El productor agropecuario Ricardo Roquette, nacido en Lisboa, lidera en 2026 un proyecto de bonos de carbono en un campo de 35.000 hectáreas en Salta, donde se instaló hace 25 años. La iniciativa busca reforestar con especies nativas y capturar dióxido de carbono, como alternativa productiva frente a sequías y limitaciones agrícolas, según informó Clarín.
A fines de los años 90, Roquette dejó Portugal para instalarse en una zona rural cercana a Las Lajitas, en el norte argentino. El proyecto inicial consistía en desarrollar agricultura bajo riego en un campo mayormente cubierto por monte nativo. Cuando llegó, apenas había 900 hectáreas en producción, en un contexto de aislamiento, infraestructura limitada y desconocimiento del sistema productivo local, según informó Clarín.
Con el paso del tiempo, el establecimiento creció y se consolidó. Actualmente combina producción agrícola y ganadera a gran escala. En el área agrícola se cultivan soja, maíz, chía, sésamo y porotos mung, mientras que la ganadería incluye cría y recría con miles de cabezas. Este desarrollo estuvo atravesado por dificultades iniciales, especialmente durante la crisis argentina de 2001, que obligó a replantear estrategias y adaptarse a un entorno económico inestable, según informó Clarín.
“El principal problema era un tema cultural de entender dónde estábamos”, recordó Roquette. “Estábamos muy aislados y con dificultades para producir”.

La empresa evolucionó hacia un esquema diversificado que integra distintas actividades para sostener la rentabilidad. La combinación de agricultura extensiva, ganadería y manejo del monte permitió adaptarse a condiciones climáticas variables y mejorar la eficiencia del sistema, según informó Clarín.
Además, el arraigo personal fue clave en esa transformación. Roquette formó su familia en Salta y se integró a la comunidad local, lo que marcó un cambio en su enfoque profesional y social. “Salta te cuesta al principio, pero cuando lográs integrarte, es impresionante”, explicó.

En los últimos años, el proyecto sumó un nuevo eje: la producción de bonos de carbono. La iniciativa surgió como respuesta a las sequías y a la baja productividad de algunas tierras, que comenzaron a destinarse a la reforestación, según informó Clarín.
El plan contempla la recuperación de áreas con especies nativas y ya cuenta con cientos de hectáreas reforestadas, con proyección de expansión en los próximos años. El proceso incluye la medición de una línea base de emisiones, la estimación del crecimiento de los bosques y la certificación de la captura de carbono a largo plazo.
“Es un proceso largo y costoso, sobre todo por la burocracia”, señaló Roquette. Para la validación, trabajan con Verra, una de las principales certificadoras internacionales. A partir de auditorías periódicas, se determina cuántas toneladas de dióxido de carbono fueron capturadas, lo que permite emitir bonos que luego pueden comercializarse, según informó Clarín.

Los bonos de carbono se transformaron en una herramienta clave dentro de la economía ambiental. Empresas con altas emisiones los adquieren para compensar su impacto, mientras que proyectos como el de Salta encuentran una nueva fuente de financiamiento, según informó Clarín.
Este tipo de iniciativas gana relevancia en regiones con limitaciones productivas, donde la reforestación aparece como alternativa viable. En ese contexto, el norte argentino ofrece condiciones para el desarrollo de este mercado, aunque con desafíos técnicos y regulatorios.

En paralelo a su actividad productiva, Roquette también se involucró en el ámbito gremial. Actualmente es tesorero de Confederaciones Rurales Argentinas, una de las principales entidades del sector, según informó Clarín.
Su participación comenzó a nivel local en la Sociedad Rural de Salta y luego se proyectó a nivel nacional. “Hay muchos productores preocupados, pero pocos que participan activamente”, afirmó. “Cuando te involucrás, entendés que sirve”.

El caso de Roquette refleja una tendencia creciente en el agro: integrar producción tradicional con estrategias vinculadas a la sostenibilidad. La combinación de agricultura, ganadería y captura de carbono permite diversificar ingresos y reducir riesgos frente a escenarios climáticos adversos.
En un contexto global donde la agenda ambiental gana peso, este tipo de proyectos podría consolidarse como una alternativa relevante para el desarrollo rural en Argentina.
