A los 14 años comenzó con una verdulería en la ciudad de Córdoba y, más de tres décadas después, encabeza una de las apuestas agroproductivas más relevantes de la Patagonia. Pablo Ríos lidera un proyecto que demandará US$50 millones para transformar 2.800 hectáreas del desierto de Río Negro en una plataforma integrada de producción de alfalfa para exportación, ganadería intensiva y generación de energía a gas, con finalización prevista para 2027. La iniciativa se desarrolla sobre la ruta nacional 250, entre General Conesa y Guardia Mitre, y apunta a consolidar un nuevo polo forrajero con proyección internacional.
La inversión se apoya en un esquema tecnológico y logístico inédito para la zona: riego presurizado, bombeo desde el río Negro, goteo subterráneo, pivotes centrales, energía propia a gas natural y una futura planta de compactado de megafardos de alfalfa. El objetivo es producir con eficiencia hídrica, reducir costos energéticos y asegurar volumen y calidad para mercados externos, al tiempo que se integra un sistema ganadero de cría, recría y terminación con forraje propio.
La localización no fue casual. Uno de los factores determinantes fue la disponibilidad de gas natural, clave para resolver el costo energético del riego en una zona sin red eléctrica. El campo se abastecerá desde el gasoducto Conesa–Viedma, lo que permitirá generar energía propia mediante motores a gas, evitando la construcción de una línea eléctrica de gran extensión. El esquema prevé, además, la compra directa de gas a productores, con un consumo concentrado en verano, cuando la demanda residencial es menor.
En materia hídrica, el diseño contempla la captación de agua del río Negro, su conducción por un primer canal en el valle y un sistema de rebombeo hacia un segundo canal en la meseta, al otro lado de la ruta 250. Desde allí, el agua se distribuirá por gravedad hacia los lotes productivos. En total, 2.300 hectáreas estarán bajo riego, combinando pivotes para la implantación inicial y goteo subterráneo para maximizar rendimientos y ahorrar agua.
El esquema busca una eficiencia hídrica superior a la de los sistemas tradicionales. Con fertirriego por goteo, el consumo de agua se reduce de manera significativa, mientras que la productividad del cultivo aumenta, una variable clave en un contexto de restricciones hídricas.

La alfalfa fue elegida por su estabilidad de precios, su demanda internacional sostenida y su adaptación al clima de Río Negro bajo riego. A diferencia de la horticultura, presenta menor riesgo climático y permite planificar a largo plazo. La estrategia contempla la exportación de megafardos, con valor agregado local a partir de la planta de recompactado prevista en General Conesa.
La ganadería completa el modelo productivo. El plan es desarrollar un sistema integrado que asegure volumen, previsibilidad y control de costos, evitando la dependencia del secano. La cría y recría se apoyarán en la producción propia de alfalfa, mientras que la terminación se realizará a corral. El enfoque apunta a reducir riesgos asociados a la compra de animales en el mercado y a trabajar con genética definida.
Durante el primer año, los lotes se destinarán a horticultura y maíz como cultivos iniciales para estabilizar suelos y preparar la instalación del goteo subterráneo. La transición permitirá alcanzar rápidamente superficie en producción: entre 800 y 1.000 hectáreas en la primera etapa, con el objetivo de completar las 2.300 hectáreas regadas en el ciclo siguiente.
La magnitud del proyecto plantea desafíos logísticos que exceden el predio. Uno de los puntos estratégicos es el puerto de San Antonio Este, considerado clave para la salida de la producción de alfalfa. La consolidación de volumen exportable aparece como condición para mejorar la competitividad y potenciar la terminal portuaria como nodo de un polo forrajero regional.
La iniciativa también incluye obras internas de gran escala: canales, estaciones de bombeo, cañerías principales, caminos y desmontes selectivos. Parte de la superficie ya fue preparada, y las tareas avanzan en paralelo con la instalación de la infraestructura energética.
El perfil empresario de Ríos se forjó desde el comercio. Tras sus inicios en el rubro minorista, avanzó hacia la distribución y exportación hortícola, con especialización en cebolla, ajo y papa, y con Brasil como uno de los principales destinos. La necesidad de asegurar calidad y previsibilidad lo llevó a integrar la producción primaria, incorporando tecnología de riego, mecanización y procesos de selección y empaque.
Esa experiencia previa en transformar zonas áridas mediante riego es uno de los antecedentes del nuevo desarrollo en Río Negro. La diferencia, ahora, es la escala y la integración energética, con el gas natural como pilar del modelo.

Con una inversión total estimada en US$50 millones, el proyecto apunta a consolidarse como una plataforma exportadora de forrajes y carne, basada en agua, energía y tecnología. La finalización de las obras y la puesta en marcha completa están previstas para 2027, con impacto en empleo, producción y logística regional.
La historia detrás del emprendimiento resume un recorrido de movilidad empresarial poco frecuente: de un puesto de verduras en Córdoba a una megainversión que busca reconfigurar el desierto patagónico y posicionar a Río Negro en el mapa internacional de la alfalfa.