Cosecha frutícola en crisis: más de 3000 trabajadores varados y fallas estructurales en el Alto Valle

La última campaña de peras y manzanas expuso desajustes en la planificación laboral y reavivó el debate sobre controles y coordinación

Cosecha frutícola en crisis: más de 3000 trabajadores varados y fallas estructurales en el Alto Valle
jueves 23 de abril de 2026

La cosecha de peras y manzanas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén dejó un saldo crítico en la temporada 2026: miles de trabajadores migrantes llegaron sin empleo asegurado, más de 3000 quedaron varados y el sistema no logró absorber la demanda laboral. El fenómeno, registrado desde enero, puso en evidencia falencias en la planificación, coordinación interprovincial y control de los traslados, aspectos clave para una actividad que depende fuertemente de la mano de obra temporaria.

Según consignó TN, el inicio de la campaña mostró un fuerte desajuste entre la oferta y la demanda de empleo rural, a pesar de las reuniones preparatorias realizadas en diciembre de 2025 entre organismos nacionales, provincias y representantes del sector productivo. En esos encuentros también participó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el objetivo de mejorar las condiciones de contratación, traslado y alojamiento de los trabajadores migrantes.

Sin embargo, los resultados distaron de lo esperado. La llegada masiva de personas sin acuerdos laborales previos desbordó la capacidad del sistema productivo. En distintas localidades del Alto Valle, especialmente en San Patricio del Chañar, se registraron situaciones de precariedad, con trabajadores esperando empleo en terminales, espacios públicos e incluso centros de salud.

El delegado del Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) en Neuquén, Miguel Coliñir, describió el escenario: “Este año fue atípico: llegaron muchos más trabajadores que otros sin acuerdo de empleo, incluso con sus familias, en un contexto donde la actividad no estaba en condiciones de absorber esa demanda”, señaló a TN.

El Alto Valle recibe cada temporada entre 20.000 y 25.000 trabajadores, en su mayoría provenientes del norte argentino. Este flujo migratorio es habitual, pero en 2026 alcanzó una magnitud que expuso las limitaciones del sistema. La falta de registros precisos y mecanismos de control eficientes dificultó anticipar la cantidad de personas que arribarían a la región.

Giuliano Ruffini, delegado del RENATRE en Río Negro, explicó que parte del problema radica en la organización de los traslados: “En algunos casos se organizan viajes en colectivos, lo que requiere una mejor coordinación para ordenar ese flujo”, indicó también a TN.

Cosecha frutícola en crisis: más de 3000 trabajadores varados y fallas estructurales en el Alto Valle

El flujo migratorio hacia la cosecha de peras y manzanas volvió a poner en tensión al sistema, que no logró absorber toda la demanda laboral. (Foto: RENATRE).

Desajustes y consecuencias sociales

El impacto de esta desorganización no solo afectó al sistema productivo, sino también a los propios trabajadores. Muchos llegaron con expectativas de empleo inmediato que no se concretaron, lo que generó situaciones de vulnerabilidad económica y social.

Ante la falta de oportunidades, algunos optaron por trasladarse a otras regiones en busca de trabajo, mientras que otros permanecieron en el Alto Valle a la espera de una posible inserción laboral. Este escenario se dio en un contexto económico complejo, que incrementa la presión sobre las decisiones de migración laboral.

Además, la infraestructura local mostró limitaciones para contener esta situación. La falta de alojamiento adecuado y de dispositivos de asistencia suficientes dejó en evidencia la necesidad de reforzar la capacidad de respuesta ante contingencias de este tipo.

Planificación bajo revisión

El balance de la temporada reactivó el debate sobre la necesidad de mejorar la planificación y los controles en la migración laboral estacional. Desde el sector coinciden en que es imprescindible avanzar hacia un esquema más ordenado y previsible.

Uno de los puntos centrales es la registración previa de los trabajadores y la existencia de acuerdos laborales antes del traslado. “Las personas tienen que venir con una fuente de trabajo definida y algún vínculo previo con las empresas, para evitar situaciones en las que llegan sin destino laboral”, afirmó Coliñir a TN.

También se destacó la importancia de fortalecer los controles tanto en el lugar de origen como durante los traslados. José Voytenco, entonces presidente del RENATRE, había advertido previamente sobre este punto: “Debemos garantizar una adecuada planificación, acceso a la información y condiciones básicas de alojamiento y trabajo desde el origen”, sostuvo en declaraciones citadas por TN.

El dirigente remarcó además la necesidad de “promover que viajen únicamente personas trabajadoras con contratación previa”, y de implementar mecanismos que faciliten el regreso de quienes no logran insertarse laboralmente.

El rol de la OIT y los desafíos pendientes

En paralelo, el trabajo conjunto con la OIT derivó en la elaboración de un documento que analiza las condiciones de los trabajadores migrantes temporarios en la agricultura argentina. El informe busca ofrecer un diagnóstico integral y servir como base para el diseño de políticas públicas más eficaces.

Entre los principales desafíos identificados se encuentran:

  • La falta de sistemas de información que permitan anticipar los flujos migratorios.
  • Las irregularidades en la documentación presentada para los traslados.
  • La necesidad de fortalecer la articulación entre provincias emisoras y receptoras.
  • La mejora en las condiciones de alojamiento y trabajo.

Estos factores, según los especialistas, son determinantes para evitar la repetición de los problemas observados en la última campaña.

Un modelo en tensión

El caso del Alto Valle refleja una problemática estructural de la producción frutícola argentina: su fuerte dependencia de la mano de obra migrante. Este modelo requiere un alto nivel de coordinación entre actores públicos y privados, así como mecanismos de regulación eficientes.

La falta de planificación no solo genera consecuencias sociales, sino que también impacta en la productividad del sector. La imposibilidad de organizar adecuadamente la fuerza laboral puede traducirse en pérdidas económicas y en una menor competitividad.

A su vez, el contexto regional presenta otros desafíos, como la competencia con actividades como el desarrollo hidrocarburífero, que también demanda mano de obra y recursos.

Una señal de alerta para el futuro

El balance de la temporada 2026 deja una advertencia clara: sin cambios estructurales en la organización del trabajo migrante, los desajustes tenderán a repetirse.

El desafío para los próximos años será construir un sistema que combine eficiencia productiva con garantías laborales. Esto implica mejorar la planificación, reforzar los controles y asegurar condiciones dignas para los trabajadores.

En una actividad clave para las economías regionales, ordenar el flujo migratorio no es solo una cuestión operativa, sino un componente esencial para la sostenibilidad del sector.

 

 

 

 

 



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