El estrés térmico en vacas lecheras se consolida como uno de los principales desafíos productivos de los tambos argentinos durante el verano, cuando las altas temperaturas y la humedad afectan el consumo, la salud animal y los niveles de producción de leche. Investigaciones recientes desarrolladas en Santa Fe, a partir del uso de tecnologías de precisión, demuestran que es posible anticiparse a estos efectos mediante el monitoreo continuo del comportamiento y la fisiología de los rodeos, una estrategia clave para sostener la eficiencia del sistema lechero en los meses críticos.
El trabajo se centró en evaluar cómo distintas variables fisiológicas y conductuales cambian frente al aumento del Índice de Temperatura y Humedad (ITH), un indicador ampliamente utilizado para estimar el impacto del calor sobre el ganado. A partir de sensores colocados en los animales, los investigadores registraron datos de rumia, consumo de alimento, actividad, posición corporal y frecuencia respiratoria, lo que permitió identificar señales tempranas de estrés térmico, incluso antes de que los síntomas resulten evidentes a simple vista.
Los resultados confirmaron que, cuando el ITH supera el umbral de 68 —e incluso con valores inferiores en vacas de alta producción—, se producen alteraciones significativas en el comportamiento animal. Entre los primeros signos aparece una disminución del tiempo de rumia, estrechamente vinculada al consumo de alimento y al correcto funcionamiento del rumen. Esta caída funciona como una alerta temprana que permite intervenir antes de que el estrés se traduzca en pérdidas productivas.

El estudio se realizó sobre vacas Holstein en un sistema de tambo robotizado, lo que facilitó el seguimiento permanente de los animales y la integración de datos ambientales con información productiva. A medida que las temperaturas se incrementaron, se observó una reducción del consumo de materia seca, un aumento de la frecuencia respiratoria y cambios en los patrones normales de actividad diaria, todos indicadores consistentes con un cuadro de estrés térmico progresivo.
Uno de los aportes centrales de la investigación fue demostrar que el impacto del calor no se limita a las vacas en ordeñe. Las vacas secas y preparto también presentan una alta sensibilidad al estrés térmico, que se intensifica conforme avanza la gestación. Esta situación puede comprometer no solo el bienestar del animal, sino también su desempeño reproductivo y productivo en la lactancia siguiente, lo que refuerza la necesidad de adoptar estrategias de mitigación que abarquen a todo el rodeo.
Durante los períodos de altas temperaturas, los sensores detectaron que las vacas pasan más tiempo de pie, reducen los períodos de descanso y modifican sus hábitos de alimentación, concentrando el consumo en momentos más frescos del día. Si bien estos cambios pueden observarse en el campo, la tecnología permite cuantificarlos de manera objetiva y automatizada, ofreciendo información precisa para la toma de decisiones.
La posibilidad de anticiparse resulta determinante. Intervenir cuando los indicadores comienzan a mostrar variaciones leves permite reducir la carga calórica sobre los animales y evitar que el problema se agrave. Entre las señales más relevantes que surgen del monitoreo se destacan el menor acercamiento al comedero, la reducción del consumo, el aumento del tiempo en posición de pie, la respiración acelerada y la caída sostenida de la rumia.
En este contexto, el manejo diario del tambo adquiere un rol central. Garantizar acceso permanente a agua limpia y fresca es una de las recomendaciones básicas para atravesar el verano. En vacas de alta producción, el consumo diario puede superar los 100 litros, por lo que cualquier limitación en la disponibilidad o calidad del agua impacta de forma directa en la producción de leche y en la capacidad del animal para regular su temperatura corporal.
La alimentación es otro eje crítico. En sistemas que utilizan ración totalmente mezclada (TMR), los especialistas aconsejan concentrar el suministro en los momentos de menor temperatura, como las primeras horas de la mañana y al anochecer. Esta estrategia busca evitar que el calor generado durante la digestión coincida con las horas de mayor estrés térmico, reduciendo así el impacto negativo sobre el consumo y el metabolismo.

A su vez, la utilización de forrajes de buena calidad y alta digestibilidad contribuye a disminuir el calor metabólico producido durante la fermentación ruminal. A estas medidas se suman prácticas de confort animal ampliamente conocidas, como la provisión de sombra suficiente, una ventilación adecuada en los corrales y, cuando el sistema lo permite, la implementación de sistemas de refrescado mediante ventiladores y aspersores.
Si bien muchas de estas herramientas forman parte del manejo habitual de los tambos, los investigadores subrayan que su efectividad depende de aplicarlas de manera anticipada. El aporte diferencial de las tecnologías de precisión reside justamente en su capacidad para advertir cambios sutiles en el comportamiento animal, cuando todavía es posible actuar de forma preventiva y con menores costos.
El avance de estas tecnologías abre un nuevo escenario para la producción lechera, en el que la gestión basada en datos gana protagonismo frente a decisiones reactivas. El monitoreo continuo no solo permite mitigar el impacto del calor, sino también mejorar el bienestar animal, optimizar el uso de recursos y reducir las pérdidas económicas asociadas a los eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes.

De cara al futuro, la integración de sensores, información climática y herramientas de pronóstico se perfila como una de las estrategias más eficaces para fortalecer la resiliencia del tambo frente al cambio climático. En un contexto de veranos más largos e intensos, anticiparse al estrés térmico deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad productiva.
La experiencia demuestra que la combinación de tecnología, manejo y planificación permite atravesar los meses de calor con menor impacto sobre la producción y la salud del rodeo. Así, el desafío del verano encuentra respuestas concretas en la innovación aplicada al campo, con soluciones que apuntan a sostener la eficiencia y la sustentabilidad de la lechería argentina.