En el departamento General San Martín, en Chaco, el productor Marcos Pastori impulsa desde 2019 un sistema de cría de búfalos que ya alcanza unas 630 cabezas, con comercialización de carne en Corrientes, Resistencia y Formosa, y planes de expansión hacia supermercados de Presidencia Roque Sáenz Peña. La experiencia resulta relevante en un contexto de cambio climático y limitaciones productivas, donde alternativas ganaderas adaptadas a ambientes marginales comienzan a ganar terreno.

Pastori, cuya familia históricamente estuvo vinculada a la ganadería bovina, decidió reconvertir parte de su establecimiento tras enfrentar años de sequía y dificultades para sostener rodeos tradicionales. En diálogo con Agroperfiles, explicó que la decisión surgió tanto por recomendaciones técnicas como por la necesidad de encontrar un sistema productivo más acorde a las características de su campo.
El establecimiento, ubicado en la zona de La Eduvigis, Paraje Loma Florida, presenta una marcada heterogeneidad: mientras una parte cuenta con buenas pasturas, otra está dominada por esteros y pajonales, condiciones poco aptas para la ganadería vacuna convencional.
“No hay vaca que aguante, no hay bovino ni novillo ni vaquilla que aguante”, describió Pastori a Agroperfiles al referirse a los sectores más complejos del campo. Frente a ese escenario, comenzó a evaluar alternativas que permitieran aprovechar esos ambientes.
El punto de inflexión llegó tras recibir consejos de productores y técnicos de la región. “¿Por qué no probás con búfalos?”, recordó que le sugirieron, en un contexto de sequía extrema. Aunque inicialmente dudó, decidió iniciar la experiencia.
El proyecto comenzó como un ensayo, pero con el tiempo se consolidó como el eje central de la explotación. Actualmente, Pastori organiza el manejo del rodeo en 23 potreros, con un sistema de rotación que incluye tanto áreas de pasturas como zonas de esteros.
“A los búfalos los voy rotando, pero la mayoría del tiempo están en el estero y pajonales”, explicó. Este esquema le permitió aprovechar sectores antes improductivos, optimizando el uso del campo.
El productor destacó que el manejo es un factor determinante en el éxito del sistema. “El secreto es el manejo, si lo manejás bien, te va a ir bien”, recordó como uno de los principales aprendizajes que guían su trabajo.
Uno de los principales atributos que encontró en los búfalos es su capacidad de adaptación a condiciones adversas. A diferencia del ganado bovino, estos animales pueden desarrollarse en ambientes húmedos o de baja calidad forrajera, lo que reduce costos y mejora la eficiencia en contextos difíciles.
Pastori señaló que logró sostener la producción incluso durante períodos climáticos extremos. Al mostrar un lote listo para faena, explicó que los animales atravesaron condiciones exigentes sin necesidad de grandes inversiones. “Se pasaron toda la seca, brutal invierno y cero costo”, afirmó a Agroperfiles.
Este desempeño resulta clave en regiones donde la variabilidad climática afecta la estabilidad productiva, y posiciona al búfalo como una alternativa viable para sistemas extensivos.
Además de la cría, el productor avanzó en la integración comercial, con la venta de carne en distintas provincias del nordeste argentino. Actualmente, distribuye cortes en Resistencia, Corrientes y Formosa, y trabaja en el desarrollo de una cadena de valor que incluya el envasado al vacío.
La carne de búfalo presenta características diferenciales, como su alto contenido de hierro, lo que influye en su coloración. “La carne se oxida muy rápido… por eso estamos pensando en una buena inversión para lograr el envasado al vacío”, explicó.
Este aspecto representa uno de los desafíos comerciales, ya que la apariencia puede afectar la percepción del consumidor, pese a sus गुणidades nutricionales y organolépticas. Sin embargo, Pastori destacó la buena recepción del producto cuando se consume fresco. “El que probó la carne fresca queda encantado”, aseguró.

El avance del proyecto también implicó un cambio en la orientación productiva del establecimiento. Aunque mantiene un pequeño rodeo bovino, Pastori afirmó que su enfoque principal está en los búfalos.
“No quiero saber más nada de bovino… yo me meto con el búfalo un 100%”, expresó, al destacar las ventajas del sistema en términos de adaptación y rentabilidad.
Este cambio refleja una tendencia más amplia en algunas regiones del país, donde productores comienzan a explorar alternativas frente a las limitaciones de los modelos tradicionales.
A pesar de los avances, la producción bufalina enfrenta desafíos vinculados a la comercialización, la industrialización y la aceptación del producto. La necesidad de mejorar la conservación y presentación de la carne aparece como un punto clave para ampliar mercados.
En este sentido, la incorporación de tecnologías como el envasado al vacío podría permitir una mayor estabilidad del producto y facilitar su llegada a canales comerciales más exigentes, como supermercados.
Al mismo tiempo, el crecimiento de la actividad dependerá de la capacidad de consolidar cadenas de valor y generar mayor conocimiento entre los consumidores.
La experiencia de Pastori muestra cómo la adaptación productiva puede convertirse en una herramienta para enfrentar condiciones adversas y aprovechar recursos disponibles. En regiones como el norte argentino, donde los desafíos climáticos y ambientales son recurrentes, el búfalo aparece como una opción con potencial de crecimiento.
El desarrollo de este tipo de sistemas no solo permite diversificar la producción, sino también fortalecer economías regionales y generar nuevas oportunidades en la cadena agroalimentaria.
En un escenario de transformación del agro, la apuesta por especies adaptadas y modelos flexibles podría marcar el rumbo de la ganadería en los próximos años.