En un sector históricamente asociado al trabajo masculino, las mujeres del agro argentino comienzan a consolidar un rol cada vez más visible en la gestión, la producción y la toma de decisiones, impulsadas en parte por la digitalización de herramientas productivas y comerciales. En el marco del Día Internacional de la Mujer, distintas historias de productoras y profesionales del sector reflejan un cambio gradual en la estructura del campo, donde las nuevas generaciones de mujeres participan activamente en la conducción de empresas rurales y en la adopción de tecnología. La iniciativa fue difundida por el medio especializado TodoAgro, a partir de testimonios reunidos por la plataforma ganadera digital deCampoaCampo.
El proceso no es inmediato ni homogéneo, pero en distintas regiones del país crece la presencia femenina en espacios de decisión dentro del agro, ya sea como productoras, administradoras de establecimientos o profesionales vinculadas a la cadena productiva.
Durante décadas, la estructura tradicional del sector relegó a muchas mujeres a roles secundarios dentro de las empresas familiares. Sin embargo, la profesionalización del agro, el acceso a la educación y la incorporación de tecnologías digitales están modificando lentamente ese escenario.
En muchos casos, el vínculo con la actividad rural comienza en la infancia, dentro de establecimientos familiares. Pero el paso hacia la conducción productiva suele estar marcado por momentos de cambio o situaciones que obligan a asumir nuevas responsabilidades.
Una de esas historias es la de Florencia Ponsone, productora ganadera y agrícola de Santa Rosa, en la provincia de La Pampa, e integrante de la comisión directiva de la Sociedad Rural de Santa Rosa. Su vínculo con la actividad agropecuaria comenzó desde muy chica.
“Soy productora desde que tengo uso de razón. Me crié en el campo de mi mamá, me fui a estudiar y cuando volví empecé a producir la tierra. Hace casi 12 años soy ganadera y también agricultora. El campo ocupa un lugar muy importante en mi vida”, contó Ponsone, según consignó TodoAgro.
Una experiencia similar atravesó Luciana Medina, también productora de Santa Rosa. En su caso, el punto de inflexión ocurrió hace siete años, tras el fallecimiento de su padre, quien se desempeñaba como contratista rural y productor agropecuario.
Sin experiencia previa en la conducción del negocio familiar, decidió asumir la gestión del establecimiento y de la empresa.
“Aprendí trabajando. Me equivoqué, pregunté, insistí”, resumió Medina al recordar los primeros años al frente de la actividad.
Con el tiempo, la producción agropecuaria se transformó en su principal proyecto laboral y personal, en un proceso que implicó aprender sobre administración, manejo productivo y comercialización.
Otro recorrido que refleja esa transición es el de Adriana Mazzucchi, quien también debió hacerse cargo del emprendimiento familiar tras la muerte de su padre cuando tenía 19 años.
Hija única, Mazzucchi asumió responsabilidades en un entorno tradicionalmente dominado por hombres, apoyándose en la experiencia que había acumulado desde pequeña acompañando el trabajo cotidiano del establecimiento.
“No fue fácil, pero supe enfrentar los miedos y resolver”, recordó.
Para ella, la relación con el campo excede el aspecto productivo y forma parte de su identidad personal. “El campo no es solo vida al aire libre, es mucho más. Es una pasión que se lleva en el alma y en el corazón”, señaló.
Las protagonistas coinciden en que el sector agropecuario atraviesa un proceso de transformación cultural, impulsado por la mayor presencia de mujeres profesionales y productoras.
“Hay más profesionales mujeres, más empoderadas y seguras del trabajo que hacen”, señaló Ponsone al describir el cambio que percibe en el sector.
Para Medina, el escenario actual muestra una evolución respecto de décadas anteriores.
“Hoy una mujer productora ya es parte activa y visible del agro. No solo acompañamos: invertimos, lideramos y tomamos decisiones”, explicó.
Desde el ámbito corporativo, Melina Noble, líder del equipo de logística de la plataforma deCampoaCampo, observa el fenómeno desde el funcionamiento interno de las cadenas comerciales ganaderas.
Según Noble, las nuevas generaciones de hijas y nietas de productores están ocupando cada vez más espacios dentro de las empresas rurales, en parte gracias a la mayor disponibilidad de información y herramientas tecnológicas.
“Las nuevas generaciones de hijas y nietas de productores se hacen más visibles y están incursionando cada vez más en el rubro. Hoy nos dan un lugar que antes era más difícil”, señaló.
Uno de los factores que explican esta transformación es la incorporación de herramientas digitales en la gestión agropecuaria, que modificó la forma de administrar establecimientos y comercializar producción.
El teléfono celular, por ejemplo, se convirtió en una herramienta central para la toma de decisiones productivas y comerciales.
“Operar desde el teléfono es más eficiente y práctico. La logística y la rapidez que te da una plataforma digital hacen una gran diferencia”, explicó Ponsone.
La digitalización también permite acceder a información de mercado, comparar condiciones comerciales y coordinar operaciones logísticas en tiempo real, algo especialmente relevante para quienes combinan tareas productivas con funciones administrativas.
Medina, que cumple ambos roles dentro de su empresa, destaca el valor de contar con datos disponibles en cualquier momento.
“Muchas veces estoy en el campo y al mismo tiempo tengo que tomar decisiones comerciales. Poder acceder a información desde el celular me da rapidez y autonomía”, afirmó.
Las plataformas digitales, además, contribuyen a ordenar la información y facilitar la gestión diaria.
“Cuando una misma persona lleva producción y administración, tener información ordenada y accesible simplifica todo”, agregó.
Desde la mirada empresarial, Noble considera que la tecnología también puede actuar como un factor de mayor igualdad dentro del sector agropecuario.
“La digitalización y la tecnología ayudan a que las mujeres estén en igualdad de condiciones y tengan más oportunidades para desarrollarse en el ámbito agropecuario”, sostuvo.
Más allá del avance tecnológico, muchas de las protagonistas señalan que la diversidad de miradas dentro de las empresas rurales también aporta nuevas formas de liderazgo y organización.
Ponsone identifica algunos rasgos que suelen caracterizar la gestión femenina dentro del sector.
“Creo que aportamos organización, apertura a nuevas formas de trabajar, escucha y bienestar animal”, señaló.
Para Medina, en cambio, el principal cambio tiene que ver con la evolución del propio modelo productivo del agro.
En un contexto cada vez más tecnificado, la gestión estratégica y la capacidad de análisis pesan más que la fuerza física, un factor que históricamente condicionaba la participación femenina en determinadas tareas rurales.
La productora encuentra una metáfora personal que resume su recorrido dentro del sector.
“Cada vez que veo un lote de girasol pienso en resiliencia. El girasol atraviesa viento, calor y tormentas, y aun así crece y busca la luz. De alguna manera, mi historia en el campo fue eso: empezar sin saber, atravesar momentos difíciles y elegir seguir”, expresó.
En esa imagen se sintetiza la experiencia de muchas mujeres que hoy conducen establecimientos rurales o participan activamente en la producción agropecuaria.
Aunque todavía existen desafíos estructurales y culturales dentro del sector, la presencia femenina en el agro argentino continúa creciendo, impulsada por la formación profesional, el acceso a la tecnología y la transformación gradual de las empresas familiares.
En ese contexto, el mensaje que comparten muchas de las protagonistas apunta a construir redes de colaboración entre mujeres dentro del ámbito rural.
“Que hagan, que se equivoquen, que hagan red entre mujeres agropecuarias. Todo se puede lograr con paciencia y perseverancia. Somos mucho más fuertes de lo que nos hicieron creer”, concluyó Ponsone.