En el marco de la Expo EFI realizada recientemente en Buenos Aires, cuatro de los economistas más influyentes del mercado —Emmanuel Álvarez Agis, Andrés Borenstein, Marina Dal Poggetto y Pilar Tavella— analizaron el rumbo del plan económico del gobierno de Javier Milei, en un panel moderado por Santiago Bulat. El encuentro puso el foco en los avances en estabilización, los desafíos pendientes en la economía real y las tensiones entre crecimiento, inflación y sostenibilidad financiera, temas centrales para el escenario actual y de cara al ciclo electoral.
La discusión reflejó un punto de coincidencia: la macroeconomía muestra señales de ordenamiento, aunque persisten dudas sobre la dinámica productiva, el crédito y la capacidad de sostener la estabilidad sin afectar la actividad.
Uno de los análisis más detallados fue el de Marina Dal Poggetto, quien planteó que el programa económico logró resultados en el plano macro, pero enfrenta dificultades en la microeconomía. Según explicó, el esquema inicial requería equilibrio entre programa macroeconómico, reformas micro y gobernabilidad, pero el avance ha sido desigual.

La economista destacó que el ordenamiento se apoyó en un “shock controlado”, con mejoras en variables clave como el frente fiscal y monetario. Sin embargo, advirtió que el desafío actual es la productividad sistémica. En ese sentido, alertó que si el ajuste impacta negativamente en los ingresos, puede volverse excesivamente contractivo.
Dal Poggetto también se refirió a la llamada “inflación en dólares”, fenómeno que surge cuando los precios internos crecen por encima del tipo de cambio. Explicó que, tras la devaluación de diciembre de 2023, los precios se reacomodaron, pero con fuertes asimetrías: algunos sectores, como tarifas y transporte, aumentaron muy por encima del promedio.
“Esto encarece el costo de vida y de producción, porque se necesitan más dólares para consumir lo mismo”, sostuvo. Además, señaló que la apertura económica convive con una estructura impositiva y regulatoria que limita la competitividad.

En el plano financiero, destacó el rol del carry trade como herramienta de estabilización, aunque advirtió sobre su fragilidad ante cambios en el tipo de cambio o en las tasas de interés. También remarcó que, si bien el Banco Central compró divisas, gran parte se destinó al pago de deuda, lo que demoró la acumulación de reservas.
Por su parte, Andrés Borenstein centró su exposición en el frente fiscal y la actividad económica. Reconoció que los últimos datos reflejan un escenario complejo, con caída de la actividad y menor confianza, pero se mostró optimista hacia adelante.
“El panorama actual tiene fundamentos negativos, pero las perspectivas son de mejora”, señaló. En esa línea, proyectó una baja gradual de la inflación y una recuperación del crecimiento impulsada por el crédito.
Según sus estimaciones, los préstamos en pesos podrían crecer en términos reales, lo que permitiría dinamizar el consumo. También anticipó una mejora en la construcción, con una expansión de entre el 6% y el 7%, aunque todavía por debajo de los niveles previos.

Uno de los puntos centrales de su análisis fue el ajuste fiscal, que calificó como el eje más sólido del programa. “La única religión seria del Gobierno es que con lo fiscal no se jode”, afirmó. Destacó que el gasto público cayó significativamente como porcentaje del PBI y que el Gobierno mantiene el compromiso de continuar esa reducción.
No obstante, advirtió sobre presiones estructurales, como el peso de las jubilaciones y nuevas leyes que implican mayores erogaciones. Aun así, proyectó un crecimiento económico de entre el 3,5% y el 4% para este año, impulsado por exportaciones e inversión, en particular del sector agropecuario.
El análisis del frente externo estuvo a cargo de Pilar Tavella, quien planteó que este es el área con mayor potencial de mejora. Señaló que el Banco Central ya compró más de US$ 6.500 millones en el primer cuatrimestre, el nivel más alto desde 2003.
Sin embargo, aclaró que comprar dólares no implica necesariamente acumular reservas, ya que parte de esos recursos se destinan a otros compromisos. Aun así, proyectó que este año podría lograrse una acumulación superior a los US$ 10.000 millones.

Tavella destacó un cambio en las prioridades del Gobierno, que pasó de enfocarse en la estabilización en 2024 a priorizar la acumulación de reservas y la reactivación en 2025 y 2026. En ese marco, explicó que el esquema actual permite mayor flexibilidad monetaria, lo que facilita la baja de tasas.
En cuanto al crecimiento, estimó una expansión moderada de entre el 2,5% y el 3%, liderada por exportaciones e inversión, más que por el consumo.
Uno de los factores clave en su análisis es el boom energético, que está transformando el perfil externo del país. Según explicó, la producción de petróleo crecerá significativamente y permitirá aumentar las exportaciones en un 60%.
“Argentina pasará de ser importador neto a exportador neto de energía”, señaló, lo que mejorará el balance comercial. Además, destacó un contexto internacional favorable, con mejores términos de intercambio.
Finalmente, Emmanuel Álvarez Agis ofreció una mirada más crítica y advirtió sobre tensiones en el modelo. Planteó que el Gobierno enfrenta un “trilema” entre inflación, actividad y acumulación de reservas.
Según explicó, la política monetaria se volvió menos contractiva, con bajas de tasas y mayor impulso al crédito. A su vez, consideró que la política fiscal también muestra señales de relajación, con decisiones como el sostenimiento de subsidios energéticos.

“Hay una desvinculación entre lo que la política económica comunica y lo que hace”, afirmó. En su análisis, el Gobierno comenzó a priorizar el crecimiento, aun a costa de una inflación más elevada.
Advirtió que la inflación podría volver a niveles cercanos al 3% mensual y que eso implicaría un riesgo de desanclaje. Si bien reconoció la desaceleración respecto a 2023, sostuvo que el proceso aún no está consolidado.
Álvarez Agis también introdujo el factor político, al señalar que la estabilidad nominal podría no ser suficiente en términos electorales. Destacó que gran parte del electorado se concentra en regiones con bajo dinamismo laboral, lo que condiciona el impacto del programa.
“La gente no solo mira la inflación, también observa el empleo, el consumo y el crecimiento”, concluyó. Según reconstruyó El Economista, el debate dejó en claro que, aunque el programa económico muestra avances en la estabilización, los desafíos estructurales siguen vigentes y el equilibrio entre orden macro y recuperación real será determinante en los próximos años.