Argentina alcanzó un hito histórico en conservación de fauna silvestre al concretar, por primera vez, la reintroducción exitosa de un mamífero extinguido localmente, un logro que posiciona al país como referente regional en restauración ecológica. Se trata de la nutria gigante, una de las especies más amenazadas de Sudamérica, que volvió a habitar un área protegida del noreste argentino tras casi cuatro décadas de ausencia, según informó El Cronista. El acontecimiento es relevante no solo por su valor simbólico, sino también por el impacto ecológico que tendrá en uno de los sistemas de humedales más importantes del continente.
La reintroducción se concretó con la liberación de un grupo reproductivo completo, integrado por dos adultos y dos crías nacidas en el país, en el Gran Parque Iberá, una extensa área protegida que reúne condiciones excepcionales para el restablecimiento de grandes carnívoros acuáticos. Es la primera vez que Argentina logra devolver a la vida silvestre una especie de este tipo que había desaparecido completamente del territorio nacional.

La nutria gigante (Pteronura brasiliensis), también conocida como lobo gargantilla, ariraí o lobo grande de río, es el mamífero acuático más grande de Sudamérica. Puede alcanzar hasta 1,8 metros de longitud y un peso cercano a los 33 kilos. Es un animal diurno, altamente social y territorial, que vive en grupos estables y cumple un rol ecológico central como depredador tope, regulando poblaciones de peces y contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas acuáticos.
Los últimos registros confirmados de la especie en Argentina databan de 1986. Su desaparición estuvo vinculada principalmente a la caza intensiva, la degradación de los ambientes fluviales y la presión humana. Su comportamiento —diurno, ruidoso y con fuerte cohesión social— la convirtió históricamente en un blanco fácil para los cazadores, acelerando su declive en toda la región.
El regreso de la especie es el resultado de un proceso largo y altamente complejo, que comenzó formalmente en 2017, aunque sus bases conceptuales se remontan a más de una década atrás. El desafío era inédito: no existían ejemplares silvestres ni en cautiverio en Argentina, y nunca antes se había intentado una reintroducción de esta especie en ningún país a partir de individuos provenientes exclusivamente del exterior.
Para superar ese obstáculo, se diseñó un programa integral que incluyó la búsqueda de ejemplares compatibles, la formación de grupos reproductivos, el desarrollo de protocolos sanitarios específicos, técnicas de transporte adaptadas a una especie extremadamente sensible al estrés y la construcción de recintos de cuarentena y presuelta que permitieran una adaptación progresiva al ambiente natural.
Los primeros ejemplares llegaron al país en 2019 desde zoológicos europeos, en el marco del Programa de Especies en Peligro de Extinción de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA). Entre ellos se encontraban Nima, proveniente del Zoológico de Madrid, y Coco, del Zoológico de Givskud, en Dinamarca. Ambos formaron una pareja reproductiva estable y, en noviembre de 2024, nacieron dos crías —Pirú y Kyra—, un acontecimiento clave que confirmó la viabilidad del proyecto.

El 30 de junio de 2025, los cuatro ejemplares fueron liberados en la Laguna Paraná, dentro del área protegida. La elección del sitio no fue casual: el parque cuenta con más de 750.000 hectáreas de humedales, abundancia de presas, baja presión humana y ausencia de amenazas críticas como la caza furtiva o la contaminación industrial, condiciones consideradas indispensables para una especie tan exigente.
El proyecto cuenta con el respaldo del gobierno de la provincia de Corrientes, la Administración de Parques Nacionales, organizaciones de conservación de Brasil como Projeto Ariranha, y una red internacional de zoológicos e instituciones científicas de Hungría, Alemania, Suecia, Francia, Estados Unidos y Dinamarca, entre otros. Esta cooperación fue clave para sostener un proceso que demandó años de planificación, financiamiento y consenso técnico.
La reintroducción no finalizó con la liberación. Por el contrario, se activó un sistema de monitoreo intensivo, diseñado específicamente para la especie. Los ejemplares cuentan con arneses de seguimiento post-liberación, que permiten registrar desplazamientos, uso del hábitat y comportamiento. Además, se implementan estudios de ADN ambiental, una herramienta científica avanzada que permite detectar la presencia de la especie en cuerpos de agua sin necesidad de contacto directo.
Durante los más de dos años previos a la suelta definitiva, los adultos desarrollaron en semicautiverio conductas naturales esenciales, como la pesca de presas vivas, la defensa territorial y el cuidado parental, criterios fundamentales para autorizar la liberación. Los equipos técnicos consideran que estas señales aumentan significativamente las probabilidades de adaptación exitosa a la vida silvestre.
Desde una perspectiva ecológica, el retorno de la nutria gigante tiene un efecto multiplicador. Como depredador tope, contribuye a ordenar la cadena trófica, mejora la salud de los ambientes acuáticos y refuerza procesos naturales que habían quedado incompletos tras su desaparición. En términos de conservación, el caso se inscribe dentro de las estrategias de rewilding, que buscan restaurar ecosistemas completos y no solo proteger especies aisladas.
Para Argentina, el logro marca un punto de inflexión en la política ambiental. Demuestra que la reintroducción de grandes mamíferos extintos localmente es posible con ciencia, planificación a largo plazo y cooperación internacional, y abre la puerta a futuros proyectos similares. También refuerza el posicionamiento del país como líder regional en conservación basada en evidencia científica.
Más allá de lo técnico, el regreso de la nutria gigante representa un símbolo poderoso: la posibilidad concreta de revertir pérdidas históricas de biodiversidad. En un contexto global marcado por la extinción acelerada de especies, el proyecto ofrece una señal contraria: la restauración es posible cuando existen decisión política, conocimiento científico y compromiso sostenido en el tiempo.