Brasil quedó bajo la lupa de Estados Unidos luego de que el presidente Donald Trump advirtiera que los países que mantengan relaciones comerciales con Irán podrían enfrentar un arancel del 25% en sus intercambios con Washington. La señal, formulada en medio de una escalada de tensión interna en el país de Medio Oriente, reabre un escenario de incertidumbre para la economía brasileña, que en los últimos años profundizó su vínculo exportador con Teherán. La información fue difundida por el medio Ámbito.
La advertencia del mandatario estadounidense adquiere relevancia porque Irán es hoy uno de los principales destinos de productos agrícolas brasileños. En 2024, el intercambio comercial entre ambos países dejó para Brasil un superávit de US$2.900 millones, explicado en gran parte por el volumen de exportaciones de granos. Según datos comerciales citados por Ámbito, el maíz representó el 67,9% de los envíos brasileños a Irán, mientras que la soja explicó otro 19,3%, lo que convierte a estos dos productos en pilares centrales del vínculo bilateral.
La situación internacional agrega presión al escenario. Irán atraviesa una de las mayores olas de protestas internas de los últimos años, con episodios de inestabilidad política que ya generaron reacciones en distintos frentes. En ese contexto, Trump afirmó que “cualquier país que haga negocios con Irán enfrentará una tasa arancelaria del 25% en cualquier comercio con Estados Unidos”, una frase que fue interpretada en los mercados como una señal de endurecimiento de la política exterior y comercial de Washington.
Para Brasil, la amenaza no es abstracta. A mediados de 2025, el país ya había enfrentado aranceles adicionales de Estados Unidos sobre productos sensibles como la carne vacuna, el café y el jugo de naranja. Si bien luego Washington decidió levantar parcialmente esas medidas para evitar impactos inflacionarios en su mercado interno, algunos sectores continúan afectados. Productos como el calzado, el pescado y la madera todavía enfrentan barreras arancelarias, lo que muestra que la relación comercial bilateral se mantiene en un equilibrio frágil.

El peso del comercio agrícola con Irán es particularmente significativo en el caso del maíz. Los datos disponibles indican que en el último año Irán fue el principal destino del maíz brasileño, con compras por 9,1 millones de toneladas métricas. Esa cifra supera incluso el volumen combinado importado por Egipto y China, que alcanzó las 9,5 millones de toneladas. El dato ilustra con claridad hasta qué punto el mercado iraní se volvió estratégico para el agro brasileño.
La relación comercial no es unidireccional. Brasil también importa productos desde Irán, aunque en volúmenes mucho menores. En 2024, las compras brasileñas al país persa rondaron los US$85 millones, concentradas principalmente en fertilizantes como la urea, además de frutas y frutos secos. Para el sector agropecuario brasileño, estos insumos resultan relevantes en términos de costos y planificación productiva, lo que suma otro factor de complejidad a cualquier alteración en el vínculo bilateral.
El eventual endurecimiento de la política comercial estadounidense podría tener efectos en varias capas. En primer lugar, porque Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales de Brasil y un destino clave para sus exportaciones industriales y agroindustriales. En segundo término, porque un aumento de aranceles podría afectar la competitividad de productos brasileños en el mercado norteamericano, con impacto directo sobre sectores que ya operan con márgenes ajustados.
Además, el contexto global agrega volatilidad. La tensión en Medio Oriente ya provocó movimientos en el mercado energético: el precio del petróleo mostró retrocesos recientes mientras Trump adoptaba un tono más moderado en algunas declaraciones sobre Irán, aunque sin retirar la advertencia arancelaria. Al mismo tiempo, el cierre temporal del espacio aéreo iraní por razones de seguridad expuso la gravedad de la situación interna y elevó la preocupación internacional.
Para la economía brasileña, el dilema es estratégico. Por un lado, el comercio con Irán ofrece una salida relevante para su producción agrícola, especialmente en momentos en que la competencia global por mercados se intensifica. Por otro, un deterioro de la relación con Estados Unidos implicaría riesgos mayores en términos de inversión, financiamiento y acceso a mercados de alto valor agregado.

El escenario abre interrogantes también para el resto de la región. Brasil es el principal socio comercial de varios países sudamericanos y cualquier impacto significativo sobre su economía podría tener efectos indirectos en el comercio regional. A su vez, el conflicto pone de relieve cómo las decisiones de política exterior de las grandes potencias continúan condicionando el margen de maniobra de las economías emergentes.
Por ahora, no existe una medida concreta anunciada contra Brasil, pero la advertencia presidencial estadounidense funciona como un mensaje político claro. La evolución de la crisis interna en Irán, las definiciones que adopte Washington y la estrategia diplomática que despliegue Brasil en los próximos meses serán determinantes para saber si la amenaza se traduce en sanciones efectivas o queda como un elemento más dentro de la retórica de presión internacional.