En la costa atlántica bonaerense existe un balneario que se diferencia desde el primer momento: Costa del Este, una localidad ubicada entre Mar del Tuyú y Aguas Verdes, que combina playa extensa, entorno forestado y un ritmo pausado, ideal para quienes buscan bajar un cambio. En pleno verano 2026, el destino vuelve a posicionarse como una alternativa atractiva para turistas que priorizan tranquilidad, naturaleza y descanso real, sin resignar servicios ni propuestas gastronómicas.
A diferencia de otros puntos más concurridos del Partido de La Costa, Costa del Este mantiene un perfil bajo y ordenado. No hay grandes edificios ni avenidas ruidosas. El crecimiento fue gradual y respetuoso del entorno, una característica que hoy se percibe en cada detalle: calles de arena, tránsito lento y una presencia constante del bosque que envuelve al pueblo y define su identidad.
El principal rasgo distintivo del lugar es su corredor verde, formado por pinos, eucaliptos y otras especies que atraviesan la localidad y generan una sensación poco habitual en destinos de playa. Aquí, el mar parece estar contenido dentro del bosque. La sombra natural, el aroma a resina y el sonido del viento entre las ramas reemplazan a los parlantes y al movimiento constante típico de otros balnearios.
Las dunas preservadas cumplen un rol central en este equilibrio. No solo protegen la vegetación nativa y el paisaje costero, sino que también refuerzan la sensación de amplitud y contacto con la naturaleza. Incluso en temporada alta, el entorno conserva una estética natural que invita a caminar, observar y quedarse.

La playa, amplia y abierta, es otro de los grandes atractivos. Hay espacio suficiente para instalarse sin quedar cerca de otros, leer, descansar o simplemente mirar el horizonte. La extensión de la costa permite largas caminatas junto al mar, una de las actividades más valoradas por quienes eligen el destino para despejarse. El sonido del agua y la ausencia de aglomeraciones generan un clima distinto, donde el tiempo parece correr más lento.
Cuando las condiciones acompañan, el mar se presta para actividades recreativas de bajo impacto, como kayak o paddle surf, mientras que el bosque suma opciones sencillas pero atractivas: paseos en bicicleta, caminatas suaves, recorridos al atardecer y momentos de contemplación. No es raro cruzarse con aves, huellas en la arena o pequeños animales, una postal que refuerza la idea de estar en un entorno cuidado y vivo.
El centro comercial acompaña ese estilo sin desentonar. Restaurantes, cafeterías y panaderías artesanales ofrecen propuestas que van desde lo clásico de la costa atlántica hasta opciones más elaboradas, siempre en un clima relajado. La invitación es clara: comer bien, sin apuro, extender la sobremesa y volver caminando. La oferta gastronómica está pensada para disfrutar, no para correr.

En Costa del Este, el atractivo no pasa por la cantidad de actividades ni por una agenda cargada. El verdadero valor está en la posibilidad de recuperar el ritmo propio, de dejar de lado el ruido y conectarse con lo esencial. Escuchar el mar, sentir el bosque cerca, caminar sin horarios y dejar que el día avance sin presión forman parte de la experiencia que eligen familias, parejas y viajeros que priorizan el bienestar.
Este perfil explica por qué el balneario se mantiene entre los más buscados del verano 2026, especialmente entre quienes ya conocen la costa atlántica y buscan una alternativa distinta. Costa del Este no promete grandes espectáculos ni propuestas masivas. Ofrece algo cada vez más escaso: calma real, naturaleza presente y una playa que se disfruta sin empujones.
