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De estudiantes extranjeros a referentes de la gastronomía porteña: la historia de dos hermanos que reinventaron bares y pizzerías en Buenos Aires

Llegaron desde Colombia para estudiar y terminaron creando algunos de los espacios gastronómicos más originales de la Ciudad, con propuestas que combinan identidad, diseño y experiencia

De estudiantes extranjeros a referentes de la gastronomía porteña: la historia de dos hermanos que reinventaron bares y pizzerías en Buenos Aires
domingo 25 de enero de 2026

Llegaron a Buenos Aires desde Cali, Colombia, entre 2008 y 2009, con el objetivo de formarse profesionalmente. Más de una década después, Juan Carlos y Juan José Ortiz se consolidaron como dos de los emprendedores gastronómicos más innovadores de la ciudad, al frente de Boticario y Gordo Chanta, locales que lograron destacarse por su identidad, su propuesta estética y su capacidad de leer los cambios en el consumo urbano. Según informó Forbes, el recorrido de los hermanos es uno de los casos más singulares dentro de la escena porteña.

El primer proyecto surgió en 2012, cuando ambos cursaban sus estudios universitarios —abogacía y publicidad— y regresaron de un viaje a España con una idea clara: replicar el formato de bares de shots que habían conocido en Europa. Así nació Chupitos, en la calle Gorriti, una propuesta pensada para un público joven que rápidamente encontró su lugar en la noche porteña.

“Éramos dos pibes de 20 años que abrieron un local sin saber demasiado de lo que estaban haciendo”, reconoció Juan Carlos Ortiz en una entrevista citada por Forbes. Sin embargo, el concepto funcionó. En pocos años, Chupitos se expandió mediante un sistema de franquicias que llegó a tener cerca de diez locales, además de sucursales propias y presencia en Punta del Este, Villa Gesell y otras plazas turísticas.

El aprendizaje detrás de la expansión

El crecimiento acelerado les dejó una enseñanza clave: la importancia de los procesos, la estandarización y el control de marca. “La experiencia de franquiciar nos ayudó a entender cómo ordenar un negocio gastronómico”, explicó Juan Carlos. Pero ese mismo esquema comenzó a mostrar límites.

De estudiantes extranjeros a referentes de la gastronomía porteña: la historia de dos hermanos que reinventaron bares y pizzerías en Buenos Aires

La administración de franquicias se volvió cada vez más demandante y, con el paso del tiempo, los hermanos decidieron no renovar contratos y enfocarse en proyectos propios. La decisión marcó un punto de inflexión.

Boticario: una nueva etapa, otro público

En 2017, mientras aún cerraban el ciclo de Chupitos, alquilaron un local que inicialmente iba a funcionar como un “lado B” del bar original. Sin embargo, el resultado fue completamente distinto. Así nació Boticario, un espacio de coctelería ambientado como una farmacia de principios del siglo XX.

“La marca estaba tan amplificada que ya no nos permitía movernos con libertad”, explicó Juan José Ortiz, según consignó Forbes. El nuevo proyecto fue, en sus palabras, una forma de escapar de las reglas que ellos mismos habían construido.

Otro factor resultó determinante: el cambio generacional. “Nuestro público ya no era el mismo. Nosotros rondábamos los 30 y el target seguía teniendo 19 o 20 años”, señaló Juan José. Boticario apuntó entonces a un público más adulto, con una propuesta basada en ingredientes de estación, productores locales y una narrativa que combina ironía y precisión técnica.

Cada cóctel tiene una función “curativa” y la carta incluye recetas originales como el Sazerac de boniato y diente de león. Además, el bar desarrolló su propia cerveza estacional, una ginebra Old Tom con botánicos medicinales y versiones para llevar de tragos clásicos reinterpretados.

De la barra a la cocina profesional

Mientras Boticario se consolidaba, Juan Carlos Ortiz atravesó una experiencia clave fuera del país. En 2016 se instaló en Bogotá, donde participó en Villanos en Bermudas, un restaurante de fine dining con menú degustación de diez pasos.

“Fue un golpe de realidad”, recordó. “Pasé de la barra a una cocina con un nivel de exigencia que no conocía”. Esa etapa marcó su vínculo definitivo con la gastronomía profesional.

En 2019 regresó a Buenos Aires con una obsesión clara: la pizza. La idea no convenció de inmediato a su hermano. “Abrir una pizzería en la ciudad de las pizzerías parecía una locura”, recordó Juan Carlos.

De estudiantes extranjeros a referentes de la gastronomía porteña: la historia de dos hermanos que reinventaron bares y pizzerías en Buenos Aires

Gordo Chanta: una pizzería con identidad propia

Ese mismo año abrieron La Favorita, un local que sufrió el impacto directo de la pandemia. Con el cierre de Chupitos y las restricciones sanitarias, el contexto obligó a replantear el negocio. Boticario logró adaptarse al delivery con kits de coctelería, mientras que en La Favorita comenzaron a experimentar con pizzas durante los fines de semana.

Las pruebas dieron resultado. Tras invertir en un horno especializado, evolucionaron hacia una pizza de inspiración napolitana, con fermentación lenta y sabores de estación, pero adaptada al paladar local. Así nació Gordo Chanta, primero como proyecto limitado y luego como local propio en Villa Crespo, en la esquina de Velasco y Darwin.

El espacio combina estética barrial con una propuesta contemporánea, donde el horno a leña es protagonista. La carta rota según la temporada y propone combinaciones poco habituales, como provoleta con hojas amargas y cerezas, o pizzas de zucchini amarillo con crema de hierbas.

De estudiantes extranjeros a referentes de la gastronomía porteña: la historia de dos hermanos que reinventaron bares y pizzerías en Buenos Aires

Marca, experiencia y proyección

Para los hermanos, el nombre fue clave. “En plena explosión del delivery, la marca generaba cercanía y una sonrisa”, explicó Juan José. La producción limitada —entre 40 y 60 pizzas por noche en los comienzos— reforzó el boca en boca y el posicionamiento del proyecto.

Hoy, Gordo Chanta produce entre 80 y 90 pizzas por noche y se consolidó como una referencia dentro del circuito gastronómico porteño. Ambos hermanos continúan involucrados en los dos negocios y ya trabajan en un nuevo proyecto, esta vez con socios externos.

“El producto es fundamental, pero también saber comunicarlo”, afirmó Juan José. Para Juan Carlos, el diferencial pasa por el oficio: “La gastronomía te conecta con un estado mental distinto y con una comunidad que comparte la misma pasión”.



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