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La industria aceitera alcanzó un máximo histórico en 2025 y procesó casi 48 millones de toneladas

Impulsada por una mayor oferta de soja y un fuerte repunte del girasol, la molienda de oleaginosas reactivó plantas y redujo la capacidad ociosa al nivel más bajo en más de una década

La industria aceitera alcanzó un máximo histórico en 2025 y procesó casi 48 millones de toneladas
martes 03 de febrero de 2026

La industria aceitera argentina cerró 2025 con un récord histórico de procesamiento de oleaginosas, al alcanzar 47,64 millones de toneladas, según datos difundidos el 3 de febrero de 2026 por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). El hito se registró en los principales polos industriales del país, especialmente en el Gran Rosario, y resultó relevante porque confirmó una reactivación plena del núcleo industrial del agro, con impacto directo en las exportaciones, el empleo y el uso de la capacidad instalada, tras varios años de subutilización, afirmo el sitio AgroLAtam.

De acuerdo con el informe de la BCR, el volumen procesado en 2025 superó todos los registros previos y permitió que las plantas aceiteras operaran con mayor continuidad. Como consecuencia, la capacidad ociosa del sector cayó al 28,2%, el nivel más bajo desde 2011, lo que marcó un quiebre respecto de la tendencia de los últimos años, caracterizada por plantas paradas o trabajando muy por debajo de su potencial.

El desempeño estuvo explicado, principalmente, por una oferta robusta de materia prima, que permitió sostener un mayor ritmo de molienda a lo largo del año. En ese contexto, la industria logró aprovechar mejor su infraestructura instalada, uno de los activos estratégicos del agro argentino, especialmente en la región portuaria del sur de Santa Fe.

La industria aceitera alcanzó un máximo histórico en 2025 y procesó casi 48 millones de toneladas

Dentro del total procesado, la soja volvió a ocupar un lugar central. En 2025 se molieron 42,63 millones de toneladas, lo que convirtió al período en el segundo mayor registro histórico, solo por detrás del máximo alcanzado en 2016. Si bien no se superó aquel pico, el volumen confirmó el peso estructural del cultivo en el esquema agroindustrial argentino y su rol clave como generador de subproductos destinados a la exportación, como harina y aceite.

El informe de la BCR destacó que la soja siguió siendo el principal motor del complejo oleaginoso, tanto por su participación en el total procesado como por su incidencia en el funcionamiento de las plantas del Gran Rosario, que concentran una parte sustancial de la capacidad instalada del país. La mayor disponibilidad de grano permitió reducir cuellos de botella y mejorar la eficiencia operativa en un sector altamente integrado a los mercados internacionales.

La industria aceitera alcanzó un máximo histórico en 2025 y procesó casi 48 millones de toneladas

Más allá del desempeño de la soja, el girasol fue la gran sorpresa del año. Según los datos oficiales, la molienda de esta oleaginosa alcanzó su nivel más alto desde el año 2000 y resultó 68% superior a la registrada en 2016. Este salto significativo no solo aportó volumen adicional al total procesado, sino que también reabrió el debate sobre la diversificación productiva y el potencial de otros cultivos para ganar protagonismo en la generación de valor agregado.

El crecimiento del girasol se dio en un contexto de mejores incentivos relativos y de una mayor demanda por aceites diferenciados, lo que favoreció su procesamiento industrial. Para el sector, este desempeño refuerza la importancia de contar con una matriz productiva más amplia, capaz de amortiguar los vaivenes propios de los cultivos dominantes y de responder a nichos específicos del mercado global.

El resto de las oleaginosas procesadas sumó 0,38 millones de toneladas, con un desempeño destacado del maní. En este segmento, la molienda se ubicó 27% por encima del promedio de los últimos cinco años, un dato que volvió a poner en agenda el rol de las economías regionales y de los cultivos alternativos en la estructura agroindustrial argentina.

Detrás del récord de molienda aparece un factor determinante: la oferta total de oleaginosas de la campaña 2024/25, que alcanzó las 73,69 millones de toneladas. De acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recopilados por la BCR, se trató del tercer registro más alto de la historia, una disponibilidad que resultó clave para abastecer a la industria y sostener el elevado nivel de actividad.

Este contexto de abundancia permitió que las plantas aceiteras absorbieran mayor volumen sin las restricciones observadas en campañas anteriores, cuando la falta de materia prima limitó la utilización de la capacidad instalada. La mejora en la oferta, combinada con una mayor fluidez logística, explicó buena parte del salto registrado en 2025.

Sin embargo, desde el sector advierten que el récord no elimina los desafíos estructurales. Si bien el nivel de actividad alcanzado marca un punto de inflexión, sostenerlo en el tiempo requerirá más producción local, mejoras continuas en la productividad y un marco de reglas de juego previsibles. Factores como las retenciones, la brecha cambiaria y la competitividad frente a Brasil y otros países de la región siguen siendo variables clave para la toma de decisiones de inversión.

El desempeño de 2025 también tuvo impacto en el frente externo. Una mayor molienda se traduce, en términos generales, en un mayor volumen de subproductos exportables, lo que refuerza el aporte del complejo oleaginoso a la generación de divisas. En un contexto macroeconómico desafiante, el funcionamiento a pleno de la industria aceitera aparece como un elemento central para el equilibrio del sector externo.

La reducción de la capacidad ociosa al nivel más bajo en 14 años fue otro de los indicadores destacados. Durante gran parte de la última década, la industria operó con altos márgenes de subutilización, producto de cosechas más ajustadas y de un escenario de menor previsibilidad. El dato de 2025 mostró que, con condiciones adecuadas de oferta, el entramado industrial puede responder rápidamente y recuperar niveles de actividad elevados.

Desde la Bolsa de Comercio de Rosario subrayaron que el potencial industrial del país permanece intacto, pero que el desafío es transformar un año excepcional en una estrategia de largo plazo. La consolidación del agro argentino como proveedor confiable de valor agregado al mundo dependerá de la capacidad de sostener volúmenes, diversificar cultivos y generar un entorno que incentive la inversión.

El récord de molienda de 2025 dejó, así, un doble mensaje. Por un lado, confirmó la capacidad de respuesta de la industria aceitera frente a una mayor disponibilidad de materia prima. Por otro, puso en evidencia que el aprovechamiento pleno de esa capacidad requiere condiciones estables y políticas que acompañen el desarrollo del sector. Convertir este máximo histórico en una tendencia será el próximo gran desafío del agroindustrial argentino.

 



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