El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur ingresó en su fase decisiva tras obtener el aval político de una mayoría de países europeos, lo que abre la puerta a su firma formal en las próximas semanas y a un posterior tratamiento en el Parlamento Europeo. Para el bloque sudamericano, el capítulo más sensible es el de la carne vacuna, un producto estratégico para Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, que accede al mercado europeo con mejoras arancelarias, pero bajo un esquema de cuotas acotadas y con mecanismos de salvaguarda diseñados para proteger a los productores europeos.
La relevancia del entendimiento radica en que establece, por primera vez de manera integral, reglas estables para el comercio agroindustrial entre dos regiones que concentran más de 700 millones de consumidores. Sin embargo, lejos de representar una apertura plena, el texto consolida un modelo de acceso gradual y condicionado.
El punto central del acuerdo es la creación de una cuota de exportación de 99.000 toneladas equivalente carcasa, lo que representa alrededor de 76.000 toneladas de producto comercializable según los criterios técnicos europeos. Esa cuota contará con un arancel preferencial, inferior al vigente para los embarques fuera de contingente.
En términos absolutos, se trata de un volumen significativo para los países exportadores del Mercosur, pero pequeño en relación con el tamaño del mercado europeo, que consume cerca de 8 millones de toneladas de carne vacuna por año. Esa relación explica por qué los analistas coinciden en que el impacto será moderado en el corto plazo, aunque relevante desde el punto de vista estratégico.
Un desafío adicional será la distribución interna de la cuota entre los países del bloque y, luego, entre empresas exportadoras, un proceso que suele generar tensiones y negociaciones complejas.

Uno de los cambios más valorados por el sector exportador es la eliminación del arancel del 20% que hoy grava la cuota Hilton, un contingente histórico de cortes de alta calidad destinado a Europa. La desgravación permitirá mejorar el ingreso neto por tonelada exportada y podría traducirse en una mayor competitividad para los frigoríficos sudamericanos.
Para Argentina, tradicional líder en el abastecimiento de la cuota Hilton, este punto representa la ventaja más concreta del acuerdo. El país cuenta con un posicionamiento consolidado en el segmento premium del mercado europeo, y la mejora arancelaria fortalece ese lugar en un contexto de creciente competencia internacional.
Uruguay también aparece bien posicionado para aprovechar el nuevo escenario. Su perfil exportador, centrado en carnes de alta calidad y con fuerte trazabilidad, coincide con las exigencias de los consumidores europeos. No obstante, el margen de crecimiento estará condicionado por la disponibilidad de hacienda y por la competencia con otros destinos que hoy ofrecen precios atractivos.
El impacto del acuerdo no será homogéneo dentro del bloque. Brasil, principal exportador mundial de carne vacuna, tiene una presencia más limitada en el segmento premium europeo y una oferta concentrada en cortes congelados de menor valor. En ese marco, la nueva cuota aparece como una oportunidad adicional, pero no modifica de manera estructural su estrategia exportadora.
Para Paraguay, en cambio, el entendimiento representa sobre todo una puerta a futuro. Hoy la Unión Europea no figura entre sus principales destinos, pero el nuevo marco normativo podría facilitar una inserción gradual si el país logra adaptar su oferta a los estándares sanitarios y comerciales europeos.
Para atender las preocupaciones de los productores europeos, el acuerdo incorpora una cláusula de salvaguarda específica para la carne vacuna. Esta herramienta permite a la Unión Europea aplicar restricciones temporales si las importaciones crecen más de un 10% interanual o si los precios internos caen en igual proporción.
Además, persisten condicionantes regulatorios que pueden actuar como barreras indirectas al comercio. Entre ellas se destaca la normativa europea sobre deforestación, cuya entrada en vigor fue postergada, pero que podría exigir mayores controles de trazabilidad ambiental sobre la producción ganadera del Mercosur.
Estas exigencias, aunque presentadas como instrumentos de sostenibilidad, generan preocupación en el sector exportador por su potencial impacto sobre los costos y la competitividad.
Tras más de dos décadas de negociaciones, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur constituye un hito político y comercial. Para la carne vacuna, ofrece mejoras concretas en términos de acceso y previsibilidad, pero dentro de un marco claramente delimitado por cuotas, aranceles residuales y mecanismos de protección.
No se trata de una transformación radical del comercio internacional de carne, sino de un avance gradual que puede consolidar la presencia del Mercosur en uno de los mercados más exigentes del mundo. En un contexto de cambios en los hábitos de consumo europeos y de creciente presión regulatoria, la clave para los exportadores sudamericanos será maximizar el valor de cada tonelada exportada, más que apostar únicamente al volumen.