En Villa María, Córdoba, Damián Visconti pasó de ordeñar 13 vacas prestadas a mano en 1993 a liderar hoy un esquema que produce entre 12 y 13 millones de litros de leche al año, integra agricultura con tambo bajo sistema dry lot y suma una planta láctea propia, según informó Clarín. El crecimiento, basado en reinversión y eficiencia, convirtió a su empresa familiar en un modelo de agregado de valor en origen.
La historia comenzó cuando terminó el secundario y no pudo continuar estudios universitarios por falta de recursos. En ese contexto, su padre le propuso hacerse cargo de las vacas que la familia había recibido como ayuda en un momento económico difícil. “No te puedo pagar una universidad, pero esa va a ser tu universidad”, recuerda Visconti. “Nos prestaron unas vacas y las ordeñábamos a mano porque no teníamos tecnología”.
Durante un año y medio trabajaron sin ordeñadora mecánica hasta que lograron incorporarse al primer equipo. Ese cambio marcó el inicio de una etapa de expansión gradual. Visconti trabajó seis años junto a su padre: primero como empleado, luego como socio y finalmente como arrendatario del establecimiento. Hace 25 años el rodeo propio era de 30 vacas y el campo era en parte alquilado. “No teníamos nada. Todo fue creciendo de a poco”, señala.

El establecimiento tomó el nombre La Perseverancia, una síntesis del camino recorrido. “Uno llega rápido a veces, pero lo más difícil es sostenerlo”, afirma Visconti. Cada ampliación implicó asumir riesgos en un sector atravesado por ciclos y volatilidad. “Si tomamos algún riesgo, es para hacer algo que sabemos que nos va a generar renta”.
Hoy el esquema incluye tres tambos bajo sistema dry lot, con alrededor de 1.200 vacas en total, de las cuales unas 550 están en ordeñe en la unidad principal. El modelo evita el pastoreo directo y se basa en dieta totalmente mezclada (TMR) formulada por nutricionistas. “El que dice que es 100% pastoril tendría que demostrar que la vaca come solo pasto. Siempre hay suplementación”, sostiene. “Silo de maíz, alfalfa, rollo, grano… todo va al mixer. La vaca no levanta nada del campo. Cada categoría tiene su dieta particular”.
El promedio anual alcanza los 38 litros por vaca, con picos de 40 a 42 litros y casos individuales que superan los 70 litros diarios. En conjunto, los tambos producen entre 42.000 y 45.000 litros diarios en los momentos de mayor actividad y entre 30.000 y 31.000 en la etapa más baja. “Por año estamos en 12 o 13 millones de litros”, precisa Visconti.
El manejo reproductivo es estacionado, con partos concentrados entre febrero y noviembre para evitar el estrés térmico del verano. “Buscamos que la vaca produzca más cuando tiene menos estrés térmico”, explica. Durante los meses más calurosos no hay partos ni guachera. “En esa época le bajamos la presión al sistema, acomodamos la caja y le damos vacaciones a la gente”.

La infraestructura acompaña la escala productiva. Las salas de ordeñe son de tipo espina de pescado y operan en hasta tres turnos diarios. El próximo paso en evaluación es incorporar un sistema de ordeñe rotativo tipo calesita para aumentar la eficiencia por hora y mejorar las condiciones laborales.
La integración agrícola es otro pilar. El grupo cuenta con unas 180 hectáreas bajo riego destinadas a la producción de maíz para grano húmedo y forrajes para silo. “Yo siempre tenía en la cabeza que si hay agua, hay que regar. Eso le da sostenibilidad al sistema”, afirma Visconti. El riego permitió estabilizar la oferta forrajera y reducir la exposición a variaciones climáticas.
La genética también forma parte de la estrategia. “Estamos haciendo genoma para tomar decisiones antes, ver qué terneras nos conviene quedarnos”, señala. El objetivo es mejorar productividad y eficiencia en el largo plazo.

Además de vender parte de la producción a la industria —entre ellas Nestlé—, los hermanos Visconti decidieron avanzar en la integración vertical. Montaron una planta láctea donde elaboran crema, queso crema y manteca bajo marcas propias. Próximamente incorporarán dulce de leche y leche en polvo a fazón.
“Todo empezó desde cero: la planta, el equipamiento, la venta”, recuerda Visconti. El paso hacia la industrialización permitió capturar mayor margen y diversificar el negocio. También consolidó el arraigo local: el sistema emplea a unas 65 personas de manera directa y dinamiza la economía de la zona.

Treinta años después de aquellas 13 vacas ordeñadas a mano, el modelo combina escala productiva, tecnología, integración agrícola y procesamiento industrial. “Yo vivo agradecido de lo que uno fue haciendo. Empezar es difícil, pero sostenerlo es lo más complicado”, reflexiona.