El laberinto más grande de Sudamérica, emplazado en la localidad bonaerense de Las Toninas, se consolida como uno de los atractivos turísticos más originales de la Costa Atlántica. A unos 330 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, dentro de un predio de 12.000 hectáreas, el espacio ofrece una propuesta recreativa al aire libre que combina desafío, contacto con la naturaleza y actividades familiares, en una zona históricamente asociada al turismo de sol y playa. La iniciativa, activa desde hace casi tres décadas, vuelve a ganar protagonismo durante la temporada de verano, cuando miles de visitantes recorren la región.
Según informó TN, el Laberinto Las Toninas está ubicado dentro del Partido de la Costa, entre las localidades de Santa Teresita y San Clemente del Tuyú, y se levanta sobre médanos naturales cubiertos por vegetación autóctona. Su cercanía con la Ruta Provincial 11 facilita el acceso tanto en vehículo particular como en transporte público, lo que lo convierte en una opción habitual para quienes buscan una escapada distinta sin alejarse demasiado del Área Metropolitana.
El atractivo central del predio es su imponente estructura de senderos delimitados por arbustos y ligustrinas, que conforman un recorrido complejo, con desniveles, escaleras y paredes verdes que alcanzan hasta cinco metros de altura. El diseño incluye cinco entradas, aunque solo una permite llegar al centro del laberinto, lo que suma dificultad y mantiene el espíritu lúdico de la experiencia. La propuesta está pensada para visitantes de todas las edades y no requiere conocimientos previos ni preparación especial.

El laberinto fue diseñado por el arquitecto Rodríguez Folia e inaugurado en 1996, en un contexto en el que Las Toninas comenzaba a diversificar su oferta turística más allá de la playa. Desde entonces, el espacio se integró al paisaje local como una de las postales más reconocibles del balneario. A lo largo de los años, el predio incorporó nuevas áreas y servicios, siempre con el objetivo de fortalecer la experiencia recreativa sin alterar el entorno natural.
Además del recorrido principal, el complejo cuenta con sectores destinados a actividades complementarias. Hay espacios para picnics, áreas de descanso bajo la arboleda y juegos recreativos como fútbol tenis, básquet y tejo, lo que amplía la permanencia de los visitantes dentro del predio. También se destaca un Vía Crucis, que cobra especial relevancia durante Semana Santa, cuando se transforma en un punto de encuentro para la comunidad religiosa local y para turistas que participan de las celebraciones.
Durante todo el año funciona una carpa de espectáculos, donde en temporada alta se ofrecen shows gratuitos y se instala una feria de artesanos, con productos regionales y propuestas culturales. El predio dispone además de un buffet, pensado para cubrir la demanda gastronómica luego de recorrer el laberinto o pasar varias horas al aire libre. La organización del espacio apunta a una experiencia integral, en la que el visitante no solo se enfrenta al desafío del recorrido, sino que también encuentra opciones para el descanso y la recreación.

El Laberinto Las Toninas se inserta dentro de una oferta turística más amplia que caracteriza al turismo bonaerense, donde conviven pequeños pueblos rurales, destinos históricos y balnearios tradicionales. En ese mapa, Las Toninas logró diferenciarse no solo por este atractivo recreativo, sino también por su rol estratégico en la infraestructura digital del país. Desde sus costas parten y llegan cables submarinos de fibra óptica que conectan a la Argentina con nodos internacionales, especialmente con América del Norte, una condición que le valió el apodo de “capital de internet”.
Si bien existe la creencia de que todo el tráfico de internet del país pasa exclusivamente por Las Toninas, especialistas aclaran que se trata de un mito parcialmente exagerado. No obstante, la localidad concentra una porción significativa del tráfico internacional y cumple un rol clave dentro del sistema de conectividad nacional, complementado por enlaces terrestres con países limítrofes y otros puntos de amarre. Esta doble identidad —turística y tecnológica— le otorga a Las Toninas un perfil singular dentro de la Costa Atlántica.
En ese contexto, el laberinto funciona como un símbolo de la diversidad de propuestas que ofrece la región. A pocos metros del mar y rodeado de dunas, el predio invita a una experiencia que se apoya en el juego, la exploración y el tiempo compartido, lejos del ruido urbano y de las pantallas. Para muchas familias, se trata de una tradición que se repite año tras año; para otros visitantes, es un descubrimiento que suma un condimento distinto a la estadía en la costa.

A casi treinta años de su inauguración, el Laberinto Las Toninas mantiene su vigencia como atractivo turístico y continúa posicionándose como un hito regional. En una zona marcada por la estacionalidad, el espacio logra sostener actividad durante todo el año y se integra a la identidad de una localidad que combina playas, naturaleza y un rol estratégico en la conectividad argentina.