El expiloto italiano Luca Betti logró transformar su experiencia en el automovilismo deportivo en un negocio de alto impacto global: fundó Kimera Automobili, una compañía que en apenas cuatro años posicionó a sus vehículos entre los más buscados por coleccionistas internacionales, con valores que superan el millón de euros. La empresa tiene sede en Cuneo, Italia, produce unidades de fabricación limitada y combina estética clásica con tecnología contemporánea, un fenómeno que redefine el mercado de autos de nicho, según informó Forbes.
Kimera se consolidó dentro de la industria de los restomods, un segmento en crecimiento que reinterpreta modelos históricos respetando su diseño original pero incorporando desarrollos modernos en motor, chasis, electrónica, suspensión y seguridad. Este modelo de negocio permite fabricar vehículos con estética clásica y prestaciones actuales, con ventajas regulatorias en ciertos mercados europeos donde estos modelos mantienen estatus legal de vehículo histórico.

La propuesta de Kimera no se limita a restaurar: sus autos son reconstruidos de forma integral. Cada componente se desarrolla desde cero y responde a estándares de ingeniería propios. Esa decisión elevó el posicionamiento de la marca dentro del segmento premium y le permitió diferenciarse de otros fabricantes europeos que optan por procesos más tercerizados.
El ADN de Kimera está profundamente vinculado a la historia del automovilismo italiano. Su inspiración principal es el legendario Lancia 037, el último vehículo de tracción trasera que logró ganar el Campeonato Mundial de Rally de Constructores en 1983, superando al revolucionario Audi Quattro.
A partir de esa herencia, Betti impulsó el desarrollo de dos modelos iniciales: EVO37 y EVO38. Ambos respetan la silueta clásica del 037, pero incorporan soluciones técnicas completamente nuevas. La diferencia entre los dos reside principalmente en el esquema de tracción y la potencia: el EVO37 mantiene tracción trasera, mientras que el EVO38 adopta tracción integral.
Los motores fueron desarrollados por Italtecnica y combinan turbo y compresor mecánico. Se trata de bloques de cuatro cilindros y 2.1 litros que entregan entre 500 y 600 caballos de potencia, según la versión. Además, existe una edición especial denominada EVO37 Martini, producida como tributo histórico.

La producción fue deliberadamente limitada: 37 unidades para el EVO37 y 38 para el EVO38. Cada unidad se vendió originalmente entre 700.000 y 1.000.000 de euros, pero en el mercado secundario los valores actuales duplican esas cifras. Betti lo resume así: “Todos los clientes que vendieron su Kimera lo hicieron por mucho más. Algunos se vendieron por más de 1,5 millones de euros y ninguno por menos de 1 millón”.
La compañía ya trabaja en un proyecto aún más ambicioso: el K-39, un modelo completamente nuevo que dejará de ser considerado restomod. Será el primer vehículo desarrollado bajo arquitectura propia total de Kimera. Su precio estimado es de 1,6 millones de euros y la producción estará limitada a 39 unidades. De acuerdo con la información disponible, ya se vendieron 10 ejemplares antes de su presentación oficial prevista para 2026.
Este paso marca un cambio estructural para la compañía: dejar atrás la reinterpretación de modelos históricos para consolidarse como constructor independiente de automóviles de lujo.

Más allá del éxito empresarial, la trayectoria de Luca Betti tiene un componente personal que conecta directamente con la Argentina. El propio fundador contó: “Mi abuelo migró en el año 60 y esa es la causa de que yo hable español”. Su familia desarrolló actividades rurales en zonas cercanas a Buenos Aires, Chaco, Resistencia y Corrientes, y Betti pasó parte de su infancia en el país.
“Tengo una relación especial con Argentina… hay mucha gente que conozco en el país y me gusta mucho por la cultura similar a la italiana”, afirmó. Incluso reconoció que se quedó con la deuda pendiente de competir en el Rally Argentino: “Me quedo con las ganas de los tramos argentinos”.
Esa conexión también inspiró una edición especial denominada Kimera Rally Argentina, desarrollada como homenaje a las victorias históricas de Lancia en competencias disputadas en el país.

El origen de Kimera no fue resultado de grandes inversiones iniciales, sino de una estrategia basada en credibilidad personal. Betti explicó con franqueza: “No tenía el dinero para hacer un proyecto tan ambicioso… entonces fui a buscar cinco clientes que aceptaran comprar el auto con la confianza de que podía hacerlo”. Esa preventa permitió financiar el desarrollo inicial.
A partir de allí, el crecimiento fue progresivo. En 2021 presentaron el primer prototipo. En 2022 fabricaron tres unidades, en 2023 seis, en 2024 doce y en 2025 alcanzaron las veinticuatro unidades producidas. La compañía duplicó su escala año tras año, manteniendo deliberadamente la exclusividad.
Betti lo explica con claridad: “Se pueden hacer más unidades, pero siempre de una manera armónica con el crecimiento de la sociedad”.

El proceso técnico también fue evolucionando. Al comienzo, Kimera operaba bajo homologaciones simplificadas propias del mundo restomod. Sin embargo, a medida que los desarrollos fueron más complejos, la empresa avanzó hacia estándares de homologación más exigentes.
“En algunos países tuvimos que hacer homologación Euro 6, parámetros de crash tests y certificaciones completas”, explicó Betti, quien reconoció que si hubiese conocido desde el inicio la complejidad del proceso, quizás no habría comenzado: “Fue progresivo: aprender todos los días”.
Hoy Kimera integra internamente áreas como diseño, ensamblaje y desarrollo conceptual, mientras mantiene una red de proveedores especializados para componentes de alta complejidad.

A diferencia de otras marcas de lujo, Betti insiste en que Kimera no responde a una lógica de ego ni de glamour. “Esto no está hecho por ego, porque si no se podría llamar Luca Betti y no Kimera”, afirmó. Y agregó: “Es una visión. Todo fue hecho por la pasión de crear algo muy especial”.
Ese enfoque también se refleja en el perfil de sus clientes: coleccionistas con alto nivel de conocimiento automovilístico, que valoran la historia, la ingeniería y la conexión emocional con el producto. “Nuestros clientes son especiales y construimos una relación de amistad con ellos”, sostuvo.

El crecimiento de Kimera se da en paralelo a la expansión global del segmento restomod, particularmente en el norte de Italia, donde ya operan más de diez fabricantes especializados. Betti considera que este tipo de compañías tienen futuro frente a la estandarización de las grandes automotrices: “Las marcas pequeñas pueden crear productos más auténticos, mientras las grandes pierden exclusividad”.
Lejos de pensar en diversificaciones hacia moda o lifestyle, el fundador es categórico: “En los motores está la pasión”. Su visión sigue anclada al automovilismo, la ingeniería y la construcción artesanal de máquinas únicas.