Por Agroempresario.com
El PRO transita un momento de redefinición política en la Ciudad de Buenos Aires. Tras la dura derrota sufrida en las elecciones locales de mayo, la fuerza fundada por Mauricio Macri busca reacomodarse de cara a la campaña porteña que se aproxima. En este escenario, la alianza con La Libertad Avanza (LLA) aparece como una herramienta de supervivencia y, al mismo tiempo, como un desafío para mantener la identidad partidaria sin diluir su propio perfil político.
Mientras el PRO prepara su estrategia para la contienda porteña, al mismo tiempo mantiene la vista en la batalla electoral del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires. Este doble frente refleja las particularidades de la política argentina, donde las campañas nacionales, provinciales y locales conviven en paralelo y obligan a los partidos a multiplicar esfuerzos.
En la Ciudad, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, se enfrenta a la tarea de consolidar su gestión, superar las divisiones internas y, además, administrar la convivencia con el proyecto libertario. La alianza con Javier Milei y sus candidatos surgió como un pacto de gobernabilidad, pero con una premisa clara: los referentes amarillos no adoptarán la estética violeta que caracteriza a LLA.
En la sede del PRO de la calle Balcarce reconocen que las negociaciones con los libertarios fueron menos conflictivas de lo esperado. “No tenemos problemas en hacer campaña con ellos, pero no nos vamos a pintar de violeta, vamos a mantener la pertenencia y la identidad”, resumió uno de los dirigentes que participó de las conversaciones.
Otro referente del partido fue más explícito: “Es un momento para decir por qué vamos juntos. La discusión hoy es mucho más grande que una identidad partidaria”. La idea es mostrar coincidencias estratégicas en temas de gobernabilidad y gestión, pero sin perder la marca PRO en la Ciudad, un distrito donde la fuerza macrista conserva una base electoral sólida.
El punto llamativo es que buena parte de los candidatos en las listas conjuntas provienen del propio PRO. Patricia Holzman, en segundo lugar, trabajó en la gestión nacional de Mauricio Macri como jefa de Gabinete del entonces ministro de Medio Ambiente, Sergio Bergman. Incluso Nicolás Emma, el único libertario puro en los primeros puestos, representa más una excepción que la regla.
Tras los cortocircuitos iniciales con Milei, Jorge Macri buscó un acercamiento pragmático. En el último Council of the Americas, elogió la política económica del Gobierno nacional y habló de “estabilidad macroeconómica” como factor clave para recuperar la confianza de los inversores. Ese guiño marcó un cambio de tono luego de meses de acusaciones cruzadas.
En el plano local, los números de gestión mejoraron después de la derrota de mayo. “Jorge ya tiene más grip, volvió a conectar con el vecino y los indicadores lo muestran mejor”, reconocen en su entorno. El acuerdo con Milei, al sacar el foco de la Ciudad, le permitió concentrarse en resolver cuestiones urbanas y reforzar la cercanía con los porteños.
El traspié electoral de mayo dejó heridas dentro del PRO. Muchos candidatos cuestionaron abiertamente la gestión de Jorge Macri, incluso Horacio Rodríguez Larreta se mostró crítico. Sin embargo, el tiempo ayudó a reordenar las filas.
Hoy, las discusiones internas giran en torno a la identidad partidaria. Fernando De Andreis, uno de los hombres cercanos a Mauricio Macri, publicó un mensaje en redes contra los “murmullos socialistas” dentro del PRO y llamó a recuperar un perfil más liberal. Para él, “nuestro electorado demanda posiciones más claras, más liberales. Son las ideas que más reflejan el pensamiento de Mauricio”.
María Eugenia Vidal, por su parte, se mostró en desacuerdo con la alianza con LLA desde un inicio. Sin embargo, decidió respetar la decisión partidaria y volcarse a apoyar a candidatos en provincias, como Chubut, Santa Fe y Corrientes. Vidal combina esta postura con un discurso enfocado en la transparencia institucional y en la necesidad de reforzar los organismos de control para combatir la corrupción.
La convivencia entre sectores que empujan una alianza estratégica con Milei y aquellos que priorizan la identidad propia refleja que el PRO atraviesa un momento de transición. El liderazgo de Mauricio Macri sigue siendo un factor de referencia, pero al mismo tiempo emergen nuevos actores y posturas divergentes.
En este marco, el desafío es lograr que la campaña porteña no se convierta en un campo de batalla interna. La estrategia oficial parece clara: mantener el color amarillo, trabajar en conjunto con LLA solo en lo estrictamente necesario y reforzar la narrativa de gestión en la Ciudad.
De cara a octubre, el PRO apuesta a capitalizar su alianza con los libertarios sin perder electorado propio. El dilema es complejo: si se acerca demasiado a Milei, puede diluir su identidad; si se distancia, corre el riesgo de quedar aislado.
Por ahora, la hoja de ruta combina pragmatismo y prudencia. Los dirigentes macristas entienden que el votante histórico del PRO sigue dentro del esquema, pero admiten que la clave estará en retener a ese electorado en un contexto de fuerte polarización.
La campaña en CABA será, entonces, una prueba de fuego para el PRO: un espacio que busca reinventarse tras la derrota, convivir con Milei sin teñirse de violeta y mantener la relevancia en un escenario político en constante mutación.