Argentina apuesta a un crecimiento sin precedentes en el sector minero: el canciller Pablo Quirno afirmó que el país podría elevar sus exportaciones mineras a US$ 25.000 millones en un plazo de cinco a siete años, durante su exposición en el Foro Económico Argentino-Israelí, realizado esta semana y que reunió a funcionarios y empresas interesadas en oportunidades de inversión. El planteo, presentado como parte del nuevo rumbo económico del Gobierno, apunta a reposicionar a la Argentina en el mapa regional y disputar espacio en un mercado dominado por Chile. Según publicó El Economista, el avance de proyectos de litio y cobre será clave para ese salto.
El anuncio se enmarca en una estrategia oficial que busca consolidar un nuevo modelo productivo basado en tres pilares: energía, agroindustria y minería, con la meta de alcanzar US$ 100.000 millones en exportaciones totales hacia 2032/2033. Quirno aseguró que, tras evitar lo que describió como una “crisis terminal”, el foco está puesto en reconstruir la credibilidad internacional para asegurar inversiones de largo plazo, especialmente en actividades intensivas en capital.
El canciller destacó el rol de la estabilidad regulatoria y señaló al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) como una herramienta clave para atraer proyectos mineros y energéticos. Según explicó, este esquema será determinante para viabilizar emprendimientos que requieren entre ocho y diez años de desarrollo y fuertes compromisos financieros iniciales. La expectativa oficial es que nuevas reglas, sumadas a una macroeconomía más estable, generen condiciones para ampliar la frontera productiva y acelerar la llegada de capitales extranjeros.
En este contexto, Quirno subrayó también el impacto de Vaca Muerta en el comercio exterior. Durante 2024, la producción de hidrocarburos no convencionales aportó el 88% del superávit comercial acumulado y el Gobierno proyecta que el superávit energético podría ascender a US$ 25.000 millones en los próximos tres años. No obstante, el gran diferencial futuro, afirmó, provendrá de la minería, un sector que hasta ahora mostró crecimiento firme pero acotado.
El salto proyectado se explica por la transformación del llamado triángulo del litio, donde la Argentina comparte protagonismo con Bolivia y Chile. La llegada de inversiones en proyectos de salmueras y roca dura multiplicó los anuncios de capital durante los últimos años y permitió reactivar iniciativas que habían permanecido estancadas. A esto se suman los planes de construcción de grandes minas de cobre, un mineral estratégico para la transición energética y la fabricación de infraestructura eléctrica.
A nivel provincial, los avances se concentran en las jurisdicciones que históricamente lideraron la actividad. Catamarca impulsa proyectos de litio en el Salar del Hombre Muerto y mantiene operaciones de oro; Jujuy combina litio, plata y una industria en expansión en torno a Cauchari-Olaroz; San Juan continúa como una de las principales productoras de oro y plata del país y emerge como eje del desarrollo cuprífero, con proyectos como José María y Los Azules; Santa Cruz sostiene una larga tradición aurífera; mientras que Salta avanza con una amplia cartera de litio y cobre en etapas avanzadas de exploración y factibilidad.
El esquema fiscal también se encuentra en revisión. Las regalías provinciales, que actualmente oscilan entre 3% y 12% según el mineral y la legislación local, podrían ser actualizadas a partir del crecimiento que se espera para 2027, cuando entren en producción nuevos proyectos de litio y comiencen a escalar las obras vinculadas al cobre. Gobernadores y cámaras sectoriales mantienen conversaciones sobre posibles ajustes que permitan captar parte del incremento en la renta sin desalentar inversiones en un momento considerado decisivo.
En comparación regional, la Argentina parte desde atrás. Chile lidera con cerca de US$ 50.000 millones anuales en exportaciones mineras, impulsado por su histórico dominio del cobre y por una posición sólida en litio. Perú le sigue con aproximadamente US$ 30.000 millones, también con el cobre como columna vertebral de su economía extractiva. Por su parte, la Argentina se ubica actualmente en un rango de US$ 3.200 a US$ 4.000 millones anuales, muy por debajo de su potencial. Sin embargo, las proyecciones oficiales sostienen que el país podría multiplicar por seis sus ventas al exterior y competir por el segundo lugar regional hacia comienzos de la próxima década.
Los últimos cinco años permitieron consolidar un sendero de crecimiento, aunque aún insuficiente para una estructura minera de escala internacional. La mayor parte de las exportaciones argentinas proviene de oro, plata y litio, pero el Gobierno espera que el cobre —prácticamente inactivo en la actualidad— se convierta en el principal motor del sector en los próximos años. Si los emprendimientos en factibilidad avanzan según lo previsto, la Argentina podría duplicar su peso relativo en América Latina y reposicionarse como un nuevo polo extractivo.
El optimismo oficial convive con desafíos estructurales. El sector privado exige definiciones sobre infraestructura, plazos administrativos, logística y acceso a divisas. A su vez, organizaciones sociales y ambientales reclaman mayores controles sobre el uso del agua en zonas de alta fragilidad y una planificación territorial más detallada, especialmente en regiones del norte. El Gobierno asegura que la nueva normativa apunta a dotar de previsibilidad a la actividad sin descuidar estándares ambientales.
En su exposición, Quirno remarcó que el país necesita un marco estable y reglas claras para ingresar en la liga mayor de productores mineros de la región. Según el canciller, el RIGI permitirá acelerar el desarrollo de proyectos y atraer capitales que hoy esperan señales de estabilidad. “La Argentina puede convertirse en un nuevo polo minero sudamericano y acercarse por primera vez al modelo chileno”, planteó, al asegurar que la minería será uno de los motores de la próxima década.
El Gobierno considera que el creciente interés internacional por minerales críticos, sumado a la transición hacia energías renovables, configura una oportunidad que el país no tuvo en décadas. La combinación de litio, cobre y un potencial geológico aún poco explorado abre una ventana para aumentar exportaciones, generar empleo y atraer inversiones de largo plazo. El desafío será sostener las condiciones necesarias para que los proyectos avancen y se transformen en producción efectiva y divisas.
Mientras tanto, el debate se intensifica. Provincias, empresas, sindicatos y organizaciones ambientales siguen de cerca cada paso del Gobierno en materia regulatoria. El sector minero aparece como un espacio estratégico para el futuro económico del país y las decisiones tomadas en los próximos meses serán determinantes para definir si la Argentina logra o no sumarse al grupo de líderes regionales.