La primera jornada de las Jornadas Lecheras Nacionales desarrolladas en TodoLáctea 2026 puso el foco en uno de los cambios más profundos que atraviesa la producción lechera argentina: el crecimiento de los sistemas confinados y la necesidad de adaptar los tambos a nuevas exigencias de eficiencia, tecnología y bienestar animal. En el auditorio “Jorge Chemes”, especialistas de Argentina, Canadá y Brasil coincidieron en que el futuro de la actividad dependerá de mejorar la gestión de datos, optimizar costos y rediseñar las estructuras productivas para sostener la rentabilidad.
Según informó el medio especializado TodoAgro, la jornada reunió a productores, asesores y empresarios vinculados a la cadena láctea, en un contexto donde la estabilidad macroeconómica, la incorporación tecnológica y los cambios en los modelos de producción obligan al sector a replantear estrategias.
Uno de los primeros expositores fue Alejandro Palladino, quien centró su presentación en los desafíos de gestión para los tambos del futuro. Bajo la consigna de repensar el negocio lechero en tiempos de estabilidad económica, el especialista planteó que la eficiencia productiva dependerá cada vez más de la capacidad para interpretar información y reducir riesgos.
Palladino remarcó que el consumo de materia seca continúa siendo el principal indicador asociado a la producción de leche. “El consumo de materia seca explica el 80% de la producción de leche, por eso ustedes como productores deberían obsesionarse con eso”, señaló durante su exposición.

El técnico sostuvo que uno de los principales problemas actuales es la dificultad para integrar los datos que generan los establecimientos. En ese sentido, explicó que el desafío ya no pasa solamente por recolectar información, sino por convertirla en conocimiento útil para tomar decisiones dentro de cada unidad productiva.
La inteligencia artificial aplicada al agro apareció como uno de los ejes centrales de la discusión. Para Palladino, las nuevas herramientas tecnológicas pueden colaborar en la integración de variables productivas, sanitarias y económicas, en un escenario donde la automatización y la robotización avanzan a gran velocidad dentro de la lechería mundial.
“El conocimiento es un commodity”, afirmó el especialista, quien consideró que las habilidades diferenciales del futuro estarán vinculadas con la comunicación, la empatía y la capacidad de adaptación.
Además, destacó que el bienestar animal y la salud del rodeo tienen un impacto directo sobre la eficiencia de los sistemas lecheros actuales. Según explicó, la toma de decisiones en los tambos modernos exige cada vez más precisión y análisis permanente de datos productivos.
Otro de los bloques más convocantes estuvo dedicado a los sistemas de estabulación y confinamiento, una tendencia que gana terreno en distintas regiones productivas del país.

El canadiense Brian Rodenburg, especialista en sistemas free-stall, analizó cómo evolucionaron estos modelos en América del Norte y cuáles son los desafíos que enfrenta Argentina en esta transición.
Desde su mirada, la lechería argentina atraviesa una etapa similar a la que experimentaron Estados Unidos y Canadá varias décadas atrás, cuando los sistemas pastoriles comenzaron a migrar hacia modelos de mayor confinamiento.
Rodenburg explicó que en América del Norte el crecimiento de los sistemas estabulados estuvo asociado tanto al valor de la tierra como a la necesidad de reducir la huella de carbono y mejorar la eficiencia operativa.
Según detalló, los modelos free-stall demandan inversiones iniciales elevadas, pero permiten reducir costos operativos, optimizar el uso de la tierra y mejorar la relación entre productividad y mano de obra.
El especialista indicó que la automatización, la reducción del tiempo dedicado al movimiento de animales y las mejoras en el confort de las vacas son factores que impactan de manera directa sobre los resultados económicos de los tambos.
También remarcó la importancia de planificar las inversiones con visión de largo plazo. En ese sentido, sostuvo que los galpones y estructuras deben diseñarse pensando en futuras ampliaciones y posibles cambios tecnológicos.
“El sistema de camas define gran parte de la infraestructura necesaria”, explicó el consultor, quien además destacó el papel clave de la ventilación dentro de los establecimientos confinados.
Para Rodenburg, alcanzar producciones cercanas a los 40 litros por vaca resulta determinante para sostener económicamente este tipo de sistemas intensivos.
El brasileño Adriano Seddon abordó otro de los sistemas que crecieron con fuerza en Sudamérica: las camas de compost o compost barn.
Durante su exposición, explicó cuáles son los errores más frecuentes en la implementación de estos modelos y qué ajustes resultan necesarios para garantizar el bienestar animal y la eficiencia del sistema.
Seddon recordó que participó en el desarrollo del primer compost barn de Brasil en 2012 y aseguró que el éxito de estos sistemas no depende únicamente de proporcionar sombra y agua, aunque reconoció que ambas variables son fundamentales.
El especialista puso especial énfasis en el diseño de bebederos, la limpieza permanente de las instalaciones y la necesidad de evitar el hacinamiento en las líneas de alimentación para reducir comportamientos agresivos entre animales.
También explicó que las camas de compost requieren mantenimiento permanente y una adecuada ventilación para garantizar la liberación del calor y el correcto funcionamiento biológico del sistema.
“Cuidar la cama es como cuidar a las vacas, porque las camas están vivas”, afirmó el técnico brasileño, quien además destacó la importancia de realizar reposiciones constantes de material seco.
Según indicó, el sistema no resulta adecuado para todos los establecimientos y su eficiencia depende de las condiciones climáticas de cada región productiva.
El cierre de la primera parte de la jornada estuvo dedicado al avance de los sistemas drylot, una modalidad de confinamiento que crece especialmente en regiones semiáridas de Córdoba.
El asesor y docente universitario Juan Monge explicó que estos modelos presentan ventajas económicas por su menor costo inicial y por la flexibilidad para ampliar la escala productiva.
Monge destacó la importancia de diseñar correctamente las pistas de alimentación, las aguadas y las pendientes de los corrales para evitar problemas sanitarios y de acumulación de agua.
El especialista sostuvo que la gestión de efluentes y el mantenimiento de las camas representan aspectos críticos dentro de estos sistemas.
“Nada funciona si no tenemos protocolos de manejo”, advirtió durante la exposición, al remarcar la importancia de establecer rutinas permanentes de limpieza y mantenimiento.
Además, indicó que el uso de arrimadores de comida permite mejorar la disponibilidad de alimento durante todo el día y aumentar la productividad del rodeo.
Según explicó, los sistemas drylot ofrecen ventajas económicas y operativas, aunque requieren disciplina, planificación y seguimiento permanente para evitar pérdidas de eficiencia.
A lo largo de la jornada, los especialistas coincidieron en que la lechería argentina enfrenta una transformación estructural donde la tecnología, la gestión de datos y el bienestar animal serán determinantes para sostener la competitividad.
El debate dejó en evidencia que el futuro del sector no dependerá únicamente del aumento de producción, sino también de la capacidad para adaptar los modelos productivos a un escenario cada vez más exigente en materia de eficiencia, sustentabilidad y rentabilidad.