Las exportaciones de vino tocaron piso en 2025 y el sector enfrenta un 2026 de ajuste y cautela

Con el menor volumen en más de dos décadas y una caída también en valor, las bodegas miran al próximo año con expectativas moderadas y foco en eficiencia

Las exportaciones de vino tocaron piso en 2025 y el sector enfrenta un 2026 de ajuste y cautela
miércoles 14 de enero de 2026

Las exportaciones de vino argentino cerraron 2025 con el peor registro en más de veinte años: el país vendió al exterior 1,93 millones de hectolitros y facturó US$ 661 millones FOB, según datos oficiales del sector. El retroceso, que implica una baja interanual del 6,8% en volumen y del 7,2% en valor, se explica por la combinación de menor consumo global, dificultades de competitividad y un contexto internacional adverso para la industria. La magnitud de la caída reabre el debate sobre el posicionamiento del vino argentino en los mercados externos y marca un punto de inflexión para las estrategias comerciales de las bodegas en 2026.

Los números publicados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirmaron que el desempeño del último año fue el más bajo desde 2004 en términos de volumen exportado y el más débil desde 2009 en términos de ingresos por ventas externas. Aunque diciembre mostró señales mixtas —con una leve mejora interanual del 3,9% en valor exportado durante ese mes—, el repunte no alcanzó para revertir la tendencia negativa acumulada durante gran parte del año.

Las exportaciones de vino tocaron piso en 2025 y el sector enfrenta un 2026 de ajuste y cautela

El desempeño dispar entre categorías también quedó en evidencia en el cierre anual. Mientras el vino fraccionado logró crecer un 10,8% en diciembre, el vino a granel sufrió una fuerte contracción del 29,5%, profundizando la caída general del sector. Esta dinámica refleja un cambio en la estructura de la demanda externa, pero también las dificultades para sostener competitividad en segmentos de alto volumen y bajo precio.

La comparación histórica muestra la dimensión del retroceso. Durante la última década, la Argentina llegó a registrar picos cercanos a los US$ 921 millones FOB en 2012 y US$ 897 millones FOB en 2021, mientras que en volumen alcanzó casi 3,9 millones de hectolitros en 2020. El nivel de 2025 no solo queda muy por debajo de esos máximos, sino que se asemeja a cifras de hace más de veinte años, cuando el país exportaba alrededor de 1,5 millones de hectolitros.

Otro dato que preocupa a la industria es la evolución del precio promedio por litro, que pasó de US$ 3,44 a US$ 3,42, una baja leve pero significativa en un contexto donde el sector había apostado a sostener valor para compensar la pérdida de volumen. Para algunos analistas, esa estrategia de priorizar precio por sobre cantidad terminó limitando la recuperación de mercados, especialmente en segmentos sensibles al costo final.

El contexto internacional aparece como uno de los factores centrales para entender la caída. Según explicó Ramiro Barrios, referente del área de Exportaciones de Bodegas de Argentina, “este año se dio la coincidencia de que varias regiones están encontrando problemas para colocar sus vinos: pasa en Argentina, en Estados Unidos, en Burdeos y en Australia”. El especialista señaló además que diciembre permitió moderar parcialmente la baja anual: “Ese crecimiento de diciembre sirvió para disminuir la caída que se venía dando durante el año”, afirmó.

Barrios también puso el foco en la evolución del consumo global. “Los dos grandes motores del consumo de vino en los últimos 10 o 15 años han sido Estados Unidos y China, y hoy esos motores han dejado de empujar”, explicó. En el caso chino, la retracción comenzó con políticas de austeridad y se profundizó tras la pandemia. En Estados Unidos, el consumo se vio afectado por la inflación, las tasas de interés y la incertidumbre económica. A ese fenómeno se suma una tendencia más amplia hacia la moderación en el consumo de alcohol, que atraviesa a varios mercados desarrollados.

Las exportaciones de vino tocaron piso en 2025 y el sector enfrenta un 2026 de ajuste y cautela

La lectura es compartida por Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), quien sostuvo que el sector todavía no logra recuperarse del fuerte impacto sufrido en 2023. “Hubo un shock muy fuerte en 2023, del cual no nos recuperamos ni en 2024 ni en 2025”, afirmó. Según detalló, hasta 2022 el país mantenía exportaciones cercanas a los 200 millones de litros de vino fraccionado, pero ese volumen cayó a alrededor de 150 millones de litros, una merma cercana al 25%.

Rada también advirtió sobre los límites de la estrategia de suba de precios en dólares. “Eso refuerza la caída de cantidades, sobre todo en un mercado internacional donde hoy el precio es clave y ganar un poco de espacio cuesta mucho”, sostuvo. En su visión, la combinación de menor volumen, mayor competencia y pérdida de competitividad cambiaria deja al vino argentino en una posición más frágil frente a otros orígenes.

Aun así, el mapa de mercados muestra matices. Canadá aparece como uno de los destinos donde el vino argentino logró crecer, favorecido por cambios en las góndolas tras tensiones comerciales con Estados Unidos. También se registraron desempeños positivos en Colombia y, en menor medida, en Rusia, mientras que el Reino Unido figura entre los mercados donde se perdieron posiciones. El balance general, sin embargo, sigue siendo negativo y confirma un escenario internacional más exigente.

En ese contexto, las oportunidades más relevantes se proyectan a largo plazo. Un eventual acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur podría mejorar el acceso a mercados clave, aunque su impacto no sería inmediato. En Estados Unidos, donde el vino argentino paga un arancel del 10%, algunos analistas observan un margen para estabilizar las ventas si se ajustan estrategias de precios y posicionamiento. Las proyecciones más optimistas hablan de un crecimiento moderado, del orden del 2% al 3%, principalmente en las gamas más bajas.

Para 2026, las expectativas dentro del sector son prudentes. Barrios anticipó que será un año “de mucho trabajo” y reconoció que el contexto internacional no muestra señales claras de mejora en el corto plazo. “Las bodegas van a tener que trabajar más intensamente para mantener posiciones”, advirtió, y subrayó la necesidad de buscar mayor eficiencia interna y también en la relación con el consumidor final para sostener competitividad.

Rada coincidió en la cautela. “A nivel sectorial no es bueno. Lo que uno busca es que se exporte la mayor cantidad de litros posible”, señaló al evaluar el resultado de 2025. Para mejorar ese desempeño, consideró clave avanzar hacia un escenario de mayor previsibilidad macroeconómica y advirtió que, pese a cierta estabilidad inflacionaria, el tipo de cambio real para la exportación sigue siendo un condicionante para el negocio.

El segmento del vino a granel abre un capítulo particular. Allí, algunos observan oportunidades vinculadas a cosechas más débiles en países como España, uno de los grandes jugadores globales. “Puede haber un espacio ahí”, admitió Rada, aunque remarcó que los volúmenes actuales de exportación argentina en esta categoría son muy bajos, por debajo de los 50 millones de litros. La comparación de costos expone el desafío: mientras España exporta granel a 40 o 45 centavos de dólar por litro, Argentina apenas logra competir por debajo de un dólar, debido principalmente a costos logísticos y de flete.

El cierre de 2025 deja, así, un diagnóstico claro: el vino argentino enfrenta un escenario externo más competitivo, un consumo global en retroceso y limitaciones estructurales que condicionan su desempeño exportador. Al mismo tiempo, el sector conserva atributos —diversidad de terroirs, reconocimiento internacional y capacidad productiva— que sostienen expectativas de recuperación gradual si mejoran las condiciones macroeconómicas y se consolidan estrategias comerciales más ajustadas al nuevo contexto.

Para las bodegas, el desafío inmediato será equilibrar precios, volumen y posicionamiento en mercados cada vez más sensibles al valor. Para el país, la evolución de las exportaciones de vino vuelve a plantear una pregunta de fondo: cómo sostener la competitividad de una de las economías regionales más emblemáticas en un escenario global que ya no ofrece el viento de cola de años anteriores.



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