La cadena algodonera argentina atraviesa en 2026 uno de sus momentos más críticos de las últimas décadas, con una fuerte reducción de superficie sembrada, caída del consumo interno y dificultades productivas, según advirtió el ingeniero agrónomo y empresario Carlos Caram en declaraciones a Agroperfiles Radio. El panorama, que se refleja con especial impacto en la provincia del Chaco, resulta relevante por el peso histórico del cultivo en las economías regionales y su vínculo con la industria textil.
De acuerdo con el especialista, la superficie destinada al algodón cayó a niveles mínimos dentro del esquema agrícola chaqueño. “De un millón y medio de hectáreas de agricultura extensiva, este año difícilmente lleguemos a las 130 mil hectáreas de algodón”, señaló Caram a Agroperfiles. Esto implica que el cultivo representa hoy menos del 10% del área sembrada en una provincia que históricamente fue su principal bastión productivo.

El retroceso del algodón responde a una combinación de factores productivos, económicos y tecnológicos. En los últimos años, cultivos como soja, maíz y girasol ganaron terreno por ofrecer menores costos, mayor simplicidad operativa y mejores resultados económicos.
“Los otros cultivos han tenido un mejor comportamiento… no vas a comparar la complejidad de un cultivo de girasol con un cultivo de algodón”, explicó Caram. En ese sentido, remarcó que la competencia por la superficie es directa, ya que todos estos cultivos comparten calendarios similares y disputan las mismas ventanas productivas.
A esto se suma el mayor nivel de exigencia técnica y financiera que requiere el algodón. “El algodón es más complejo como cultivo, necesita más tecnología”, afirmó. Esta situación modificó el perfil del productor, que pasó de pequeños y medianos actores a esquemas más concentrados. “Hoy no es para el pequeño productor”, sostuvo.
El escenario productivo también estuvo condicionado por factores climáticos adversos en las últimas campañas, lo que redujo los rindes y elevó la incertidumbre. “El algodón está un poco golpeado, porque las dos campañas precedentes fueron muy malas en lo climático”, señaló el especialista.
En este contexto, la rentabilidad del cultivo quedó rezagada frente a otras alternativas, lo que aceleró su desplazamiento dentro de las rotaciones agrícolas.

A pesar de la caída en su protagonismo, el algodón conserva atributos que lo mantienen como una opción viable en determinados ambientes. Caram destacó su capacidad de adaptación a condiciones adversas, especialmente frente a sequías o altas temperaturas.
“El algodón salva siempre algo”, afirmó, al explicar que el cultivo puede resistir mejor eventos extremos en comparación con otras especies. Incluso, señaló que posee la capacidad de reflorecer y volver a fructificar tras períodos críticos.
Además, existen zonas con menor calidad de suelo donde el algodón sigue siendo competitivo. “Hay suelos que no tienen la fertilidad como para un buen maíz o soja, entonces se destinan al algodón”, indicó.

En el plano comercial, el algodón argentino se rige por los precios internacionales, con referencia en el mercado de Nueva York. Según Caram, en las últimas semanas se registró una leve recuperación. “Se está viendo una suba… alrededor de los 70 centavos la libra”, detalló.
No obstante, advirtió que esta mejora aún es insuficiente para revertir la crisis del sector. Además, el mercado interno presenta particularidades: la fibra de mayor calidad puede alcanzar precios superiores a los internacionales cuando es demandada por la industria local.
Uno de los principales problemas actuales es la contracción del mercado interno, históricamente clave para la cadena algodonera. “El mercado interno está golpeado… está semi knock out”, describió Caram.
El especialista estimó que la caída del consumo podría rondar el 30%, en un contexto marcado por la menor demanda y el aumento de importaciones textiles. Esta situación modificó el equilibrio histórico entre consumo local y exportaciones.
“El año pasado se dio vuelta la curva: fue un poco más lo exportado que lo consumido”, explicó, y advirtió que la tendencia podría profundizarse en 2026.
La caída del consumo impacta directamente en la industria textil, especialmente en el segmento de hilanderías. Según Caram, la producción de hilados enfrenta serias dificultades de rentabilidad.
“Hoy, la producción de hilados de algodón en la Argentina es, en sí mismo, un negocio a pérdida”, afirmó. Como consecuencia, algunas empresas redujeron su actividad o se enfocaron únicamente en abastecer su propia producción.
El escenario también incluye casos de empresas con problemas financieros. “Hay industrias que hoy están produciendo solamente los hilados que consumen dentro de su propia producción”, señaló.
Frente a este panorama, el futuro del algodón en Argentina dependerá de su capacidad de adaptación a un contexto más exigente. Caram sostuvo que la clave estará en la profesionalización, la escala y la incorporación de tecnología.
“El productor que va a sobrevivir es el productor tecnificado… que tiene asesoramiento y escala”, afirmó. También subrayó la importancia de mejorar la genética, el manejo agronómico y las estrategias comerciales.
A pesar de las dificultades, el especialista destacó que existen empresas que lograron sostener su actividad mediante mejoras en eficiencia y competitividad. “Hay hilanderías que hoy están trabajando con eficiencia… y siguen produciendo”, señaló.

El principal desafío para la cadena algodonera será recuperar competitividad en un contexto de cambios estructurales en la economía y en los mercados. Esto implica no solo mejorar la productividad, sino también fortalecer la articulación entre producción primaria e industria.
La evolución del sector estará condicionada por factores como el comportamiento del mercado interno, la dinámica del comercio internacional y la capacidad de adaptación de los actores de la cadena.
En este escenario, el algodón enfrenta una etapa de redefinición, donde su permanencia como cultivo relevante dependerá de su capacidad para integrarse a un sistema productivo más eficiente y competitivo.