El Gobierno de Estados Unidos anunció que tomará control directo de la gestión de las reservas petroleras de Venezuela, las más grandes del planeta, tras la detención de Nicolás Maduro este primer sábado de 2026. La decisión, comunicada por el presidente Donald Trump desde Washington, introduce un giro de alto impacto en el escenario energético global y reabre interrogantes sobre el futuro de los precios del crudo, la estabilidad del mercado y el atractivo de proyectos estratégicos como Vaca Muerta. La información fue difundida por Forbes, en el marco de un análisis sobre las implicancias económicas y geopolíticas de la medida.
Según lo informado, la administración estadounidense avanzará sobre la gestión de unos 300.000 millones de barriles de reservas, con el objetivo de rehabilitar una infraestructura petrolera deteriorada y reinsertar a Venezuela como un proveedor relevante de energía a escala internacional. El anuncio se produce en un contexto de volatilidad moderada en los mercados y de sobreoferta global, lo que suma complejidad al análisis de sus efectos de corto y mediano plazo.
De acuerdo con Forbes, el foco de los inversores no está puesto únicamente en el cambio político en Caracas, sino en la capacidad operativa de transformar un recurso estratégico subexplotado en flujo sostenido de producción y exportaciones. Venezuela produce actualmente cerca de un millón de barriles diarios, muy por debajo de su potencial histórico, tras años de desinversión, sanciones y deterioro operativo.

En una conferencia de prensa posterior a la captura de Maduro, Trump fue categórico sobre el diagnóstico de la industria venezolana. “Durante mucho tiempo, el negocio petrolero en Venezuela fue un fracaso total. No estaban extrayendo casi nada en comparación con lo que podrían haber estado extrayendo”, afirmó el mandatario, según consignó Forbes. La Casa Blanca anticipó que buscará apoyarse en el músculo financiero y técnico de las grandes petroleras estadounidenses para recuperar campos, refinerías y redes de transporte.
“Vamos a obligar a nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, a gastar miles de millones de dólares para reparar la infraestructura y empezar a generar dinero para el país”, sostuvo Trump en el mismo mensaje, en declaraciones reproducidas por Forbes. Además, remarcó que Estados Unidos permanecerá en el territorio “el tiempo que sea necesario hasta que se logre una transición ordenada”.
La principal operadora del país, PDVSA, arrastra años de deterioro operativo. La falta de inversión, la pérdida de capital humano y las restricciones financieras impactaron de forma directa en la producción y en la capacidad de exportación. En ese marco, Trump recordó el historial de expropiaciones que afectó a empresas estadounidenses: “Nosotros desarrollamos esa industria, pero Venezuela se apoderó y vendió unilateralmente petróleo, activos y plataformas, lo que nos costó miles de millones de dólares”, expresó, siempre según Forbes.
El anuncio abrió, además, un debate incipiente sobre la legalidad internacional de la intervención y sobre el alcance real de la “gestión directa” anunciada por Washington. Mientras tanto, los mercados comenzaron a incorporar el escenario en sus proyecciones, a la espera de señales concretas sobre el ritmo de inversión y el cronograma de aumento de la producción.

A pesar del impacto político de la noticia, los analistas consultados por Forbes recomendaron cautela. En diálogo con ese medio, Martín Bronstein, director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (CEEPYS), señaló que el mercado petrolero global se encuentra bien abastecido, lo que podría amortiguar reacciones abruptas en el corto plazo.
“El mercado petrolero está bastante bien abastecido a nivel global, se espera de hecho una baja de precios para 2026 porque hay una sobreoferta de crudo, así que no creo que la actual situación en Venezuela tenga una incidencia en el corto plazo”, explicó Bronstein a Forbes. No obstante, advirtió que si la producción venezolana creciera de manera significativa bajo tutela estadounidense, podría acentuar una tendencia bajista en el mediano plazo.
Antes del anuncio, el Brent operaba en torno a los US$ 62 por barril y el WTI cerca de los US$ 58, en un contexto atravesado por tensiones en Medio Oriente y la prolongación del conflicto entre Rusia y Ucrania. En los últimos días de 2025, los precios habían mostrado una leve recuperación, impulsados por una mayor percepción de riesgo geopolítico, aunque sin señales disruptivas.
El impacto sobre Argentina y Vaca Muerta aparece como uno de los puntos más observados por el sector energético regional. Según Bronstein, el desarrollo del yacimiento neuquino está directamente vinculado a la evolución de los precios internacionales de referencia. “Si ante un aumento fuerte de la producción venezolana se viera una baja de los precios, desalentaría las inversiones en Vaca Muerta”, señaló el especialista a Forbes.
En sentido inverso, advirtió que un escenario de mayor riesgo geopolítico que limite el flujo de crudo venezolano podría impulsar los precios y favorecer la producción argentina. De todos modos, aclaró que los grandes proyectos de exportación en la cuenca neuquina están liderados mayormente por empresas nacionales y cuentan con planes de desarrollo ya definidos, por lo que no deberían verse afectados de forma directa por la competencia venezolana en el corto plazo.
Vaca Muerta tiene en marcha proyectos de gran escala, cuya velocidad de ejecución depende del equilibrio entre costos de extracción y precios internacionales. En ese contexto, la eventual reaparición de Venezuela como actor relevante del mercado podría influir en la dinámica regional, aunque no de manera inmediata.
Otro punto destacado por Forbes es el impacto de la decisión sobre el vínculo energético con China, principal destino del crudo venezolano. Actualmente, más de 700.000 barriles diarios tienen como destino el gigante asiático. Trump aseguró que bajo control estadounidense “el petróleo de Venezuela va a fluir y China va a seguir contando con ese suministro”, habilitando además a otros países a negociar tras la flexibilización de restricciones que Washington había impuesto en años previos.
Aun bajo sanciones, Chevron continuó operando en Venezuela como uno de los principales productores privados, con unos 250.000 barriles diarios, exportados a Estados Unidos mediante permisos especiales otorgados tanto durante la gestión de Joe Biden como en la actual presidencia de Trump, según detalló Forbes.

El consenso entre los analistas citados por Forbes es que 2026 se perfila como un año de abastecimiento cómodo de crudo, con precios contenidos, mientras que para 2027 se anticipa un posible repunte, sujeto a la evolución de los conflictos globales y a las expectativas de demanda. En ese tablero, la decisión de Estados Unidos de asumir la gestión del petróleo venezolano agrega una variable de peso que el mercado seguirá de cerca.
“Vamos a gobernar el país hasta que podamos lograr una transición segura, apropiada y racional”, sentenció Trump, de acuerdo con Forbes, dejando en claro que el petróleo venezolano dejó de ser una ficha más de negociación para convertirse en un activo estratégico bajo control de Washington. La reacción de los mercados financieros en los próximos días será clave para dimensionar el alcance real de este giro y su impacto sobre la energía global y regional.