En el marco del Summit de Amcham realizado recientemente en la Argentina, los máximos directivos de dos multinacionales clave del sector agroindustrial, Fernando García Cozzi, presidente de Cargill Argentina, y Juan Lariguet, titular de Corteva Agriscience Cono Sur, coincidieron en que el país enfrenta una oportunidad estratégica para consolidar su lugar en el mercado global de alimentos, aunque advirtieron que para lograrlo es necesario profundizar reformas estructurales en materia impositiva, regulatoria y de infraestructura.
Durante el encuentro, que reunió a referentes empresariales bajo el lema “Una Argentina federal en desarrollo”, ambos ejecutivos plantearon que el contexto internacional, marcado por tensiones geopolíticas y cambios en la demanda de alimentos, abre una ventana de oportunidad para la agroindustria local. Sin embargo, subrayaron que el país arrastra limitaciones internas que han impedido capitalizar plenamente esos escenarios favorables en el pasado.
En ese sentido, García Cozzi apuntó directamente a la presión fiscal como uno de los principales obstáculos históricos. “Durante los últimos 25 años se ha cargado a la actividad agropecuaria con una carga impositiva que hace que sea casi un milagro que tengamos la producción que tenemos”, afirmó durante su exposición en el evento organizado por Amcham. Según explicó, esa situación condicionó la capacidad de crecimiento del país frente a otros competidores.

El directivo remarcó que, incluso en contextos internacionales positivos, la Argentina no logró traducir esas oportunidades en crecimiento sostenido. “Nuestra capacidad para aprovechar esas situaciones fue muy limitada porque la carga interna de impuestos hizo que no tengamos esa posibilidad de crecer de la manera que lo hizo Brasil”, señaló.
En ese marco, sostuvo que resulta imprescindible avanzar hacia una reducción de la presión impositiva, aunque vinculó ese proceso con la necesidad de mantener el equilibrio fiscal. “Para levantar la carga impositiva empezamos bajando los gastos, cerrar el déficit fiscal”, explicó. A su vez, enfatizó la importancia de garantizar previsibilidad en las reglas de juego para fomentar la inversión a largo plazo.
“La estabilidad es clave. Necesitamos reglas de juego estables y claras”, subrayó García Cozzi, al recordar experiencias previas en las que se implementaron alivios fiscales que luego fueron revertidos, generando incertidumbre en el sector.
Más allá del frente tributario, el presidente de Cargill Argentina destacó que el desarrollo del agro también depende de resolver déficits estructurales en infraestructura. En particular, mencionó la necesidad de mejorar rutas, caminos rurales y sistemas logísticos estratégicos.
“Necesitamos una mejor infraestructura, los caminos y las rutas también tienen que mejorar”, afirmó. En esa línea, hizo especial hincapié en la relevancia de la hidrovía y el sistema ferroviario para reducir costos logísticos y mejorar la competitividad exportadora.
El ejecutivo advirtió que el escenario internacional actual exige niveles crecientes de eficiencia productiva. “Si uno mira los precios hacia atrás y los corrige por inflación, los precios son bajos; es un negocio que está corriendo detrás de muchas eficiencias”, sostuvo.
Por ese motivo, consideró que el crecimiento futuro del sector no estará impulsado principalmente por la expansión de la superficie cultivada, sino por mejoras en productividad. “El crecimiento no va a venir tanto por un aumento de área; debería ser por eficiencia”, indicó. En ese contexto, también destacó el potencial de los biocombustibles como motor de demanda.

Desde otra perspectiva, Lariguet puso el foco en las fortalezas del capital humano argentino y en la necesidad de impulsar la innovación tecnológica como eje del desarrollo futuro. “La Argentina ya cuenta con productores que están en el tier 1 a nivel mundial”, afirmó, al destacar el nivel técnico y la capacidad de gestión del productor local.
Según el titular de Corteva Agriscience Cono Sur, el país reúne condiciones para expandir tanto los cultivos extensivos como las economías regionales, pero el próximo salto productivo estará vinculado principalmente a la adopción de nuevas tecnologías.
“El siguiente salto productivo no va a ser principalmente anexando más superficie, sino que va a ser desde el punto de vista de mayor adopción de tecnología”, sostuvo. Para que ese proceso se concrete, remarcó la importancia de contar con un entorno normativo actualizado que acompañe los avances del sector.
En ese sentido, Lariguet reconoció avances recientes en materia regulatoria. “En los últimos dos años se han logrado generar tremendos avances en todos los aspectos regulatorios para que la Argentina siga creciendo en la adopción de biotecnología”, señaló.
Asimismo, destacó el posicionamiento del país en tecnologías de vanguardia, especialmente en el campo de la edición génica, donde Argentina ha logrado ubicarse entre los líderes a nivel global.
Sin embargo, advirtió que aún persiste un punto crítico que condiciona la inversión: la protección de la propiedad intelectual. “Respetar la propiedad intelectual es sin duda el mayor combustible para quienes invertimos en innovación”, afirmó.
El ejecutivo vinculó este aspecto con el potencial de atraer mayores inversiones al sector agroindustrial. “Queremos incrementar nuestra inversión en un mercado que puede ofrecer 17 millones de hectáreas de soja”, indicó.
En esa línea, subrayó la necesidad de fortalecer el marco legal vigente. “Robustecerlo con un marco regulatorio adecuado es el paso que nos falta”, sostuvo. Además, mencionó experiencias internacionales que evidencian el impacto positivo de sistemas de protección más sólidos. “Aquellas geografías que están adheridas a ese tipo de convenio tienen un tercio más de lanzamientos de variedades de soja año tras año”, explicó.
Ambos referentes coincidieron en que la Argentina cuenta con ventajas competitivas claras: recursos naturales, conocimiento técnico y una red empresarial consolidada. No obstante, remarcaron que el desafío central radica en transformar ese potencial en crecimiento sostenido, con mayor valor agregado y una inserción internacional más sólida.
En un escenario global cada vez más exigente, donde la competencia por mercados y eficiencia es creciente, las decisiones en materia de política económica, infraestructura y regulación serán determinantes para definir el rumbo del sector.
“El tren está pasando y nos tenemos que subir, claramente”, concluyó Lariguet, en una síntesis del momento que atraviesa la agroindustria argentina.
De acuerdo con lo publicado por La Nación, el consenso entre los principales actores del sector apunta a la necesidad de consolidar un marco de previsibilidad, reducir distorsiones impositivas y avanzar en una modernización normativa que permita potenciar la producción y fortalecer la inserción internacional del país.