonas ecológicas sensibles.
La industria marítima se encuentra así en una encrucijada: por un lado, debe reforzar la seguridad en rutas cada vez más amenazadas por conflictos armados; por otro, avanzar hacia una descarbonización que transformará los modelos de negocio.
Ambos frentes tienen consecuencias directas para la logística global: la seguridad condiciona las rutas y los plazos de entrega, mientras que la transición energética determinará los costos y la competitividad del comercio exterior.
Domínguez fue categórico: “La industria ya invirtió durante décadas en contaminar, ahora es momento de invertir en limpiar”. Una frase que sintetiza el espíritu de la transformación en curso y que marca el camino hacia un futuro en el que seguridad y sostenibilidad se conviertan en los pilares del transporte marítimo internacional.