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Del auge exportador al repliegue local: quiénes dominan hoy el negocio de las manzanas en la Patagonia

Las exportaciones de manzanas cayeron 70% desde 2007 y el mapa empresario quedó en manos de firmas regionales

Del auge exportador al repliegue local: quiénes dominan hoy el negocio de las manzanas en la Patagonia
jueves 14 de mayo de 2026

La fruticultura del Alto Valle de Río Negro y Neuquén atraviesa una transformación profunda tras casi dos décadas de caída sostenida en las exportaciones de manzanas. Mientras los envíos al exterior se redujeron cerca de un 70% desde el récord alcanzado en 2007, el negocio quedó concentrado en empresas de capitales nacionales que lograron sobrevivir al retiro de multinacionales y a un escenario económico marcado por pérdida de competitividad, altos costos y dificultades para exportar, segun informo +P de  LMNeuquen.

Actualmente, las firmas regionales Kleppe y Moño Azul encabezan el ranking exportador de manzanas argentinas, consolidándose como los principales jugadores de una actividad que durante décadas fue símbolo de desarrollo económico y empleo en la Patagonia.

La crisis exportadora modificó por completo la estructura empresaria del sector. Lo que en los años noventa aparecía como un polo de atracción para grandes grupos internacionales terminó derivando en una actividad más pequeña, con menor presencia global y sostenida principalmente por capitales locales.

Las cifras reflejan con claridad ese proceso. En 2025, las exportaciones argentinas de manzanas apenas superaron las 91.000 toneladas, muy lejos de las más de 283.000 toneladas exportadas en 2007, cuando el sector alcanzó su máximo histórico.

Además, las proyecciones para este año anticipan un nuevo retroceso superior al 20%, profundizando una tendencia descendente que comenzó tras la salida de la Convertibilidad y que todavía no logró revertirse.

El Alto Valle, de potencia exportadora a mercado en retracción

Durante gran parte del siglo XX y comienzos de los 2000, las manzanas y peras producidas en Río Negro y Neuquén se consolidaron como uno de los principales productos agroindustriales de exportación del país.

El Alto Valle se convirtió en una referencia internacional por la calidad de su fruta, su capacidad productiva y el desarrollo de infraestructura destinada al comercio exterior.

En ese escenario, empresas exportadoras nacionales e internacionales impulsaron inversiones millonarias en empaques, cámaras frigoríficas, sistemas logísticos y plantaciones orientadas principalmente al mercado europeo.

El auge alcanzó su punto máximo durante los años noventa, cuando la apertura económica y la estabilidad cambiaria derivada de la Convertibilidad incentivaron el desembarco de compañías extranjeras.

Multinacionales como Expofrut, Salentein, Dole y San Miguel apostaron por la Patagonia como plataforma exportadora hacia Europa, aprovechando sus redes comerciales ya instaladas en supermercados y cadenas de distribución internacionales.

La expectativa era posicionar al Valle como uno de los principales polos frutícolas del hemisferio sur. Las empresas compraron miles de hectáreas, ampliaron plantas industriales y desarrollaron tecnología para aumentar producción y exportaciones.

Sin embargo, ese modelo comenzó a deteriorarse tras la crisis económica de 2001 y el final del esquema de Convertibilidad.

El retiro de las multinacionales

Con el cambio de escenario macroeconómico, muchas casas matrices empezaron a reconsiderar su permanencia en Argentina.

La volatilidad cambiaria, el aumento de costos internos, las restricciones comerciales y la pérdida de competitividad deterioraron rápidamente las perspectivas del negocio exportador.

El proceso fue gradual, pero constante. Algunas compañías abandonaron el país pocos años después de la crisis, mientras otras intentaron sostener operaciones hasta finales de la década pasada antes de vender activos o retirarse definitivamente.

El impacto todavía permanece visible en distintas localidades del Alto Valle, donde antiguos empaques y cámaras frigoríficas quedaron semivacíos tras el repliegue de las inversiones extranjeras.

La salida de esos grupos internacionales no implicó el fin de la actividad, aunque sí marcó un cambio profundo en la estructura del negocio.

Hoy, las principales exportadoras frutícolas de Río Negro y Neuquén son empresas de capitales nacionales y regionales.

Del auge exportador al repliegue local: quiénes dominan hoy el negocio de las manzanas en la Patagonia

Kleppe y Moño Azul lideran el nuevo mapa empresario

En la actualidad, Kleppe aparece como la principal exportadora de manzanas argentinas.

La compañía, con más de 80 años de trayectoria y alrededor de 2.300 empleados, consolidó su crecimiento tras adquirir en 2012 una de las principales plantas de empaque y frío que pertenecía a Salentein Fruits, además de unas 450 hectáreas productivas en el Alto Valle.

Ese movimiento permitió a la empresa ampliar capacidad operativa y posicionarse como líder dentro de un mercado exportador cada vez más reducido.

Detrás se ubica Moño Azul, otra histórica marca regional que atravesó un proceso de reconversión empresaria durante los últimos años.

Originalmente vinculada al Grupo Orsi, de origen italiano, la firma quedó bajo control del empresario regional Hugo Sánchez en 2018.

Sánchez también lidera Patagonian Fruits, empresa que absorbió parte de los activos de Expofrut luego de la salida de la multinacional del país.

La consolidación de estas compañías refleja un fenómeno particular dentro de la economía argentina: sectores que durante los años noventa avanzaron hacia una fuerte internacionalización terminaron replegados nuevamente sobre capitales locales tras la salida de los grandes grupos extranjeros.

Una actividad con menor escala y competitividad

El deterioro exportador no responde únicamente al retiro de inversores internacionales.

La fruticultura del Valle enfrenta desde hace años problemas estructurales vinculados a costos internos elevados, presión tributaria, atraso cambiario en distintos períodos, dificultades logísticas y caída de competitividad frente a otros países productores.

A eso se suman problemas relacionados con productividad, financiamiento e incorporación tecnológica.

Dentro del sector existe consenso respecto de que la salida de las multinacionales profundizó parte de esas dificultades. Con ellas también desaparecieron redes comerciales internacionales, acceso directo a mercados europeos y capacidad financiera para sostener grandes volúmenes de exportación.

El resultado es una actividad mucho más pequeña que la existente hace dos décadas.

Actualmente, el mercado interno funciona como una vía de escape para parte de la producción, especialmente para la fruta de mayor calidad que todavía mantiene niveles relativamente sostenidos de consumo.

Sin embargo, distintos referentes del sector consideran que el mercado doméstico no alcanza para impulsar un crecimiento equilibrado de toda la cadena productiva.

El desafío de recuperar mercados

La gran incógnita para la fruticultura patagónica es si todavía existen posibilidades reales de reconstruir competitividad exportadora en el mediano plazo.

El contexto internacional continúa ofreciendo demanda para frutas frescas, aunque competir requiere costos más bajos, mayor eficiencia logística y estabilidad económica.

En paralelo, países competidores como Chile, Sudáfrica o Nueva Zelanda avanzaron en productividad, tecnología y acceso comercial durante los últimos años.

En Argentina, en cambio, persisten problemas estructurales que afectan la rentabilidad exportadora y reducen márgenes de inversión.

La situación deja al sector frente a un escenario dual: algunas empresas logran adaptarse y sostener actividad exportadora, mientras otras sobreviven con dificultades crecientes.

A pesar de ese panorama, las manzanas y peras del Alto Valle siguen representando una de las economías regionales más emblemáticas del país.

La evolución futura del negocio dependerá en gran medida de la capacidad de recuperar competitividad y volver a posicionarse en mercados internacionales que alguna vez fueron el principal motor de crecimiento de la Patagonia frutícola.



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