El impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la economía de Argentina fue un tema central durante la Argentina Week en Nueva York, un evento organizado para analizar la situación económica del país sudamericano. En la conferencia, varios expertos coincidieron en que los efectos globales de la tensión geopolítica podrían tener repercusiones tanto positivas como negativas para el futuro económico argentino.
En primer lugar, Anna Cohen, presidenta del grupo de inversiones Cohen Investments, destacó que la Argentina podría beneficiarse en el mediano plazo si el conflicto en Medio Oriente se prolonga. "Si los conflictos globales persisten, Argentina será uno de los pocos países capaces de proveer energía y petróleo a un mundo necesitado de fuentes alternativas fuera de la zona de conflicto", explicó Cohen a Forbes. Esta situación podría reconfigurar a Argentina como una opción atractiva para los inversores interesados en recursos naturales y energía, cruciales en un escenario de escasez global.
Sin embargo, Cohen también subrayó los riesgos derivados de un contexto de aversión al riesgo, que podría generar una salida de capitales en los mercados internacionales si la incertidumbre persiste. Además, mencionó que el avance del acuerdo entre el Mercosur y Europa y la reforma laboral que está en marcha en el país, son noticias positivas para la economía real y los mercados financieros.
Por su parte, Matías Tamburini, del comité ejecutivo de la firma financiera Balanz, fue más pesimista sobre las repercusiones del conflicto. Según su análisis, si los precios del petróleo continúan elevados debido a la inestabilidad geopolítica, podría generarse una mayor inflación a nivel global, particularmente en Estados Unidos, dificultando así la baja de tasas de interés en las economías desarrolladas. Esta situación, advirtió Tamburini, podría derivar en una recesión global, lo que a su vez impactaría de forma negativa en Argentina y en muchos mercados emergentes.

En cuanto a las finanzas internas, Tamburini afirmó que Argentina ya podría acceder a los mercados internacionales de deuda, pero optaría por esperar a que las tasas de interés caigan al 7% en lugar de actuar ahora, con tasas cercanas al 8%. De acuerdo con las previsiones, el país debería cumplir el objetivo de acumular US$ 10.000 millones en reservas en 2023, lo que podría proporcionar una mayor estabilidad financiera en medio de la incertidumbre global.
A pesar de los posibles riesgos, los analistas se mostraron optimistas con el renovado interés de los inversores a largo plazo, que consideran a Argentina como una opción atractiva en el contexto global, incluso con los desafíos actuales. La expectativa es que, si bien las inversiones extranjeras no se moverán rápidamente, el regreso del “smart money” (inversión inteligente) a Argentina podría marcar el inicio de un ciclo positivo para la economía del país.
No obstante, tanto Cohen como Tamburini coinciden en que el país aún enfrenta dificultades a nivel local. La necesidad de un reacomodamiento en la microeconomía y la rotación de sectores son algunos de los desafíos que podrían ralentizar la velocidad de recuperación económica. La falta de inversiones rápidas podría dificultar la estabilización de la economía real, y aunque el gobierno parece tener en mente una serie de reformas económicas, el tiempo que tomará este ajuste sigue siendo incierto.
A pesar de estos obstáculos, los expertos coinciden en que la Argentina tiene la oportunidad de posicionarse como un actor clave en el suministro de energía y petróleo para el mercado global, lo que podría ser un factor determinante si la crisis internacional se prolonga más allá de lo previsto, según Forbes.