Argentina podría dar un salto productivo y laboral significativo mediante la expansión del riego agrícola, una tecnología que permitiría generar miles de empleos, aumentar la producción de granos y fortalecer la resiliencia frente a las sequías. Así lo indica un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), difundido recientemente, que señala que el país tiene capacidad para pasar de 2,1 millones a 7,5 millones de hectáreas bajo riego, en un contexto donde la demanda global de alimentos crece y el clima impone mayores desafíos.
Según el estudio, el desarrollo del riego no solo impacta en la productividad, sino que también actúa como un motor económico con efecto multiplicador en distintas regiones del país. La iniciativa cobra relevancia en un escenario marcado por la variabilidad climática, donde la disponibilidad de agua se vuelve un factor determinante para la estabilidad de la producción agropecuaria.

De acuerdo con los datos relevados, la expansión del riego en provincias clave como Buenos Aires y Córdoba permitiría sumar alrededor de 5 millones de toneladas adicionales de granos, desglosadas en 1,1 millones de toneladas de soja, 3,2 millones de toneladas de maíz y 900.000 toneladas de trigo. Este incremento representa un aporte significativo para la producción nacional y para el ingreso de divisas.
Más producción y mayor eficiencia
El informe destaca que el riego permite mejorar de manera sustancial los rendimientos por hectárea. En el caso de la provincia de Buenos Aires, la incorporación de sistemas como el pivote eléctrico —con un costo estimado de USD 2.000 por hectárea— puede generar aumentos de hasta 62% en soja y 85% en maíz.
Este salto productivo se traduce en un incremento del Valor Bruto de Producción cercano a los USD 1.120 millones, lo que refleja el impacto económico de la tecnología. Según explicó Antonella Semadeni, economista de FADA, el riego no solo mejora los rindes, sino que en muchos casos resulta determinante para garantizar la continuidad de los ciclos productivos.
La especialista señaló que, en determinadas regiones, la disponibilidad de agua puede definir si una campaña se concreta o se pierde, lo que posiciona al riego como una herramienta estratégica frente a la variabilidad climática.
Uno de los aspectos más destacados del informe es su impacto en el empleo. El desarrollo del riego genera aproximadamente 2 puestos de trabajo cada 100 hectáreas, considerando tanto empleos directos como indirectos.
Bajo este esquema, la expansión proyectada podría crear más de 27.000 nuevos puestos de trabajo, vinculados a sectores como servicios, logística, transporte e industria metalmecánica. Este efecto multiplicador contribuye a dinamizar las economías regionales y a fortalecer el entramado productivo.
En este sentido, Nicolle Pisani Claro, economista jefe de FADA, destacó que el riego impulsa la actividad económica al generar mayor demanda de insumos, maquinaria y servicios, lo que repercute en toda la cadena de valor agroindustrial.

Además, el incremento en la producción permitiría aumentar la recaudación tributaria en alrededor de USD 432 millones, mientras que las exportaciones podrían generar ingresos adicionales por USD 985 millones, reforzando el aporte del sector al equilibrio macroeconómico.
El informe también pone el foco en la evolución tecnológica del riego, que ha dejado de ser sinónimo de uso intensivo de agua para convertirse en un sistema basado en la eficiencia. El riego de precisión permite monitorear en tiempo real las necesidades hídricas de los cultivos, aplicando el agua de manera exacta y reduciendo el desperdicio.
Este enfoque no solo optimiza el uso del recurso, sino que también minimiza el impacto ambiental, alineándose con prácticas agrícolas sostenibles. En paralelo, la matriz energética juega un rol clave en la implementación de estos sistemas.
Los equipos eléctricos, por ejemplo, consumen aproximadamente un tercio de la energía que requieren los sistemas a gasoil, lo que reduce costos operativos y emisiones. En zonas donde la conectividad eléctrica es limitada, el uso de energías renovables, como los paneles solares, aparece como una alternativa viable.
Para concretar este potencial, el informe de FADA plantea la necesidad de implementar medidas que incentiven la inversión privada. Entre las propuestas se incluyen la amortización acelerada de equipos, la devolución de saldos técnicos de IVA y la reducción de la alícuota del IVA para la energía eléctrica destinada al riego.
Estas herramientas buscan facilitar una inversión estimada en USD 2.328 millones, que permitiría expandir la superficie irrigada y consolidar al riego como un pilar del desarrollo agropecuario.
El desafío, según el análisis, radica en generar condiciones que permitan escalar la adopción de esta tecnología en todo el país, especialmente en regiones con alto potencial productivo.

La expansión del riego representa una oportunidad para transformar el sistema agroindustrial argentino, no solo en términos de producción, sino también en su capacidad de adaptación al cambio climático.
En un contexto global donde la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ganan protagonismo, la incorporación de tecnología hídrica aparece como una estrategia clave para mejorar la competitividad del país.
El informe de FADA pone en evidencia que el riego no es solo una herramienta técnica, sino un factor de desarrollo económico y social. Su implementación a gran escala podría redefinir el futuro del agro argentino, generando empleo, aumentando la producción y fortaleciendo las economías regionales.