En la Argentina, el crecimiento de la ganadería y la incorporación de nuevas tecnologías están transformando el histórico oficio de los molineros, como muestra el caso de José Bollino en Pehuajó, quien en los últimos años reconvirtió su trabajo hacia soluciones energéticas y sistemas de agua más eficientes, en un contexto donde la demanda en los campos crece y exige innovación.
La expansión del negocio ganadero en distintas regiones del país está generando un cambio profundo en los oficios tradicionales del campo. Uno de los casos más representativos es el de los molineros, históricamente vinculados al mantenimiento de molinos de viento para el bombeo de agua, que hoy atraviesan un proceso de reconversión impulsado por la tecnología y la eficiencia energética.
Según informó Clarín, este fenómeno se explica por el crecimiento de la actividad ganadera y la necesidad de optimizar recursos en los establecimientos rurales. En ese escenario, la historia de José Bollino refleja con claridad cómo evoluciona el sector.

Bollino se formó en tareas rurales en las afueras de Pehuajó y, con el tiempo, se especializó en alambrados y mantenimiento de aguadas. Durante años, su trabajo estuvo enfocado en la reparación de molinos, una tarea clave para garantizar el acceso al agua en los campos. Sin embargo, el avance tecnológico y los cambios en la producción lo llevaron a ampliar su enfoque.
El punto de inflexión llegó durante la pandemia, cuando la caída de algunos servicios tradicionales lo obligó a diversificar su actividad. En ese contexto, comenzó a fabricar bebederos de hormigón, lo que luego derivó en el desarrollo de una unidad productiva propia. Actualmente, junto a su hermano, lidera una empresa que combina fabricación de premoldeados, servicios rurales e instalación de sistemas tecnológicos.
El cambio más significativo está vinculado a la incorporación de energía solar en el campo. Las bombas solares se consolidan como una alternativa eficiente frente a los sistemas tradicionales. Funcionan incluso en condiciones climáticas variables, reducen costos operativos y permiten una gestión más flexible del agua.
En paralelo, también se observa una transformación en la infraestructura. Los tradicionales tanques australianos comienzan a ser reemplazados por tanques verticales de plástico, que ofrecen ventajas en mantenimiento, presión y costos de instalación. Estos cambios responden a un modelo productivo más dinámico, asociado al pastoreo rotativo y a una mayor intensificación de la ganadería.
“La expansión de la actividad, junto con la conversión de campos agrícolas en ganaderos, está impulsando la instalación de sistemas de agua más eficientes”, explicó Bollino. En esa línea, agregó: “Hoy se está pidiendo mucha instalación en los campos”.
A pesar de esta evolución, el oficio original no desaparece. La reparación de molinos sigue siendo parte de la actividad, aunque integrada a una oferta más amplia que incluye perforaciones, instalación de paneles solares y soluciones energéticas tanto rurales como domiciliarias.

El caso de Bollino no es aislado. Representa una tendencia más amplia en el campo argentino, donde los oficios tradicionales se redefinen frente a un contexto productivo en transformación. La combinación de conocimiento práctico, capacitación constante y adopción tecnológica aparece como la clave para sostener la competitividad.
En un escenario marcado por el boom ganadero, la capacidad de adaptación se vuelve central. Los molineros, que históricamente leían el viento para hacer funcionar sus herramientas, hoy también interpretan las señales del mercado y de la tecnología para mantenerse vigentes en una nueva etapa del agro.