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Dos argentinas conquistaron Ámsterdam con alfajores y recibieron una visita inesperada de la Reina Máxima

Marisol Capozzi y Nina Aranda consolidaron su pastelería en Países Bajos y la visita privada de Máxima Zorreguieta impulsó su proyecto

Dos argentinas conquistaron Ámsterdam con alfajores y recibieron una visita inesperada de la Reina Máxima
sábado 10 de enero de 2026

Dos emprendedoras argentinas consolidaron un proyecto gastronómico en Ámsterdam que trascendió fronteras y ganó notoriedad tras una visita inesperada: la reina Máxima Zorreguieta ingresó de forma privada a su local, probó sus productos y generó un fuerte impacto en la visibilidad del emprendimiento. El hecho ocurrió a comienzos de enero de 2026 en uno de los dos locales que Marisol Capozzi y Nina Aranda gestionan en la capital de Países Bajos y resulta relevante por el posicionamiento que alcanzó una marca creada desde cero por dos migrantes argentinas en uno de los mercados más exigentes de Europa. La historia fue reconstruida según informó la Revista Gente.

Capozzi y Aranda, ambas de 37 años, son fundadoras de Amsterdam Baking Company, una pastelería especializada en productos tradicionales argentinos como alfajores, medialunas, empanadas y facturas. El proyecto nació de manera artesanal y hoy cuenta con dos puntos de venta: uno en el barrio de Oost —el que recibió la visita de la reina— y otro en pleno centro de Ámsterdam, a pocos metros de la residencia real.

Dos argentinas conquistaron Ámsterdam con alfajores y recibieron una visita inesperada de la Reina Máxima

La visita de Máxima ocurrió durante una jornada laboral habitual. La reina ingresó sin comitiva visible, vestida de manera informal y con una actitud que sorprendió tanto a las dueñas como al personal. De acuerdo al testimonio de las emprendedoras, solicitó discreción y pidió que no se grabarán imágenes durante su paso por el local. Probó una selección de productos característicos de la carta, entre ellos alfajores, facturas y empanadas, y mostró interés por los procesos de elaboración y la maquinaria utilizada en la cocina.

El impacto fue inmediato. Tras conocerse el episodio, numerosos clientes comenzaron a acercarse al local para pedir “lo que comió Máxima”, lo que fortaleció la demanda y la visibilidad del emprendimiento en redes sociales y en medios locales. Para las fundadoras, el hecho funcionó como una validación inesperada del camino recorrido.

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Una marca que nació en plena incertidumbre

La historia de Amsterdam Baking Company comenzó en 2019, cuando Capozzi y Aranda se conocieron trabajando en la apertura de un pequeño hotel en Ámsterdam. El proyecto no prosperó y ambas enfrentaron meses de frustración profesional. Sin embargo, ese contexto dio lugar a una idea alternativa: comenzar a producir pastelería por cuenta propia.

El primer impulso llegó con un pedido puntual de banana bread. Luego siguieron brownies y otros productos caseros elaborados desde sus hogares. El nombre del emprendimiento surgió con una proyección inicial de convertirse en proveedoras de cafeterías y restaurantes. Pero el rumbo cambió durante la pandemia.

En 2020, Aranda publicó en un grupo de argentinos residentes en Países Bajos una tanda de medialunas artesanales. La respuesta fue inmediata. La demanda creció entre compatriotas que no podían viajar y buscaban sabores asociados a la identidad y la memoria afectiva. Así entendieron que no solo ofrecían productos gastronómicos, sino también una experiencia emocional.

Durante más de un año trabajaron desde sus casas y luego desde una dark kitchen, con envíos a distintos puntos del país. Ese crecimiento sostenido les permitió abrir su primer local físico, que rápidamente se consolidó. A los pocos meses, lograron acceder a un segundo espacio comercial en el centro de la ciudad.

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Identidad argentina en el corazón de Europa

Uno de los desafíos centrales del proyecto fue introducir productos poco conocidos en el mercado holandés. Las emprendedoras explican que gran parte de su trabajo consistió en educar al consumidor: aclarar que la medialuna no es un croissant, que la empanada argentina tiene identidad propia y que el alfajor no tiene equivalente directo en la pastelería europea.

La adaptación cultural también exigió ajustes comerciales. En Países Bajos no existe el hábito de la merienda como en Argentina y la compra por docena de facturas resulta inusual. Aun así, el emprendimiento logró posicionarse a partir de la autenticidad del producto y la constancia en la calidad.

El alfajor se transformó en el emblema de la marca. Las dueñas sostienen que combina complejidad técnica con valor simbólico y que representa mejor que ningún otro producto el espíritu del proyecto. Su objetivo a mediano plazo es exportarlo a otros mercados europeos.

Dos argentinas conquistaron Ámsterdam con alfajores y recibieron una visita inesperada de la Reina Máxima

Un vínculo previo con la reina

La visita de Máxima no fue un hecho completamente aislado dentro del universo simbólico del emprendimiento. Las emprendedoras ya habían elaborado alfajores de maicena para eventos vinculados a la monarquía y utilizan una receta que la propia reina difundió años atrás durante un cumpleaños, atribuida a su madre. Ese dato fue compartido durante el encuentro y generó un momento de cercanía que ambas recuerdan con especial emoción.

Durante su paso por el local, la reina recorrió la cocina, consultó sobre los procesos de producción y se mostró interesada en la historia del negocio. Para las dueñas, ese gesto reforzó la idea de que su proyecto logró trascender la lógica comercial y convertirse en un espacio de identidad cultural.

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De emprendimiento casero a empresa sustentable

Hoy, Amsterdam Baking Company funciona con una estructura profesionalizada. Capozzi se encarga principalmente de la gestión administrativa y financiera, mientras que Aranda lidera el área creativa y productiva. Esa división de roles permitió ordenar el crecimiento y sostener la viabilidad económica del proyecto.

Más allá del impacto mediático por la visita real, ambas coinciden en que el verdadero valor del emprendimiento reside en el vínculo cotidiano con los clientes. Argentinos residentes, turistas latinoamericanos y ciudadanos europeos se acercan al local en busca de una experiencia distinta. En muchos casos, explican, los productos despiertan recuerdos de viajes, afectos o momentos personales ligados a Argentina.

En sus propios términos, las fundadoras definen el espacio como una “sucursal emocional” del país en el norte de Europa. La ambientación, la música y el idioma forman parte de esa propuesta: crear un entorno donde el visitante pueda sentirse, aunque sea por unos minutos, más cerca de casa.

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Un caso de emprendedurismo con proyección internacional

La historia de Capozzi y Aranda sintetiza varios rasgos del emprendedurismo contemporáneo: resiliencia frente al fracaso inicial, capacidad de adaptación cultural, lectura de nichos emocionales y construcción de marca desde la autenticidad. La visita de Máxima funcionó como catalizador de visibilidad, pero el recorrido previo explica por qué el proyecto logró sostenerse y crecer.

Dos argentinas conquistaron Ámsterdam con alfajores y recibieron una visita inesperada de la Reina Máxima

A futuro, las fundadoras proyectan ampliar la producción de alfajores y avanzar hacia un modelo de exportación dentro de Europa, sin perder el carácter artesanal que define a la marca. Su prioridad, afirman, es preservar la calidad y la identidad que las distingue.

En un mercado competitivo como el europeo, dos emprendedoras argentinas lograron instalar una propuesta propia, generar comunidad y captar la atención incluso de la realeza. No se trata solo de una historia gastronómica, sino de un caso concreto de cómo la identidad cultural puede transformarse en valor económico sostenible.



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