Estados Unidos convocó este 4 de febrero, en Washington, a una Cumbre Ministerial de Minerales Críticos con la participación de cancilleres y altos funcionarios de más de veinte países aliados, con el objetivo de diseñar una estrategia común para reducir la dependencia global de China en el control y procesamiento de minerales considerados esenciales para la economía, la defensa y el desarrollo tecnológico. La iniciativa, impulsada por la administración de Donald Trump, busca reposicionar a Occidente en un mercado que Washington considera clave para su seguridad nacional y su liderazgo geopolítico.
La reunión se desarrolla en el edificio Harry S. Truman del Departamento de Estado y fue convocada por el secretario de Estado, Marco Rubio, mientras que la apertura formal estuvo a cargo del vicepresidente JD Vance. Entre los asistentes figuran representantes de América Latina, Europa, Asia y África, regiones que concentran buena parte de las reservas globales de litio, cobalto, tierras raras y minerales estratégicos.
Los minerales críticos son fundamentales para la fabricación de una amplia gama de bienes: desde aviones, submarinos y misiles, hasta autos eléctricos, celulares, chips, semiconductores, turbinas e infraestructura energética. Su importancia se ha multiplicado con el avance de la transición energética, la inteligencia artificial y la carrera por el liderazgo en tecnologías de defensa.
Actualmente, China domina gran parte de la producción y, sobre todo, del procesamiento de estos minerales, una situación que genera preocupación en Washington y en otras capitales occidentales. La Casa Blanca considera que esta dependencia otorga a Beijing una herramienta de presión económica y política con impacto directo en las cadenas globales de suministro.
La cumbre se inscribe en una arquitectura geopolítica más amplia diseñada por la administración republicana. A fines de 2025, el gobierno estadounidense publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, donde introdujo el denominado Corolario Trump a la Doctrina Monroe, que propone limitar la influencia de actores extrarregionales —en particular China— en América Latina.
Ese enfoque fue reforzado por una nueva Doctrina de Defensa, que prioriza al hemisferio occidental y establece mecanismos de disuasión frente a la expansión china. Sin embargo, en Washington reconocen que estas definiciones perderían efectividad si Estados Unidos no logra incidir de manera directa en el mercado de los minerales críticos.
En ese sentido, el Departamento de Comercio ya había advertido en un informe de 2019 —titulado A Federal Strategy to Ensure Secure and Reliable Supplies of Critical Minerals— que la falta de capacidad doméstica para procesar tierras raras representaba una amenaza para la seguridad nacional. El documento incluyó 61 recomendaciones y 24 metas estratégicas, muchas de las cuales comenzaron a implementarse en los últimos años.
El Servicio Geológico de Estados Unidos elaboró posteriormente una lista de 60 minerales críticos, lo que colocó a América Latina en una posición central dentro de las decisiones estratégicas de la Casa Blanca. Países como Argentina, Bolivia y Chile, integrantes del llamado triángulo del litio, concentran recursos considerados vitales para la industria energética y tecnológica.
En la cumbre participan, entre otros, el secretario de Finanzas argentino Pablo Quirno, el canciller boliviano Fernando Aramayo y el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Rubén Ramírez. Los países latinoamericanos invitados ya fueron sondeados por el Departamento de Estado para firmar memorandos de entendimiento que prioricen la inversión estadounidense y limiten la participación de capitales chinos en proyectos mineros estratégicos.
Las respuestas, hasta ahora, han sido cautelosas y diplomáticas, lo que anticipa un debate intenso durante el encuentro en Washington.
Uno de los instrumentos clave de esta ofensiva es la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, que permite a Estados Unidos aplicar aranceles, subsidios u otras medidas cuando una importación amenaza la seguridad nacional. Una investigación reciente concluyó que la escasa capacidad de procesamiento de tierras raras en territorio estadounidense cumple con ese criterio.
Este marco legal ya fue utilizado en negociaciones sensibles, como las mantenidas con Ucrania, donde el presidente Volodimir Zelensky dialogó con Trump sobre el acceso a minerales estratégicos. En paralelo, Washington mantiene una negociación abierta con Europa por la soberanía de Groenlandia, una región rica en recursos naturales que podría equilibrar el peso de China en este sector.
Para ordenar su relación con los países productores, Estados Unidos creó la Asociación para la Seguridad de los Minerales (MSP, por sus siglas en inglés). El objetivo del bloque es asegurar las cadenas de suministro de minerales críticos frente al dominio chino.
Integran el MSP, entre otros, Estados Unidos, Argentina, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Corea del Sur, India, Noruega, Turquía, Filipinas, Ecuador y la República Democrática del Congo. A la iniciativa se sumó una red de más de 30 instituciones financieras, como la U.S. International Development Finance Corporation (DFC), el Export-Import Bank of the United States (EXIM), el European Investment Bank (EIB) y la Africa Finance Corporation (AFC), destinadas a facilitar inversiones en exploración y explotación minera.
En diciembre de 2025, Washington lanzó oficialmente otro pilar de su estrategia: el acuerdo multilateral denominado Pax Silica. La iniciativa busca blindar toda la cadena de suministro tecnológica, desde los minerales hasta los semiconductores y la infraestructura digital, reduciendo la dependencia de proveedores chinos.
“La creación de valor económico y el crecimiento fluirán a través de todos los niveles de la cadena de suministro global de IA”, sostiene la declaración inicial del acuerdo, firmada por Estados Unidos, Japón, Australia, Israel, Reino Unido, Qatar y Singapur, entre otros.
La Pax Silica se apoya en tres ejes: acceso independiente a minerales críticos, soberanía en el diseño y fabricación de semiconductores, y seguridad en la gestión de datos, excluyendo componentes de empresas chinas como Huawei o ZTE.
La cumbre de Washington busca articular el MSP con la Pax Silica y convencer a los países aliados de limitar al máximo la inversión china en minerales críticos. A cambio, la administración Trump ofrece fondos de la CHIPS Act —aprobada durante el gobierno de Joe Biden— e inversiones directas a través de la DFC.
“Estados Unidos debe garantizar que no dependerá de ningún país para asegurar sus cadenas de suministro de minerales críticos”, advirtió Marco Rubio.
El desafío para Washington será encontrar una posición común con socios que, si bien comparten preocupaciones sobre el poder de China, mantienen vínculos económicos profundos con Beijing. Así lo informó Infobae, medio que siguió de cerca la organización y los objetivos de la cumbre.