Las oleaginosas invernales camelina, carinata y colza avanzan en la Argentina como alternativas productivas que combinan intensificación agrícola, beneficios ambientales y creciente demanda energética, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) publicado el 24 de marzo de 2026. Estos cultivos, que se integran a las rotaciones tradicionales, cobran relevancia por su potencial para generar ingresos adicionales, mejorar los suelos y abastecer mercados vinculados a biocombustibles, en un contexto global que exige sistemas más sustentables.
El reporte, elaborado por la BCR con la participación de Giuliana Dellamaggiore, Bruno Ferrari, Emilce Terré y Julio Calzada, y la colaboración de Jorge Bassi, Rubén Dicún y Luciana Huergo, analiza el rol creciente de estas especies en los sistemas agrícolas locales. Según el documento, su expansión responde a la necesidad de optimizar el uso del suelo durante el invierno, reducir períodos de inactividad y acompañar la transición hacia energías de menor impacto ambiental, segun TNCampo.
Uno de los principales aportes de estos cultivos es su capacidad para reemplazar el barbecho invernal por ciclos productivos activos, lo que permite incrementar la eficiencia del sistema agrícola. En regiones donde amplias superficies permanecen sin cultivo durante el invierno, estas oleaginosas ofrecen una alternativa para mantener la actividad biológica del suelo.
En este esquema, funcionan como “cultivos de servicio con renta”, ya que no solo aportan beneficios agronómicos sino que también generan un ingreso adicional para el productor. La colza y la carinata se adaptan mejor a ciclos más largos, mientras que la camelina, por su ciclo corto, puede incorporarse en ventanas más acotadas.
Este enfoque contribuye a mejorar la captura de carbono y a sostener procesos clave como la fotosíntesis, lo que impacta en la salud del sistema productivo en su conjunto.
Diversos estudios, entre ellos investigaciones de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), destacan que estas especies desarrollan raíces profundas y pivotantes, lo que favorece la descompactación del suelo, mejora la infiltración de agua y optimiza la aireación.
Además, presentan una elevada generación de biomasa, que al incorporarse al suelo contribuye al aumento del carbono orgánico y a la disponibilidad de nutrientes. Este aspecto resulta clave en sistemas que buscan sostener la fertilidad a largo plazo.
Otro atributo relevante es su capacidad para controlar malezas. En particular, la camelina posee efectos alelopáticos que limitan el crecimiento de especies no deseadas, lo que reduce la presión sobre los sistemas de control químico y mejora las condiciones para el cultivo siguiente.
Estas características posicionan a las oleaginosas invernales como herramientas dentro de estrategias de manejo sustentable, en línea con enfoques promovidos por entidades como la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid.
El crecimiento de estos cultivos también está impulsado por la demanda de la industria energética. Sus aceites son utilizados tanto en biodiésel convencional como en biocombustibles avanzados, entre ellos el Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) y el Combustible Sostenible de Aviación (SAF).
Este último aparece como una de las principales herramientas para reducir emisiones en el transporte aéreo, con potencial para disminuir hasta un 80% de los gases de efecto invernadero en comparación con combustibles fósiles.
A nivel global, existen más de 300 proyectos vinculados al desarrollo de SAF en unos 40 países, con fuerte protagonismo de Estados Unidos. En Argentina, un hito reciente fue el acuerdo entre YPF y Essential Energy para crear Santa Fe Bio, una biorrefinería destinada a producir HVO y SAF.
El avance de estos mercados abre oportunidades para la producción local, aunque también plantea desafíos en términos de escala, certificación y articulación entre los distintos actores de la cadena.
La superficie destinada a estas oleaginosas creció de manera significativa en los últimos años. Según datos citados en el informe, en 2025 se alcanzaron unas 170.000 hectáreas, frente a las aproximadamente 30.000 registradas tres años atrás.
La colza concentra su producción en Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe, mientras que la camelina gana presencia en el sudoeste bonaerense. En tanto, la carinata también se expande en distintas regiones productivas.
En Entre Ríos, por ejemplo, se registraron 31.200 hectáreas sembradas en la campaña 2025/26, con una producción de 48.620 toneladas. En cuanto a rendimientos, la colza promedia cerca de 2 toneladas por hectárea, con variaciones según la zona, mientras que la camelina y la carinata presentan rindes más bajos pero en crecimiento.
A pesar de su potencial, la expansión de estos cultivos enfrenta desafíos. Uno de los principales es convertir los beneficios ambientales en rentabilidad concreta, lo que requiere avanzar en esquemas de certificación que permitan acceder a mercados diferenciados.
También es necesario fortalecer la infraestructura logística, mejorar la disponibilidad de semillas adaptadas y garantizar el acompañamiento técnico a los productores.
En materia genética, el desarrollo muestra avances. Según datos del INASE, más del 50% de los cultivares disponibles se registraron en los últimos dos años, lo que refleja un proceso de innovación en curso.
El especialista Rubén Dicún destacó, según el informe de la BCR, que la carinata debe evaluarse dentro del sistema productivo. “Su valor no debe medirse únicamente por el margen directo”, sostuvo, al remarcar su impacto positivo sobre el cultivo siguiente.
La combinación de disponibilidad de superficie invernal, experiencia productiva y adopción de buenas prácticas posiciona a la Argentina como un actor con potencial en el mercado global de bioenergía.
El desarrollo de estas oleaginosas no solo permite diversificar la producción, sino también avanzar hacia sistemas más resilientes y alineados con las demandas ambientales internacionales.
En este contexto, la articulación entre el sector público, privado y académico aparece como un factor clave para consolidar su crecimiento y aprovechar las oportunidades que ofrece la transición energética.