Con la mirada puesta en la próxima campaña agrícola, especialistas del INTA Marcos Juárez difundieron una serie de recomendaciones para la elección de variedades de trigo, una decisión estratégica que puede determinar el rendimiento final del cultivo. De acuerdo con el organismo, definir correctamente el material genético según el ambiente productivo, la disponibilidad de agua y los objetivos comerciales permite optimizar resultados, mejorar la eficiencia del sistema y reducir riesgos productivos.
La información fue difundida por el propio INTA, en el marco del inicio de la planificación del nuevo ciclo triguero, una etapa en la que los productores comienzan a analizar la genética disponible y las características de cada lote antes de la siembra. Según el organismo, en el mercado argentino existen actualmente más de 70 variedades comerciales, por lo que la selección del cultivar adecuado requiere evaluar distintos factores productivos y económicos.
Entre las variables principales aparecen el potencial de rendimiento, el perfil sanitario, la calidad del grano y los aspectos agronómicos del cultivo, todos elementos que deben analizarse de forma conjunta para definir la estrategia productiva más conveniente.
El responsable de la Red Nacional de Ensayos de Trigo, Dionisio Gómez, explicó al INTA que la elección del material debe ajustarse al tipo de ambiente donde se realizará la siembra. En zonas con alto potencial productivo, señaló, el rendimiento puede transformarse en el principal criterio de selección. En cambio, en áreas con limitaciones climáticas o productivas, otros factores adquieren mayor relevancia.
“En ambientes de alto potencial se puede priorizar el rendimiento como único objetivo, pero en zonas marginales los aspectos secundarios cobran mayor peso”, explicó Gómez según informó el INTA.
En esos contextos más restrictivos, el especialista indicó que el objetivo es reducir los costos de producción sin resignar estabilidad. “En esos ambientes tenemos que lograr hacer un trigo más económico, por lo que buscamos reducir el número de aplicaciones fúngicas y lograr una buena cobertura eligiendo materiales más altos, de mayor biomasa”, sostuvo.
Uno de los puntos centrales en la planificación del cultivo es el diagnóstico del ambiente productivo, especialmente en lo que respecta al contenido de agua en el suelo al momento de la siembra.
Según Gómez, el perfil hídrico del lote se convierte en un indicador clave para proyectar el rendimiento posible y definir el nivel de inversión en insumos. En regiones como el sudeste de Córdoba, donde se encuentra Marcos Juárez, el trigo depende en gran medida de la humedad acumulada en el suelo durante el otoño.
“Es fundamental hacer ese diagnóstico para estimar cuál será el rendimiento potencial y realizar una fertilización acorde a ese potencial”, remarcó el especialista.
La relación entre agua disponible y estrategia de fertilización es uno de los aspectos más relevantes del manejo agronómico. Cuando las lluvias superan los valores habituales, los técnicos recomiendan ajustar el manejo nutricional del cultivo para aprovechar el mayor potencial productivo.
En este sentido, Gómez indicó que la fertilización inicial debería realizarse principalmente antes de la siembra, dejando otras aplicaciones como herramientas de ajuste durante el ciclo.
“En aquellos casos donde las lluvias son más abundantes de lo normal, se recomienda realizar una refertilización”, explicó. Y agregó: “La recomendación es que, en condiciones normales de disponibilidad de agua, el grueso de la fertilización se aplique previo a la siembra, dejando las aplicaciones al voleo o foliares como herramientas de corrección ante lluvias excepcionales”.
Además del rendimiento, los especialistas también remarcan la importancia de considerar la calidad comercial del grano, especialmente en aquellos ambientes donde el potencial productivo está limitado.
En esos casos, optar por variedades con mejores características industriales puede representar una estrategia para capturar precios diferenciales en el mercado, compensando eventuales menores rindes.
“En ambientes con limitación de rendimiento, se podrían usar trigo de mejor calidad para buscar un mejor precio de la producción”, señaló Gómez en el informe difundido por el organismo.
La elección del material, por lo tanto, no solo responde a variables agronómicas, sino también a decisiones comerciales vinculadas a la demanda de la industria molinera y a las oportunidades del mercado exportador.
Más allá de su importancia económica, los técnicos del INTA subrayan que el trigo cumple un rol clave dentro de los sistemas de rotación agrícola, especialmente en regiones dominadas por cultivos estivales como soja o maíz.
Según el organismo, el cereal aporta beneficios estructurales al suelo debido a su sistema radicular profundo y a la producción de biomasa de degradación lenta, lo que contribuye a mejorar la cobertura y la estructura del terreno.
“Este cultivo es ideal para incorporarlo en una rotación por sus características como mejorador del suelo por el sistema radicular y la biomasa de lenta degradación que presenta”, destacó Gómez.
La inclusión del trigo dentro de los esquemas productivos permite además incrementar la cobertura vegetal durante el invierno, un factor clave para reducir la erosión, mejorar la infiltración de agua y aumentar el contenido de materia orgánica en el largo plazo.
“Es un buen cultivo para ir incorporando cobertura a los suelos y de a poco ir mejorando los ambientes”, agregó el especialista.
Finalmente, desde el INTA remarcaron que la clave para obtener buenos resultados radica en adaptar la genética a las condiciones específicas de cada lote.
La amplia oferta de variedades disponible en el mercado argentino permite seleccionar materiales con características muy diferentes, tanto en altura de planta como en ciclo de crecimiento, potencial de rendimiento y calidad del grano.
En sistemas con riego o ambientes de alta productividad, los especialistas suelen recomendar variedades de menor estatura, capaces de sostener altos rindes con menor riesgo de vuelco. En cambio, en ambientes con restricciones productivas, los técnicos sugieren priorizar materiales con mejor calidad comercial o mayor rusticidad agronómica.
“La clave reside en adaptar la genética a la realidad del lote: en sistemas bajo riego se prefieren materiales de menor estatura mientras que en ambientes con limitaciones productivas, la apuesta debe volcarse hacia trigos de mejor calidad comercial para asegurar la competitividad del cultivo”, concluyó Gómez.
De cara a la próxima campaña, los técnicos coinciden en que planificar con anticipación, evaluar las condiciones ambientales y analizar la genética disponible serán factores determinantes para lograr un cultivo rentable y sostenible.