Agricultores Federados Argentinos (AFA), la mayor cooperativa primaria del país, consolidó en el último año un ambicioso plan de inversiones que combina infraestructura, valor agregado, innovación tecnológica y diversificación productiva, con el objetivo de fortalecer a los pequeños y medianos productores y sostener el desarrollo de más de 130 localidades del interior. La estrategia, encabezada por su presidente Darío Marinozzi, se desplegó entre septiembre de 2024 y noviembre de 2025, período en el que la entidad ejecutó desembolsos por más de u$s65 millones, manteniendo un ritmo anual que no baja de u$s35 a u$s40 millones.
La magnitud de estas inversiones adquiere relevancia en un escenario económico desafiante para el sector agroindustrial, atravesado por tensiones cambiarias, presión impositiva y cautela productiva. Aun así, la cooperativa cerró un año con resultados positivos y proyecta excedentes favorables al finalizar su ejercicio en febrero, respaldada por una estructura financiera sólida y una política de reinversión sostenida.
Uno de los hitos más visibles del período fue la inauguración de una planta de insumos biológicos en el parque industrial Comirsa, en el eje San Nicolás–Ramallo. Con una inversión superior a u$s6 millones, el emprendimiento se integró a la planta de fitosanitarios ya existente y consolidó una apuesta estratégica por tecnologías más eficientes y sustentables. En paralelo, AFA continuó con obras de modernización y reparación en su red de plantas de acopio, despachos de insumos y unidades operativas distribuidas en diez provincias.
La cooperativa también avanzó en la creación de una compañía de seguros propia, orientada a la cobertura de granizo para el sector agropecuario. El proyecto, denominado Arraigo, se encuentra en proceso de inscripción ante la Superintendencia de Seguros y apunta a estar operativo para la próxima campaña, ampliando el abanico de servicios financieros para sus asociados.

En el plano industrial, uno de los proyectos de mayor escala en carpeta es la construcción de una planta de bioetanol, concebida como un complejo integral que permitiría transformar granos en energía y carne, incorporando feedlot y frigorífico. El diseño contempla una capacidad inicial de 400 metros cúbicos diarios, con posibilidad de duplicación, y localizaciones potenciales en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. La iniciativa, sin embargo, permanece condicionada a cambios en el marco regulatorio de los biocombustibles, particularmente en lo referido al esquema de cupos y al nivel de corte obligatorio.
La estrategia logística también ocupa un lugar central en el plan de expansión. En Timbúes, AFA adquirió un predio de 360 hectáreas, del cual ya comercializó una parte para el desarrollo de un puerto multipropósito vecino. Sobre el área restante, la cooperativa proyecta iniciar en 2026 la construcción de un centro logístico para almacenaje y descarga de fertilizantes, con la opción de avanzar en etapas posteriores hacia servicios de elevación propios. Esta flexibilidad comercial permite priorizar el mercado interno cuando los precios locales resultan más convenientes para los asociados, aprovechando un volumen de acopio que oscila entre 6 y 6,5 millones de toneladas.
El criterio que guía cada inversión responde a una lógica territorial y cooperativa. AFA busca que los proyectos generen valor agregado local, empleo y servicios en pueblos donde, en muchos casos, la entidad es uno de los principales motores económicos. Bajo el concepto de “de la semilla a la mesa”, la cooperativa integra distintos eslabones de la cadena: una aceitera en Los Cardos, un molino harinero de alta tecnología en San Martín de las Escobas, una planta de alimentos balanceados en Arteaga y una unidad de procesamiento de legumbres en Rueda, desde donde exporta a más de 40 países, incluido China.
Esta estructura productiva se complementa con una división de alimentos para consumo masivo, orientada a llegar a las góndolas, y con nuevos proyectos en evaluación que podrían desarrollarse junto a los propios asociados. El objetivo es ofrecer alternativas de inversión a productores que buscan diversificar y participar en iniciativas de mayor escala bajo el paraguas cooperativo.
En términos sociales y productivos, AFA sostiene un perfil histórico de defensa de los pequeños y medianos productores, en un contexto marcado por la concentración del agro desde la década del 90. La cooperativa cuenta hoy con 15.000 socios activos y suma entre 300 y 400 nuevos asociados por año, incluyendo en los últimos tiempos a productores de mayor escala atraídos por la solvencia y la transparencia del modelo. El principio cooperativo de igualdad política se mantiene intacto, sin límites de tamaño para la participación.
La situación actual del productor, no obstante, impone cautela. A pesar de una cosecha récord de trigo y perspectivas climáticas favorables para la campaña gruesa, persisten los efectos financieros de la última sequía y preocupaciones vinculadas al tipo de cambio, las retenciones y la apertura de importaciones en sectores industriales sensibles. En este escenario, la cooperativa cumple un rol de amortiguación, facilitando refinanciaciones y apoyo para sostener la actividad.
Otro frente de atención es el debate impositivo. Desde AFA observan con preocupación la posibilidad de que una eventual reforma tributaria vuelva a poner en discusión la aplicación del Impuesto a las Ganancias a las cooperativas, una medida que, advierten, impactaría de lleno en el interior productivo y en entidades que reinvierten sus excedentes en servicios y desarrollo local.

Mirando hacia adelante, la cooperativa proyecta profundizar su perfil innovador. Entre las iniciativas en marcha se destacan la participación en fondos de capital emprendedor, el impulso a una universidad cooperativa y mutual, la instalación de aulas híbridas en centros primarios para facilitar el acceso a estudios superiores sin migración urbana, una red propia de estaciones meteorológicas y la creación de un fondo de inversión rotatorio para proyectos tecnológicos y biotecnológicos liderados por jóvenes.
En paralelo, AFA se prepara para encarar una remodelación integral de su sede central, un edificio histórico recuperado en 2004, que será transformado en un espacio moderno con oficinas colaborativas, áreas de streaming y un nuevo auditorio, pensado como punto de encuentro para los asociados.
Con casi un siglo de trayectoria, Agricultores Federados Argentinos apuesta a consolidar un modelo cooperativo sólido, diversificado y orientado al largo plazo, capaz de integrar producción, industria, tecnología y educación, y de sostener al entramado productivo del interior en un contexto económico volátil.