Por Agroempresario.com
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) confirmó que solamente intervendrá en el mercado de divisas comprando dólares cuando el tipo de cambio oficial alcance el piso de las bandas cambiarias, actualmente situado alrededor de $956, muy por debajo del valor de mercado cercano a $1350. Esta decisión se desprende del informe de gestión que presentó ante el Congreso el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y genera controversia por las recomendaciones del FMI, que instaba a la autoridad monetaria a desempeñar un papel más activo en la acumulación de reservas.
El FMI, liderado por Kristalina Georgieva, había solicitado que el BCRA adopte un calendario predecible de compras de divisas, similar a los esquemas aplicados en países como Chile, Colombia y México, que cuentan con regímenes cambiarios flexibles. Sin embargo, el informe presentado por Francos deja en claro que el Gobierno prioriza que las compras de reservas se realicen a través del Tesoro Nacional y operaciones de mercado secundarias, relegando la intervención directa del Banco Central.
“Se informa que el Tesoro ha estado realizando compras en bloque que, al dejar depositadas en el BCRA, engrosan las reservas internacionales. Además, se ha sumado una operación de repo y la colocación de deuda adquirida en moneda extranjera. Estos son los mecanismos previstos para incrementar las reservas cuando fuera necesario”, detalla el informe entregado a la Cámara de Diputados.
La estrategia oficial también contempla la venta de activos públicos como vía para reforzar las reservas, coincidiendo parcialmente con la sugerencia del FMI sobre privatizaciones. Según el reporte, el Ministerio de Economía, a cargo de Luis Caputo, ha iniciado procesos de privatización de empresas como BCyL (Belgrano Cargas), Enarsa, AySA, CVSA e Intercargo. Hasta el momento, no se ha concretado ninguna adjudicación ni se ha observado actividad judicial significativa que avance en estos procesos.
El incumplimiento de las metas de reservas es otro tema crítico. El informe explica que la meta establecida para fines de junio no se cumplió debido a la incertidumbre generada por la comunicación al Congreso sobre el acuerdo inminente con el FMI. Esta situación provocó un comportamiento preventivo de los agentes económicos, impactando negativamente en las reservas internacionales.
Como resultado, el FMI otorgó un waiver, que flexibiliza los objetivos de acumulación de divisas para el resto del año, aunque estas metas aún se mantienen exigentes. Según cálculos de la consultora LCG, para alcanzar el objetivo fijado, el BCRA debería acumular inicialmente unos US$4700 millones hasta diciembre. No obstante, considerando pagos previstos a organismos internacionales y compromisos financieros, el esfuerzo real de acumulación podría ascender a US$7400 millones durante lo que resta de 2025.
Los analistas advierten que la decisión de comprar reservas solo al tocar el piso de $1000 podría limitar la capacidad del BCRA de intervenir de manera efectiva en momentos de volatilidad cambiaria, dejando al Tesoro como principal actor en la acumulación de divisas. Esto difiere del enfoque sugerido por el FMI, que buscaba una participación activa del Banco Central para generar confianza y estabilidad en el mercado.
El contexto internacional también influye en esta estrategia. La volatilidad de los mercados financieros globales y los cambios en las tasas de interés internacionales obligan al Gobierno a planificar cuidadosamente cualquier intervención que pueda afectar la estabilidad macroeconómica. En este marco, la coordinación entre el BCRA y el Ministerio de Economía se vuelve esencial para lograr un equilibrio entre el cumplimiento de metas de reservas y la estabilidad del tipo de cambio.
El informe refleja además que el esquema de compra de reservas en bloque por parte del Tesoro, sumado a operaciones de deuda en moneda extranjera, es considerado por el Gobierno como suficiente para sostener las reservas sin que el BCRA tenga que actuar directamente en todos los niveles del mercado cambiario. Esta estrategia busca minimizar la presión sobre el tipo de cambio y limitar la necesidad de ajustes abruptos que puedan impactar en la inflación y la actividad económica.
Si bien la meta de reservas ajustada por el FMI se mantiene ambiciosa, el Gobierno confía en que la combinación de compras del Tesoro, operaciones de repo y eventual privatización de activos públicos permitirá acercarse a los objetivos establecidos, aunque los plazos y montos previstos requieren un seguimiento constante.