La Argentina exporta productos agroindustriales a 143 países, lo que representa el 75% de las naciones del mundo, según el último Monitor de Exportaciones Agroindustriales de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), difundido el 11 de febrero de 2026. El dato confirma el peso del agro como principal plataforma de inserción internacional del país, aunque el informe también señala que, en promedio, el 64% de las ventas externas de cada cadena se concentra en solo cinco destinos, un factor que expone riesgos comerciales.
De acuerdo con FADA, el alcance territorial de las exportaciones agroindustriales convive con una elevada dependencia de mercados específicos. En productos como yerba mate, té o cebada, la concentración supera el 80%. Esta estructura obliga a repensar estrategias de diversificación para reducir vulnerabilidades ante cambios en la demanda o en las condiciones comerciales de los principales compradores.
En términos macroeconómicos, el aporte del sector es determinante. En 2025, la Argentina exportó 87.076 millones de dólares, de los cuales 52.900 millones correspondieron al agro, equivalentes al 61% del total. La economista de FADA, Antonella Semadeni, sintetizó el peso del sector: “6 de cada 10 dólares que ingresaron a nuestro país provienen de las cadenas agroindustriales”, señaló en el informe difundido por la entidad.
La estructura de esas exportaciones explica el protagonismo del complejo cerealero-oleaginoso. Del total agroindustrial, el 69% se origina en granos, el 14% en economías regionales, el 9% en carnes, el 3% en lácteos y el 5% en otros rubros. Productos como aceite de soja, aceite de maní y jugo de limón encabezan el ranking de envíos al exterior, seguidos por harina de soja, yerba mate y maíz. Esta composición consolida al complejo granario como columna vertebral del comercio exterior argentino.
El impacto en la balanza comercial también resulta significativo. En 2025, el país registró un superávit total de 11.285 millones de dólares. Solo tres sectores mostraron saldo positivo: agroindustria, energía y minería. Dentro de ese grupo, el agro aportó 42.196 millones de dólares de superávit, muy por encima de energía (6.663 millones) y minería (3.845 millones). El dato refuerza su rol como sostén externo en un contexto de restricción de divisas.
En el segmento de carnes, la carne vacuna mantiene un papel estratégico en la inserción internacional. Argentina figura entre los principales abastecedores de China, Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos, y el complejo bovino registró un crecimiento interanual del 25% en exportaciones durante 2025. Se posicionó, además, como la tercera cadena generadora de divisas dentro del agro.
A pesar de esa presencia global, el mercado interno continúa siendo el principal destino de las proteínas animales. Del total de carne vacuna producida, el 73% se consume en el país y el 27% se exporta. En pollo, el 93% se destina al consumo local y el 7% al exterior. En cerdo, el 99% permanece en el mercado interno y apenas el 1% se exporta. Los datos muestran que la expansión externa convive con un fuerte abastecimiento doméstico.
En el frente agrícola, el maíz consolida su inserción con 85 destinos comerciales y ocupa el tercer lugar como exportador mundial. Sus principales compradores son Vietnam, Perú, Malasia, Argelia y Arabia Saudita, lo que evidencia una diversificación geográfica relevante, especialmente en Asia, el norte de África y Medio Oriente.
La soja, por su parte, sostiene el liderazgo argentino en el mercado global. El país ocupa el primer puesto mundial en exportaciones de aceite y harina de soja, y el quinto en porotos. Este desempeño confirma el perfil industrial del complejo sojero, donde la molienda y el agregado de valor explican gran parte de la generación de divisas.
El informe de FADA expone así una doble realidad. Por un lado, la agroindustria argentina alcanza una cobertura internacional amplia y aporta la mayor parte de las divisas del país. Por otro, la concentración en pocos destinos comerciales plantea un desafío estratégico. Ampliar mercados y reducir la dependencia de compradores específicos aparece como una condición clave para fortalecer la estabilidad y previsibilidad del sector en los próximos años.