El empresario agropecuario Daniel Bartolucci construyó desde cero un grupo productivo que hoy maneja 30.000 hectáreas en Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán, combinando agricultura, ganadería y tecnología, con foco en semillas, riego solar y exportación, según informó La Nación en una nota de Carlos Marin Moreno.
La historia de Daniel Bartolucci, titular de Agropecuaria Mistol Ancho, resume un modelo de crecimiento basado en trabajo, escala y diversificación. A los 72 años, lidera una empresa que siembra 20.000 hectáreas y destina otras 10.000 a ganadería, con un esquema integrado que busca maximizar valor y eficiencia.
El punto de partida fue lejos del norte argentino. Tras recibirse en la Universidad de Tucumán, emigró a Canadá, donde comenzó como peón en una granja porcina. Con el tiempo, escaló posiciones hasta convertirse en socio y director de marketing, acumulando capital y experiencia en exportación de genética animal.
Ese aprendizaje fue clave para su regreso al país. Primero adquirió campos en Salta y Santiago del Estero, y en 1989 compró el establecimiento Mistol Ancho, en Catamarca, que hoy es el núcleo de su operación.

Uno de los diferenciales del modelo es la incorporación temprana del riego en una región con lluvias escasas, de alrededor de 500 milímetros anuales. Actualmente, la empresa cuenta con 5.000 hectáreas bajo riego con pivotes, muchos de ellos alimentados por paneles solares, lo que reduce costos energéticos y la huella de carbono.
En el plano agrícola, la compañía produce semillas de soja, maíz y trigo, además de granos comerciales y otros cultivos como sorgo, centeno y forrajeras. En total, trabaja con 17 cultivos diferentes, lo que diversifica riesgos y mejora la rotación.
La producción de semillas es uno de los pilares del negocio. La empresa cuenta con una planta propia de clasificación con tecnología avanzada, que permite garantizar estándares de calidad mediante sistemas de selección por colorimetría. En 2025 comercializó 380.000 bolsas en el mercado interno y mantuvo exportaciones a Bolivia y Uruguay.

El esquema se completa con una fuerte integración ganadera. La firma desarrolla una cabaña Brangus y un sistema que incluye cría, recría y engorde. El eje está puesto en el feedlot, con capacidad para engordar hasta 15.000 cabezas en dos ciclos anuales.
“La cría ocupa poca superficie por su baja rentabilidad y, por lo tanto, el principal eje de la ganadería es el feedlot, que consume la producción de maíz de la empresa”, afirma Bartolucci, según La Nación.
Este enfoque responde a una lógica de economía circular, donde los granos se transforman en productos de mayor valor agregado. “Convertir el poroto de soja en semilla y el maíz en carne de novillo permite optimizar la carga impositiva y mejorar la rentabilidad”, explica el empresario.

El crecimiento también se apoya en tecnología y capital humano. La empresa emplea 160 trabajadores y 18 profesionales, con maquinaria propia y herramientas de agricultura de precisión, como siembra optimizada y aplicaciones selectivas.
En paralelo, avanza en iniciativas ambientales. Implementó un sistema de energía solar para riego y trabaja en la medición de huella de carbono junto a Bayer y la Fundación ProYungas. Además, impulsa la creación de una reserva natural de 2.000 hectáreas en Catamarca, orientada a la conservación de flora y fauna.
El caso de Bartolucci refleja una tendencia creciente en el agro argentino: la combinación de escala, tecnología, sustentabilidad y agregado de valor como estrategia para competir en mercados locales e internacionales.
