La Argentina avanza en el desarrollo de nuevas variedades de arándanos con alto potencial exportador, tras un trabajo conjunto entre la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y la empresa Early Crop, que logró cuatro cultivares —Moya, Naike, Tafí y Slender— con mayor tamaño, mejor sabor, resistencia a enfermedades y producción extra temprana. El anuncio, difundido el 15 de abril de 2026, resulta relevante porque responde a la creciente demanda internacional de alimentos saludables y posiciona al país en un segmento competitivo del mercado global.
Según información difundida por FAUBA, el desarrollo es resultado de un programa de mejoramiento genético iniciado en 2009, en el que se evaluaron más de 30.000 plantas hasta identificar materiales con características diferenciales adaptadas a las exigencias del comercio internacional.

Las nuevas variedades presentan atributos que las vuelven competitivas en los principales destinos de exportación. Entre ellos, se destacan la producción extra temprana, la larga vida postcosecha y la aptitud para sistemas orgánicos, tres factores clave en la comercialización global de arándanos.
“Son materiales extra tempranos, con larga vida postcosecha y adaptados a manejos orgánicos”, explicó Gustavo Schrauf, uno de los referentes del proyecto. Esta precocidad permite que los frutos lleguen al mercado en momentos de menor oferta, lo que mejora los precios y la rentabilidad para los productores.
Además, la capacidad de conservar calidad durante largos períodos es fundamental en un país donde cerca del 90% de la producción se exporta, lo que implica trayectos logísticos prolongados hacia los mercados de destino.

Cada una de las variedades aporta un diferencial específico. Moya se destaca por su tamaño, con frutos que pueden alcanzar los 18 milímetros de diámetro, mientras que Naike fue desarrollada con foco en el sabor y la textura. Por su parte, Tafí y Slender priorizan la resistencia a plagas y enfermedades, lo que facilita su cultivo en sistemas con menor uso de agroquímicos.
Un enfoque alineado con la producción orgánica
El programa también responde a una tendencia creciente: la demanda de alimentos producidos bajo criterios sustentables. En este sentido, gran parte del trabajo se orientó a seleccionar plantas que pudieran desarrollarse con menor dependencia de insumos químicos, un aspecto clave para los sistemas orgánicos.

Este enfoque no es menor si se considera que cerca del 80% de los arándanos de exportación argentinos se producen bajo este tipo de manejo. A nivel global, además, existen pocos programas de mejoramiento genético enfocados específicamente en este segmento, lo que posiciona a la iniciativa local en un nicho estratégico.
El crecimiento del consumo mundial de arándanos, impulsado por su contenido de antioxidantes y vitamina C, genera oportunidades, pero también eleva los estándares de calidad. En ese contexto, la combinación de atributos productivos y comerciales se vuelve determinante para sostener la competitividad.
El desarrollo ya despertó interés en mercados clave del sector. Países como Estados Unidos, China, España e Italia realizaron consultas e incluso iniciaron ensayos para evaluar la adaptación de estas variedades a diferentes condiciones climáticas y productivas.
Sin embargo, los especialistas advierten que el proceso de internacionalización requiere tiempo. Actualmente, las pruebas se concentran principalmente en Tucumán, donde las variedades alcanzan su máximo potencial productivo. Replicar estos resultados en otras regiones implicará ajustes técnicos y nuevas evaluaciones.
La posibilidad de expandir estas genéticas a distintos países dependerá de su comportamiento agronómico fuera de las condiciones locales, así como de factores regulatorios y comerciales.
Detrás del desarrollo se encuentra una articulación entre el ámbito científico y el sector productivo. El programa fue impulsado por Luis Taquini, con la participación de investigadores como Pablo Peralta Roa y el aporte del conocimiento comercial de la empresa Early Crop.
“El diálogo constante fue fundamental para superar las dificultades y avanzar”, sostuvo Schrauf, al destacar la importancia de la cooperación entre actores para lograr resultados concretos.
En paralelo, el equipo ya proyecta nuevas líneas de investigación. Entre ellas, se encuentra un trabajo conjunto con China para aplicar técnicas de edición génica, con el objetivo de seguir mejorando características como el tamaño del fruto, el valor nutricional y la calidad organoléptica.
El desarrollo de estas variedades se inscribe en una estrategia más amplia para fortalecer la competitividad del arándano argentino en el mercado global. La diferenciación por calidad, precocidad y sustentabilidad aparece como un eje central en un contexto de creciente competencia internacional.
Además, la posibilidad de ofrecer productos con mayor valor agregado y adaptados a las demandas del consumidor permite ampliar oportunidades comerciales y consolidar la presencia del país en mercados exigentes.
En un escenario donde la innovación tecnológica resulta clave para el desarrollo agroindustrial, estos nuevos cultivares representan una herramienta concreta para mejorar la productividad y posicionar a la Argentina como un actor relevante en la producción de frutas finas.
Con estos avances, el país apuesta a consolidar un modelo basado en la integración entre ciencia, producción y mercado, en el que la generación de conocimiento se traduce en soluciones aplicables y competitivas a escala global.