El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lanzó el nuevo Sistema de Certificación de Sostenibilidad Ambiental, que incluye el renovado Sello Verde, con el objetivo de reconocer y acompañar a comercios, oficinas, hoteles y organismos públicos que adopten prácticas ambientales responsables. La medida fue oficializada a través de la Resolución N° 2/SSAMB/2026, publicada el 6 de febrero en el Boletín Oficial, y busca consolidar una política climática orientada a la economía circular y la reducción del impacto urbano.
Según detalló el medio especializado Economía Sustentable, el nuevo esquema establece criterios técnicos y una matriz de evaluación con puntajes para medir el desempeño ambiental de cada establecimiento. El sistema contempla cuatro niveles de reconocimiento —Compromiso, Bronce, Plata y Oro— y se estructura sobre cinco ejes centrales: Agua, Energía, Residuos, Insumos y Gestión Integral.
La iniciativa apunta a armonizar crecimiento económico y protección ambiental, y no solo funcionará como una distinción simbólica, sino como resultado de auditorías y verificaciones técnicas. Desde el Ejecutivo porteño, encabezado por Jorge Macri, sostienen que el mecanismo fue diseñado para ser ágil y digital, con procedimientos desburocratizados.

El proceso comienza con la inscripción a través de la plataforma TAD (Trámites a Distancia), donde el establecimiento debe completar el formulario correspondiente (Anexo II). Luego, se presenta un relevamiento del estado ambiental actual y, en caso de requerirlo, puede solicitar asesoramiento técnico de la Dirección General de Desarrollo Sostenible y Economía Circular para definir metas de mejora.
La certificación se otorga tras la verificación de los indicadores establecidos en el Anexo X, que funciona como matriz de valoración ambiental. El sistema no se basa únicamente en declaraciones juradas: exige evidencia fotográfica, comprobantes de compra de insumos sustentables, certificados de disposición de residuos especiales y puede incluir inspecciones presenciales para validar la información.
El distintivo se otorga según el puntaje obtenido:
Compromiso: cumplimiento normativo básico y diagnóstico inicial.
Bronce: implementación de medidas de eficiencia energética y gestión de residuos.
Plata: reducción comprobable de consumos y metas activas de economía circular.
Oro: excelencia en uso de recursos, trazabilidad integral y liderazgo ambiental.
El Anexo X establece una Matriz de Indicadores de Valoración Ambiental dividida en cuatro dimensiones con peso relativo diferente.
El eje de Gestión de Residuos concentra el 40% del puntaje total, en línea con la Ley de Basura Cero. Se exige separación en origen con cestos diferenciados en todas las áreas, espacio exclusivo para reciclables y reducción de plásticos de un solo uso. Se suman puntos adicionales por compostaje propio o convenios de recolección de orgánicos.
La Eficiencia Energética representa el 25% de la evaluación. Se mide el porcentaje de luminarias LED —el estándar para nivel Oro es 100%—, el uso de equipos con etiqueta de eficiencia Clase A o superior, la presencia de doble vidriado hermético y la incorporación de energías renovables como paneles solares.
El Uso Responsable del Agua equivale al 20% del puntaje. Se analizan dispositivos de ahorro en griferías, aireadores en canillas, sistemas de doble descarga y registros periódicos de mantenimiento para evitar fugas.
El último eje, Gobernanza y Compras Sustentables (15%), evalúa la capacitación del personal en prácticas ambientales, la priorización de proveedores con bajo impacto y la comunicación interna de las medidas adoptadas.

El sistema establece criterios diferenciados para rubros con alto impacto operativo, como restaurantes y hoteles.
En gastronomía, se exige un sistema certificado de gestión de Aceites Vegetales Usados (AVU), con comprobantes de disposición final. También se prohíben sorbetes y vasos plásticos de un solo uso, y en el delivery se promueve el uso de envases compostables o con certificación FSC. Se valoran los productos de kilómetro cero y la incorporación de identidad regional en los menús.
En hotelería, el estándar es más exigente. Se requiere la instalación de aireadores en el 100% de los grifos, sistemas de doble descarga, protocolos visibles de reutilización de toallas, tarjetas de corte eléctrico en habitaciones y gestión diferenciada de residuos especiales como pilas y baterías. Además, al menos el 70% del personal debe acreditar capacitación en gestión sustentable.
Desde el Gobierno porteño sostienen que el nuevo esquema no busca solo fiscalizar, sino acompañar a los establecimientos en la transición hacia modelos productivos más eficientes. Además de la mejora ambiental, la certificación puede generar beneficios económicos asociados a menor consumo de recursos, acceso a líneas de financiamiento verde y preferencia por parte de consumidores que priorizan criterios de sostenibilidad.
La resolución también habilita a la autoridad de aplicación a dictar normas complementarias, por lo que los criterios podrían ampliarse o ajustarse según el rubro en los próximos meses.
Con esta herramienta, la Ciudad intenta consolidar una política climática urbana basada en medición, verificación y mejora continua, en un contexto donde las grandes metrópolis enfrentan crecientes desafíos ambientales y presión internacional para reducir emisiones y optimizar el uso de recursos.