La empresa Rapanui, reconocida por sus chocolates premium y por el desarrollo del Franui, inició un proyecto de producción primaria de frambuesas en la localidad chubutense de Trevelín, donde ya implantó 50 hectáreas del cultivo. La iniciativa marca un giro estratégico para la compañía, que hasta ahora se abastecía exclusivamente de fruta proveniente de terceros, y apunta a fortalecer el control de calidad, mejorar la competitividad del producto y avanzar en una mayor integración de la cadena productiva.
El emprendimiento comenzó a gestarse hace más de tres años y se consolidó en 2024, cuando la empresa logró adquirir un campo con condiciones agronómicas adecuadas para la frambuesa. La elección de Trevelín respondió a factores climáticos y de suelo que resultan determinantes para este tipo de fruta fina, y que no se presentan con la misma estabilidad en otras zonas cordilleranas.
Desde la firma explicaron que el objetivo principal es optimizar la calidad de la frambuesa utilizada en la elaboración del Franui, su producto más emblemático. Para ello se seleccionaron variedades específicas, adaptadas al entorno local y orientadas a lograr mejores atributos en sabor, textura y comportamiento industrial. La decisión también busca reducir la dependencia de proveedores externos y amortiguar el impacto de los costos asociados a la compra de materia prima.

El Franui comenzó a producirse en Bariloche hace más de una década y rápidamente se convirtió en un diferencial dentro del mercado de chocolates y productos gourmet. Actualmente se elabora en la planta de la empresa en esa ciudad rionegrina y se exporta a alrededor de 50 países, consolidándose como uno de los productos argentinos con mayor proyección internacional en su segmento.
La expansión global se aceleró con la apertura de una planta en España, lo que permitió ampliar la llegada del producto a más de 20 países y consolidar su presencia en Europa, América Latina y otros mercados no tradicionales. Ese crecimiento dejó en evidencia la importancia de contar con un abastecimiento estable y homogéneo de frambuesas, un insumo clave en el proceso productivo.
Con la implantación de frambuesas propias, Rapanui decidió avanzar hacia atrás en la cadena de valor. El objetivo es garantizar estándares constantes de calidad y mejorar la estructura de costos, al integrar la producción de la materia prima básica al esquema general del negocio.
Los trabajos en el campo ya están en marcha, aunque los tiempos productivos son extensos. Según estimaciones de la empresa, la primera cosecha comercial se obtendría dentro de unos tres años, cuando las plantas alcancen su pleno desarrollo. El plan contempla un crecimiento gradual: además de las 50 hectáreas iniciales, el objetivo es alcanzar 100 hectáreas implantadas en el mediano plazo, un proceso que demandará varios años de inversión sostenida.
El proyecto incluye, además, la construcción de una planta de procesamiento en la zona, donde se realizará el congelado y empaque de la fruta fina. Esa infraestructura permitirá cerrar el circuito productivo en origen y tendrá un impacto directo en la economía local. Desde la empresa estiman que el complejo generará alrededor de 130 puestos de trabajo, entre empleo directo e indirecto, posicionándose como uno de los desarrollos agroindustriales más relevantes de Trevelín.

El asesoramiento técnico del emprendimiento está a cargo de un especialista en producción de frutas finas, con experiencia en distintas regiones patagónicas. Su participación fue clave para definir el esquema agronómico, la selección varietal y el manejo del cultivo en una zona donde la frambuesa aún no se produce a gran escala.
Más allá del impacto empresarial, el proyecto tiene un fuerte componente regional. Desde Rapanui señalan que la iniciativa busca estimular a otros productores a incorporar la frambuesa como alternativa productiva, diversificando la matriz económica local y aprovechando las condiciones naturales del área.
La apuesta se inscribe en un contexto de creciente demanda internacional por productos de alta calidad, con trazabilidad y origen definido. En ese escenario, la integración productiva aparece como una herramienta clave para sostener el crecimiento y reforzar el posicionamiento de marca.
Con este paso, Rapanui no solo fortalece el control sobre su producto más emblemático, sino que también apuesta al desarrollo productivo de la Patagonia cordillerana, combinando innovación, agregado de valor y una estrategia de largo plazo basada en el origen.