El abejorro gigante o colorado, la especie de abejorro más grande del mundo y nativa de Argentina y Chile, atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. A comienzos de 2026, científicos alertan que el Bombus dahlbomii desapareció en más del 54% de su área de distribución en apenas diez años, como consecuencia directa de la expansión de una especie invasora europea que introdujo enfermedades letales y alteró el equilibrio de los ecosistemas del Cono Sur. La situación resulta especialmente relevante por el rol estratégico que cumple este insecto como polinizador de la flora nativa y por el impacto ambiental, productivo y cultural que implica su posible extinción.
De color anaranjado intenso, cuerpo robusto y abundante vellosidad, el abejorro gigante fue durante décadas una presencia habitual desde el centro-norte de Chile hasta la Patagonia argentina. Su tamaño y comportamiento lo convirtieron en un polinizador altamente eficiente de numerosas especies vegetales autóctonas, muchas de las cuales dependen casi exclusivamente de él para su reproducción. Sin embargo, ese equilibrio comenzó a romperse de manera abrupta a finales de los años noventa.
Hasta hace unos 25 años, las poblaciones de Bombus dahlbomii eran consideradas estables y abundantes. La caída fue tan rápida como silenciosa. Investigaciones de largo plazo revelan que en zonas donde la especie era frecuente dejó de registrarse por completo. “En el Valle de Chalhuaco, donde teníamos muestreos de más de 25 años, desde 2007 no lo vimos nunca más”, explicó Marina Arbetman, doctora en Biología del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente de la Universidad Nacional del Comahue.
En 2016, la gravedad del fenómeno quedó oficialmente reconocida cuando la especie fue incorporada a la Lista Roja de Especies Amenazadas en la categoría En Peligro de Extinción. Las proyecciones actuales indican que la tendencia negativa continúa y que, de no mediar cambios profundos, el retroceso poblacional podría volverse irreversible.

El principal factor detrás del colapso del abejorro nativo es la introducción del abejorro europeo Bombus terrestris, una especie exótica utilizada intensamente para la polinización de cultivos comerciales. En 1997, el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile (SAG) autorizó su importación con fines productivos, principalmente para invernaderos de tomate y arándano.
Lo que comenzó como una solución agrícola se transformó rápidamente en un problema ambiental de gran escala. El abejorro europeo escapó de los invernaderos, se reprodujo con rapidez y colonizó amplias regiones del territorio chileno. Desde allí, cruzó la cordillera y se expandió hacia la Patagonia argentina, avanzando sin controles efectivos.
Las investigaciones científicas detectaron una relación directa entre esta invasión y la desaparición del abejorro nativo. “Encontramos una relación entre la invasión del abejorro europeo y la transmisión de enfermedades que trajo, y posiblemente esa sea una de las causas de la desaparición del nativo”, señaló Arbetman. El Bombus terrestris actúa como portador de patógenos y parásitos frente a los cuales las especies locales no tienen defensas naturales.
La bióloga chilena Cecilia Smith-Ramírez, doctora en Ecología, advirtió que el problema no se limita a la transmisión de enfermedades. “Además de transmitir patógenos, se reproduce muy rápido”, explicó, destacando una de las características clásicas de las especies invasoras que logran desplazar a la fauna local.
Aunque solo Chile autorizó formalmente su ingreso, el avance del abejorro europeo no reconoce fronteras. “Se está extendiendo hacia el norte de Chile y de Argentina, y seguramente llegará a Perú y a Brasil”, alertó Arbetman, lo que amplía el problema a escala regional.

La desaparición progresiva del Bombus dahlbomii no es solo una pérdida biológica, sino un fenómeno con consecuencias profundas para los ecosistemas y las actividades productivas. La presencia masiva del abejorro europeo altera los procesos naturales de polinización y genera múltiples efectos negativos.
Entre los impactos más relevantes, los especialistas señalan que consume grandes cantidades de néctar, reduciendo la disponibilidad para otros polinizadores, incluidas las abejas melíferas utilizadas por los apicultores. Además, cuando la densidad de individuos es elevada, el abejorro europeo perfora las flores para acceder al néctar sin polinizar, lo que daña las estructuras reproductivas de las plantas y reduce su capacidad de reproducción.
A esto se suma el daño físico directo a las flores, la competencia con especies nativas y la propagación de enfermedades que afectan tanto a abejorros locales como a abejas domésticas. El resultado es un desequilibrio que compromete la regeneración de la flora nativa y, en el largo plazo, la estabilidad de los ecosistemas.
Smith-Ramírez fue especialmente crítica con los organismos de control y con las empresas que impulsaron la importación. “El SAG no tiene compromiso con la biodiversidad nativa. Todos los análisis que hace son controles biológicos para ver si va a hacer daño a la agricultura, pero no a la biodiversidad”, sostuvo.
Paradójicamente, en 2019 el propio SAG realizó un análisis que concluyó que el riesgo de ingreso de patógenos asociados a Bombus terrestris era alto. Sin embargo, en 2020 las medidas adoptadas se limitaron a reforzar certificaciones y requisitos de cuarentena, sin frenar la producción ni la comercialización de la especie.
Por su parte, el Ministerio de Medio Ambiente de Chile ya había identificado en 2016 varios factores que explican la situación crítica del abejorro nativo: fragmentación del hábitat, uso de pesticidas, cambio climático e interacciones con especies introducidas.
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Frente a este escenario, científicos, organizaciones y comunidades locales impulsan distintas iniciativas para monitorear y proteger al abejorro gigante. En Chile, el proyecto “Salvemos nuestro abejorro” convoca a la ciudadanía a enviar registros fotográficos que permitan construir un mapa actualizado de avistamientos y evaluar la evolución de las poblaciones.
En Argentina, la iniciativa “Vi un abejorro” cumple una función similar, promoviendo la participación comunitaria en el seguimiento del estado de las especies nativas y del avance de las invasoras. Estos proyectos aportan datos valiosos y ayudan a generar conciencia, aunque los especialistas advierten que no son suficientes si no se acompaña con decisiones estructurales.
El Bombus dahlbomii también posee un profundo valor simbólico. En la cultura mapuche, el abejorro representa el espíritu de una persona que partió, lo que refuerza su importancia cultural además de ecológica.
Entre las acciones concretas que puede adoptar la población, Arbetman recomendó plantar flores nativas en jardines y espacios verdes, favoreciendo el hábitat de los polinizadores locales. Sin embargo, las científicas coinciden en que estos esfuerzos tienen un alcance limitado mientras continúe la producción y liberación del abejorro europeo.
“Estamos tratando de generar distintas estrategias, pero lo primero que debería pasar es que se frene la importación y la producción del abejorro europeo, porque si no, es como sacar una inundación con un balde”, concluyó Arbetman.
El futuro del abejorro gigante del sur depende así de decisiones urgentes y coordinadas. Su desaparición no solo significa la pérdida de una especie única en el mundo, sino también un golpe severo a la biodiversidad, a los sistemas productivos y a la identidad natural de vastas regiones de Argentina y Chile.