La empresa Celleste Bio presentó en 2026 las primeras tabletas de chocolate elaboradas con manteca de cacao cultivada en laboratorio, a partir de una sola semilla, en un avance que busca reducir la deforestación, estabilizar la producción y transformar la industria global del cacao.
El desarrollo marca un cambio estructural en la forma de producir uno de los insumos clave del chocolate. En lugar de depender de plantaciones, clima y largos ciclos agrícolas, la empresa utiliza cultivo celular en bioreactores, replicando las condiciones necesarias para generar manteca de cacao con propiedades similares a las tradicionales.
El proceso se basa en células vegetales extraídas de una semilla, que se cultivan en un entorno controlado con nutrientes, oxígeno y temperatura regulada. Este sistema permite producir de manera continua y predecible, sin depender de factores como lluvias, plagas o calidad del suelo.
Uno de los aspectos más relevantes es que la manteca obtenida mantiene características esenciales como textura, brillo y el clásico “snap” del chocolate. Esto la vuelve viable para la industria alimentaria, que exige estándares muy específicos.
Además, el modelo incorpora herramientas de inteligencia artificial y modelado computacional para ajustar variables del proceso. Esto abre la posibilidad de diseñar productos con propiedades específicas, como diferentes puntos de fusión o perfiles sensoriales.
El avance llega en un contexto complejo para el sector. La producción mundial de cacao enfrenta problemas crecientes vinculados al cambio climático, enfermedades en cultivos y pérdida de biodiversidad. La concentración geográfica en países como Costa de Marfil y Ghana también aumenta la vulnerabilidad del suministro.
En este escenario, la tecnología no apunta a reemplazar completamente al cacao tradicional, sino a funcionar como un complemento que permita estabilizar la oferta global y reducir riesgos.
El impacto ambiental es uno de los principales argumentos a favor. La producción en laboratorio reduce la necesidad de expandir la frontera agrícola, lo que implica menos presión sobre bosques tropicales. También disminuye el uso de agua, suelo y agroquímicos.
Sin embargo, el modelo presenta desafíos. El consumo energético de los bioreactores es un factor clave. Si la energía utilizada no proviene de fuentes renovables, el beneficio ambiental podría reducirse. Por eso, el balance final dependerá de cómo se integre esta tecnología en sistemas energéticos sostenibles.
Desde el punto de vista industrial, el interés de grandes empresas como Mondelēz refleja el potencial del desarrollo. La posibilidad de contar con una materia prima más estable, trazable y adaptable resulta estratégica para el negocio global del chocolate.
El principal reto ahora es el escalado. Pasar de producción piloto a niveles industriales competitivos será determinante para su adopción masiva. La empresa ya proyecta alcanzar volúmenes significativos en los próximos años.
Este avance se inscribe en una tendencia más amplia hacia nuevos sistemas alimentarios, donde tecnologías como la fermentación de precisión o los alimentos cultivados buscan aumentar la resiliencia frente a crisis climáticas y productivas.
El caso del cacao es especialmente relevante por su peso cultural y económico. La transición hacia modelos híbridos, que combinen producción tradicional con biotecnología, podría redefinir la relación entre agricultura, industria y consumo.