Un violento temporal de granizo impactó en los últimos días en el Valle Medio de Río Negro, donde provocó daños severos en cultivos, infraestructura rural y sistemas productivos, en plena etapa de cosecha. El fenómeno, registrado el 19 de marzo de 2026, afectó a productores de la región en cuestión de minutos y generó pérdidas millonarias, en un contexto marcado por la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos en el sur argentino.
De acuerdo con información oficial del Gobierno de Río Negro, el episodio fue calificado como “devastador”, tanto por la magnitud del granizo como por su extensión territorial. La tormenta, acompañada por fuertes ráfagas de viento, impactó sobre distintas actividades productivas, desde la fruticultura hasta la agricultura y la horticultura.
El fenómeno se produjo de forma repentina. En pocos minutos, el cielo se cubrió y dio paso a una intensa caída de granizo que dejó a su paso cultivos destruidos, estructuras dañadas y pérdidas económicas significativas. La situación sorprendió a productores que se encontraban en plena cosecha o en etapas clave del ciclo productivo.
Las primeras evaluaciones realizadas por autoridades provinciales confirmaron la gravedad del escenario. El secretario de Fruticultura, Facundo Fernández, explicó que el impacto fue desigual según el tipo de cultivo. “Hay mucho más daño en maíz y hortalizas”, señaló, al tiempo que indicó que la fruticultura logró amortiguar parcialmente el golpe debido al avance de la cosecha. En el caso de peras y manzanas, cerca del 90% de la producción ya había sido recolectada, lo que limitó el daño en ese segmento.
Sin embargo, otras producciones no corrieron la misma suerte. Los cultivos extensivos y hortícolas, así como las producciones bajo cubierta, registraron pérdidas significativas, lo que agrava la situación económica de los productores.
El ministro de Desarrollo Económico y Productivo, Carlos Banacloy, describió la magnitud del fenómeno con crudeza. “Es tremendo. Por el tamaño de la manga, lo lejos que llegó y la intensidad del granizo, sumado al viento, hizo estragos”, afirmó. Sus declaraciones reflejan el impacto inmediato sobre el entramado productivo regional.
El Valle Medio se caracteriza por su diversidad productiva, un rasgo que habitualmente permite amortiguar crisis sectoriales. Sin embargo, en este caso, esa misma diversidad amplificó el alcance del daño.
“Nos pega tanto en fruticultura como en agricultura y horticultura, en cultivos bajo cubierta y en la producción de hortaliza pesada”, explicó Banacloy. La afectación simultánea de múltiples actividades genera un efecto acumulativo que compromete la recuperación del sector.

Además de los cultivos, el temporal provocó daños en infraestructura rural, incluyendo invernaderos, sistemas de riego y estructuras de protección, lo que podría condicionar las próximas campañas productivas.
El impacto no es solo económico. Funcionarios provinciales también advirtieron sobre el efecto emocional en los productores, que enfrentan la pérdida de meses de trabajo en cuestión de minutos. “Es desolador, te deja devastado”, sostuvo el ministro.
Tras el temporal, equipos técnicos del gobierno provincial comenzaron a realizar relevamientos en campo para dimensionar las pérdidas. El objetivo es contar con información precisa que permita diseñar medidas de asistencia y acompañamiento para los productores afectados.
En este marco, las autoridades instaron a los productores a presentar declaraciones juradas de daños, un requisito necesario para acceder a posibles programas de ayuda o compensación.
El proceso de evaluación incluye recorridas, relevamientos satelitales y consultas directas con productores, con el fin de construir un diagnóstico integral del impacto.
Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades es la reiteración de estos fenómenos climáticos. Según datos oficiales, este fue el sexto episodio de granizo registrado en los últimos meses en la región.
La frecuencia creciente de estos eventos no solo incrementa las pérdidas económicas, sino que también pone en cuestión la viabilidad de las inversiones productivas en el mediano plazo. La incertidumbre climática se suma a otros factores estructurales que afectan al sector, como los costos elevados y las dificultades de financiamiento.
Frente a este escenario, el gobierno de Río Negro avanza en gestiones para obtener financiamiento internacional que permita mejorar la protección de los sistemas productivos.
En el marco de una misión técnica del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en San Carlos de Bariloche, el gobernador Alberto Weretilneck y el ministro Banacloy presentaron proyectos orientados a fortalecer la infraestructura rural, especialmente en lo que respecta a la instalación de mallas antigranizo.
“La situación es crítica. No podemos seguir produciendo en estas condiciones”, advirtió Banacloy, al plantear la necesidad de contar con herramientas de financiamiento que permitan afrontar este tipo de inversiones.
Las mallas antigranizo aparecen como una solución eficaz para reducir daños, pero su implementación requiere altos niveles de inversión, lo que limita su adopción por parte de pequeños y medianos productores.
Desde el BID se abrió la posibilidad de avanzar en líneas de crédito específicas, en el marco de un trabajo técnico conjunto con la provincia.
Además, durante los encuentros se analizaron otros proyectos estratégicos vinculados a la expansión productiva, como la electrificación rural y el desarrollo de infraestructura hídrica para ampliar áreas bajo riego.
El impacto del granizo no se limita a la campaña actual. Las pérdidas acumuladas y la creciente exposición a eventos climáticos extremos configuran un escenario de alta incertidumbre para el futuro productivo del Valle Medio.
Muchos productores ya venían atravesando un contexto complejo, marcado por costos crecientes, dificultades de acceso al crédito y variabilidad climática. En ese marco, el temporal representa un nuevo golpe que compromete la continuidad de algunas explotaciones.
La falta de herramientas de cobertura, como seguros multirriesgo accesibles, agrava la situación. Sin mecanismos de protección adecuados, los productores quedan expuestos a pérdidas totales ante eventos como el ocurrido.
En este contexto, especialistas y autoridades coinciden en que será clave avanzar en políticas públicas orientadas a la gestión del riesgo, que incluyan financiamiento, infraestructura y sistemas de cobertura.
Mientras tanto, en los campos del Valle Medio de Río Negro, el paisaje posterior al temporal refleja la magnitud del daño. Entre cultivos destruidos y estructuras afectadas, los productores enfrentan el desafío de reconstruir su actividad en un escenario donde el clima se consolida como una variable crítica y cada vez más impredecible.