Desarrollo Económico & Social / Economías Regionales

Vinos patagónicos: fuerte impulso a variedades adaptadas al frío y consolida el crecimiento en Chubut

La experiencia en Trelew muestra que cepas como Cabernet Franc logran perfiles únicos y proyectan la vitivinicultura regional

Vinos patagónicos: fuerte impulso a  variedades adaptadas al frío y consolida el crecimiento en Chubut
martes 21 de abril de 2026

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) avanza en el desarrollo de la vitivinicultura en el sur argentino a partir de investigaciones iniciadas hace más de dos décadas en su estación experimental de Trelew. Allí, la adaptación de variedades como Cabernet Franc al clima frío del Valle Inferior del Río Chubut permitió consolidar una producción con identidad territorial, aumentar la participación de productores y proyectar un crecimiento sostenido del sector en la región patagónica.

El avance se evidencia en la elaboración de un vino joven y frutado proveniente de las primeras plantas de Cabernet Franc implantadas en 2016 en la experimental del Chubut. Esta variedad, de ciclo intermedio, mostró una adaptación que superó las expectativas iniciales, tanto en rendimiento como en calidad enológica.

Cuando empezamos a implantarla teníamos dudas sobre su expresión en estas latitudes, pero se adaptó muy bien a las condiciones del Valle Inferior del Río Chubut”, explicó Belén Pugh, responsable de la elaboración. Según detalló, los vinos obtenidos presentan perfiles herbales —como pimiento rojo, arveja y menta— junto a notas de frutas negras, diferenciándose de otras variedades asociadas a frutas rojas.

El crecimiento del sector en el VIRCH —sigla con la que se conoce al valle— se refleja en las vendimias recientes, donde se registró un aumento en la cantidad de productores involucrados y en los volúmenes de vino elaborados. Las proyecciones actuales estiman producciones de hasta 15.000 litros por temporada, una cifra significativa para una región emergente en el mapa vitivinícola nacional.

“La producción regional se caracteriza por vinos que expresan las condiciones particulares del territorio patagónico, donde el clima frío y los suelos del valle permiten obtener perfiles aromáticos distintivos y buena acidez natural”, indicó Pugh.

Un modelo basado en innovación y trabajo colectivo

El desarrollo impulsado por el INTA combina investigación científica, transferencia tecnológica y acompañamiento directo a productores. Este enfoque permitió conformar un grupo de vitivinicultores que intercambian experiencias, evalúan sus producciones y comparten conocimientos, fortaleciendo el entramado productivo local.

La articulación entre técnicos y productores se convirtió en uno de los pilares del crecimiento del sector. A través de capacitaciones, ensayos y espacios de vinificación compartidos, se generó un proceso colectivo que elevó los estándares de calidad y consolidó vínculos entre los actores involucrados.

Este reconocimiento confirma el potencial de la vitivinicultura del Valle Inferior del Río Chubut y el rol del INTA como articulador de procesos de innovación productiva, agregado de valor e identidad regional”, agregó Pugh.

Dos décadas de investigación

El camino hacia la consolidación vitivinícola en el valle comenzó a principios de los años 2000. En 2003, el INTA inició los primeros ensayos de adaptación de variedades de vid en la región, con el objetivo de evaluar su comportamiento frente a las condiciones agroclimáticas del sur argentino.

En una primera etapa, las uvas producidas eran enviadas a la sede del INTA en Luján de Cuyo, una de las principales zonas vitivinícolas del país, donde se realizaban los procesos de vinificación y análisis enológico. Esta estrategia permitió estudiar el potencial de los vinos y avanzar en la selección de cepas más adecuadas para el territorio patagónico.

Un punto de inflexión se produjo en 2011 con la puesta en funcionamiento de una sala de elaboración en Trelew. Esta infraestructura permitió comenzar a vinificar en origen, un paso clave para consolidar la identidad local de los vinos y brindar asistencia técnica directa a los productores.

Diversificación de variedades y proyección

Actualmente, en la sala de elaboración del INTA se trabajan distintas variedades, entre ellas Pinot Noir, Malbec, Cabernet Franc, Merlot, Syrah y Cabernet Sauvignon, todas con resultados que reflejan el potencial del valle para la producción de vinos de clima frío.

La diversidad varietal permite explorar diferentes perfiles enológicos y adaptarse a las condiciones particulares de cada temporada, lo que amplía las posibilidades productivas y comerciales del sector.

En paralelo, algunos productores comenzaron a desarrollar proyectos propios, lo que evidencia un proceso de maduración del sistema productivo. Mientras algunos continúan utilizando la infraestructura del INTA, otros avanzan hacia bodegas independientes, consolidando un ecosistema vitivinícola en expansión.

Varios productores elaboran sus vinos en la sala del INTA, mientras otros han logrado avanzar hacia proyectos propios. Este proceso colectivo permitió ampliar el conocimiento productivo y mejorar los índices de calidad”, señaló Pugh.

Identidad territorial y futuro del sector

El desarrollo de la vitivinicultura en el Valle Inferior del Río Chubut no solo responde a una estrategia productiva, sino también a la construcción de una identidad regional basada en las particularidades del territorio.

El clima frío, las amplitudes térmicas y los suelos del valle configuran un escenario único que se traduce en vinos con características diferenciadas dentro del panorama nacional. Esta singularidad representa una oportunidad para posicionar a la región en mercados que valoran la diversidad y el origen.

Además, el crecimiento del sector genera impactos económicos y sociales en la zona, al diversificar la matriz productiva, promover el agregado de valor y fortalecer las economías locales.

Con una base científica sólida, una red de productores en expansión y resultados enológicos alentadores, la vitivinicultura patagónica avanza hacia una nueva etapa de consolidación. El trabajo del INTA en Trelew se posiciona así como un caso testigo de cómo la innovación y el desarrollo territorial pueden transformar una actividad emergente en una oportunidad productiva sostenible.

 



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